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«Mi vida no tendría sentido sin la fe que vive mi alma» Taliana Vargas

La actriz conjuga en presente los verbos amar, sonreír, orar y compartir. Anticipa un 2015 maravilloso, con boda incluida. Confiesa que reza el Rosario vía Skype con sus hermanos y revela quién FUE LA PERSONA QUE LE ENSEÑÓ A VIVIR SIN TEMOR, CON DECISIÓN Y DISCIPLINA su camino espiritual, EL MISMO QUE RECONOCE COMO INDISPENSABLE EN SU DÍA A DÍA.

Por Redacción Cromos
22 de enero de 2015

Los días de Taliana Vargas empiezan con una oración y con un saludo a «Mis Amores», el grupo de Whatsapp que comparte con su mamá, su padrastro y sus cinco hermanos. Su mamá vive en Uruguay con su esposo y los hijos pequeños. Ana Laura, Sebastián y Julián se mueven entre Nueva York y Bogotá, mientras que Taliana va a donde su trabajo la lleve, ya sea Bogotá, Miami o Cali, la ciudad de su prometido, Alejandro Éder.

Por eso el contacto virtual. Por eso el afecto que se expresa en este grupo, creado por una mamá amorosa y bondadosa, ese ejemplo que Tali pondera en sus conversaciones.

Taliana es la dulzura y la gentileza. Lo sabe su amigo y estilista Víctor Abril, quien le retoca el color rubio que le dejó en la punta del pelo Esperanza, su personaje de Fugitivos. Lo reconocen las vestuaristas, a quienes acaba de conocer en el estudio, mientras acepta con agrado y admiración las prendas elegidas para la sesión fotográfica y lo confirma Juan Arellano, el fotógrafo que por primera vez le hará imágenes.

La ex Señorita Colombia, la actriz de tres personajes recordados con afecto (Niña Cabrales, Clara Cabello y Esperanza Gómez), la presidenta de la fundación Casa en el árbol, está lista para un gran año. Se reserva algunos detalles, pero el diamante en su mano izquierda, el único accesorio que luce, es testimonio de uno de sus proyectos más profundos: la boda con Alejandro Éder, luego de dos años de noviazgo.
Va vestida con un abrigo en print gallineto con aplicaciones de flores rojas en seda, de Juan Pablo Socarrás, pantalón negro, saco de lana, calzado masculino y sombrero de paño de ala corta.

Confiesa que es la primera vez que cuenta de una manera tan abierta sobre las personas que la han acompañado en este camino espiritual, en el que lo más difícil ha sido «reconocerlo no importa qué», asegura. «Durante muchos años lo dudé y después la vida me dio momentos que solo se explicaban por la gracia divina. Aprendí que no debe haber nada más importante que el ratito de oración para entender la misión que uno tiene en la vida. Los planes de Dios son veinte mil veces mejores que los de uno».

Así habla Taliana, de sus pasiones, de su devoción y de la gratitud que abraza su vida.


 
«Yo no pido absolutamente nada, porque la vida me sorprende 20 veces más DE lo que puedo imaginar que es lo mejor para mí» Taliana Vargas

Izq: Vestido: Loft by Ricardo Piñeres

Derecha: Vestido: Dolce & Gabbana

La familia

En Taliana habita un espíritu solidario, de compañía y de deseo de compartir con sus seres queridos. El afecto lo expresa en palabras, en mimos a sus hermanos, en una genuina admiración ante cada uno de sus logros, y, tal vez lo más importante en este momento, el decidido apoyo a sus proyectos. Julián, por ejemplo, acaba de graduarse de Music Business y quiere expandir sus horizontes profesionales en el campo de las relaciones públicas. Sebastián, chef de formación, quiere seguir sus estudios en Europa. Ahí está Taliana dispuesta a orientarlos, como una cómplice amorosa.

«Mi familia significa todo. Es el centro. Mi carrera no tendría sentido si no la pudiera compartir con mis cinco hermanos: Sofía, Teodoro, Julián, Ana Laura y Sebastián. Es el regalo más grande. Veo a tantas mujeres privadas de tener hijos porque están ocupadas en sus cargos importantes y yo miro al cielo y digo: “Guíame, no me quiero privar de una familia por andar al ritmo del mundo”.

Mi mamá es muy valiente y criar seis hijos es de machas. Soy la mayor y eso me hace una pequeña viejecita. Compartir todo con ellos y ver cómo crecen, triunfan, se enternecen ante la vida, abren sus corazones a los demás y van madurando es mi mayor felicidad. Ese es mi regalo. ¡Mi regalo más grande!».
 
La vida espiritual

Joven y vital, Taliana es consciente de que su pasión por la vida espiritual y religiosa no es común entre las chicas de su edad. Reconocerlo, no importa qué. Eso, sostiene, ha sido lo más difícil de este proceso.

«Vivo una madurez espiritual. Tengo una mamá y una abuela muy religiosas, pero yo, por los afanes de la vida, me alejé de lo que me habían inculcado. Creía que protegía mi corazón trabajando, con mis amigas y en las actividades propias de cualquier niña de mi edad. Y así no se cultiva el corazón. Vivía momentos en los que nada tenía sentido.»

La vida me premió muy jovencita y me dio más de lo que me puedo imaginar. Yo  empecé a recibir triunfos, fama y dinero; llegaba a casa y me decía: “Hay algo que me hace falta. Rico mi trabajo, lo hago con amor y dedicación, lo comparto con mis seres queridos, pero en mi corazón no hay paz”. Me sentía sola, sin rumbo… A mis 21 años sentía un peso muy grande, me enfermaba mucho, hasta que no pude más. Comencé a buscar a Dios y le pedí, “Si existes, ayúdame. Sola no puedo más”».

Y empezó a sentir, recuerda, con una evidente emocióm, un apoyo inexplicable, «que comencé a construir a través de la oración. Fue una maduración de espíritu que me tomó varios años, pero que hoy agradezco».
 
 

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Por Redacción Cromos

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