Ocho momentos en la vida de José Pékerman cuando jugaba en el fútbol colombiano

El día de la despedida oficial del argentino, recordamos algunas de sus vivencias en Medellín, ciudad que supo acogerlo sin saber que en el futuro se convertiría en el director técnico más importante de la selección nacional en los últimos veinte años.

Por Redacción Cromos
04 de septiembre de 2018
Ocho momentos en la vida de José Pékerman cuando jugaba en el fútbol colombiano
El argentino defendió los colores de Independiente Medellín, club del que es hincha / Archivo
El argentino defendió los colores de Independiente Medellín, club del que es hincha / Archivo

-En el barrio El Estadio, detrás de lo que hoy es El Obelisco, en un apartamento, se instaló en Medellín con su esposa Matilde. Con veinticinco años, todavía no era padre, pero la pequeña Vanessa estaba por tocar la puerta de su vida. Carlos Gaviria, con el que realizó varias paredes por la punta derecha en el Atanasio Giradot y otras plazas futboleras, era el compañero con el que más tuvo contacto en el vestuario. «En Colombia compartí mucho Carlos Gaviria, con quien tengo bonitos recuerdos. Fue un estupendo futbolista, muy práctico para desplazarse. Le pegaba bien a la pelota y, como lateral, dejó escuela», aseguró Pékerman muchos años después en una entrevista. Nadie más indicado que Gaviria para rememorar los días que vistieron los colores rojo y azul. «Matilde y José eran muy caseros, casi no salían. Él tenía su pintica, las mujeres de los argentinos eran celosas por lo que ellos despertaban con caminar en la calle. José era muy juicioso. Era la estampa de un argentino antiguo, caballero, como sacado de un tango». 

Testimonios de ex compañeros:

-Humberto «Tucho» Ortiz, entrenador del Medellín en 1975:

“El empresario Antonio Patiño trajo a un volante ocho con una lesión en la rodilla. No era un supertalento, pero era útil e inteligente, de perfil bajo. Era simple para jugar en un fútbol donde los jugadores querían mostrar su técnica. Con una madurez única, José era lo opuesto al individualismo. Su saber técnico lo ponía a disposición del equipo. En un amistoso contra Racing de Avellaneda convirtió el único gol del encuentro. Se echó al bolsillo al público. La afición siempre lo respetó por su gallardía”.

-Carlos Gaviria, lateral derecho que compartió cancha con el argentino:

“Jugábamos los dos por derecha. Yo iba mucho al ataque. Nos entendíamos en la cancha. José era de buena pierna y fuerte. Correteaba, tenía ocho pulmones. Era una hormiguita silenciosa en el mediocampo. En los últimos quince minutos de un cotejo que inesperadamente se puso 3 a 2, el jugador de los ocho pulmones hizo la diferencia. Finalizando el segundo tiempo, el árbitro sancionó un tiro libre a favor del Medellín. Pékerman no lo cobró, pero es como si lo hubiera hecho: recogió el balón que se estrelló en la barrera y remató con gran aliento. Gol y paridad tras estar tres metros bajo tierra en el marcador. La única vez que lo vi saltar de felicidad fue en ese empate a tres. Por su textura rubia, le brillaban los ojos azules. Era una persona muy tímida, había que conocerlo en profundidad para ganarse su confianza”.

-Álvaro «Polaco» Escobar defendió los colores del Medellín junto al volante argentino.

“De dieciocho jugadores en un equipo, seis eran extranjeros. En la titular uno podía encontrar cuatro. Hacerse a un puesto era más complicado que ahora porque los entrenadores preferían a los experimentados por encima de los jóvenes. Pékerman era un volante de primera línea. Me precio de haber tenido una muy buena amistad con él. Era agradable y tranquilo. No era de comentarios desobligantes, gozaba con las bromas que hacíamos previo a los entrenamientos. Era muy dedicado, se preparaba al máximo. Aportó dentro de la competencia. Fuera de la cancha parecía pasivo y dentro de ella se le veía con otra actitud”.

-Javier Hernández Bonnet, periodista que lo entrevistó en numerosas oportunidades, habla de la lesión de rodilla que lo sacó para siempre de las canchas.

“A los 28 años se le acabó la vida profesional y entró en depresión. En esos momentos fue su compatriota Osvaldo Zubeldía, el técnico del Atlético Nacional, el que lo animó. Lo invitaba a tomar café, le decía que no se echara a morir porque el fútbol tenía otras oportunidades como la dirección técnica”.

Anécdotas narradas por el propio Pékerman:

– Los hinchas de Medellín a los que supo conquistar con su entrega, lo apoyaron en el proceso de operación y recuperación. «Clasificamos a una Copa Libertadores y toda la gente me preguntaba en la calle: “¿Cuándo va a jugar otra vez?”. Y yo me apuraba con la recuperación, pero la rodilla se me inflamaba. Una mañana le dije a mi esposa que nos íbamos para Argentina, que necesitaba estar en un lugar de confianza, olvidarme de tanto afecto. Estaba a un 50 %, hubiese podido seguir jugando, pero quiero tanto al fútbol que no podía jugar dando ventajas», recordó Pékerman en un canal de televisión argentino. 

-La fiesta mundialista de 1978 agravó su duelo. En la fría Buenos Aires, ver a algunos compañeros defendiendo la camiseta albiceleste estimuló la nostalgia que produce una jubilación tempranera. A la impotencia de no poder correr se le unió la preocupación por el bienestar de su familia. Con una hija a cuestas, a su esposa Matilde le tocó trabajar de docente en una escuela. Con la rodilla lastimada y las manos vacías, un anuncio en el diario mermó su preocupación de desempleado. «La Municipalidad de Buenos Aires anuncia que se abren cupos a autos particulares para prestar servicio de taxi», leyó. Con el Renault 12 que le dio su hermano Tito, algo de pintura y unos formularios, Pékerman se estrenó como taxista en la Copa del Mundo. El alquiler de la casa y la manutención de los suyos no lo iban a vencer. Dentro de él seguía la espinita de la lesión y un mediodía, jugando en un partido de aficionados en Parque Saavedra, encontró el camino que lo devolvería al fútbol. «Jugaba con unos muchachos. Había uno que me invitó a la Pampa a jugar por unos pesitos a las ligas regionales. Con Leonardo Recúpero, un ex volante de Chacarita, fuimos por un periodo. Después, con otro amigo, estuvimos en la liga de saladillo, que era más cerca de Buenos Aires. Con fútbol fui superando el duelo. En Racing de Olavarría estuve un rato antes de inscribirme en un curso con el maestro José Damico para ser director técnico».

Redacción Cromos

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