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…Más que un viaje

Tiempo de lúdica. Tiempo sin tiempo. Tiempo con ganas de ser diferentes. En los días de vacaciones sentimos todo de otras maneras.

Por Jairo Dueñas
24 de junio de 2016
…Más que un viaje

La palabra vacaciones se volvió otra cosa, algo más sencillo que esa montaña de maletas, tiquetes, fotografías y hoteles, desde aquel día, hace 13 años, un lunes cualquiera, cuando hacíamos mercado en familia, en una gran tienda sobre la séptima, a la entrada del barrio Santa Ana, y por puro afán de supervivencia decidí escaparme del plan con mi hijo. Lo miré fijamente y le propuse mi salida: que si quería conocer a un artista, Daniel sin dudarlo aceptó la aventura. Subimos por las calles cercanas hasta aquella apacible construcción blanca, sobre la falda de la montaña, oprimí el pequeño timbre junto a la reja, como quien juega en una de esas maquinitas a la entrada de los casinos, con la falsa ilusión de sacar un río de monedas. Estábamos frente a la casa del maestro Edgar Negret con la osadía de caerle de sorpresa, en una visita ociosa sin otro motivo que mostrarle a Daniel lo que era un artista. A esta altura de los acontecimientos ya no sabía si quería que apareciera, el hecho es que nos recibió como si nos estuviera esperando con cita previa. De la mano del artista, mi hijo conoció todas sus obras metálicas de proporciones inmensas, dispuestas en las distintas salas, y Negret hasta tuvo tiempo y paciencia para oír a un niño de 9 años opinando sobre sus “juguetes antiguos”, eso eran para mi hijo. Después de susurrarle algo a uno de sus ayudantes, fuimos sin ninguna clase de premura a la terraza y mientras balanceaba a mi hijo en una hamaca bordada, alguien llenaba con chocolates una bandeja sobre una larga mesa. Ante tamaña tentación la gula infantil desbordó sus límites, al punto que ya en nuestra casa, mientras mi hijo sufría de retorcijones y devolvía en el baño atenciones, sentenciaba que “lo mejor era no volver donde el maestro Negret”. Al día siguiente, con mejor semblante, olvidado el impase, se acerca y, con cierta complicidad, me dice que ya sabe lo que es un artista: “es alguien que se la pasa en vacaciones”. ¡Y eso son las vacaciones! La cordialidad del maestro Negret en los ojos de un párvulo. La  certeza del artista de ser de dueño y señor de cada uno de sus efímeros segundos. Un ser sin afanes, con su tiempo siempre de domingo, curioso y amable de lo que llegue a su puerta, sin más ambición que la de gozarse cada instante. Y eso es más que un viaje.

  Ilustración: iStock.

 

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