

Hay algo que une como chaquiras en un mismo hilo a la chef Leonor Espinosa, con la diseñadora Mercedes Salazar, con las Hermanitas Calle, con Pipe Bueno y con Martina la Peligrosa. Es un collar delicado donde también podrían colgar más colombianos, como insignes talismanes, de la talla de Carlos Vives, Ana Mercedes Hoyos, Andrés Jaramillo, Adriana Santacruz, Cholo Valderrama y Yuri Buenaventura. Ese hilo delgado y potente de telaraña que los amarra, realmente, es más una palabra, un santo y seña que no dispersa sino, todo lo contrario, aglutina, aglomera, arremolina en torno al poder de su esencia: el colorido y el encanto del domingo, la calle y la fiesta. Se pronuncia con algarabía. Popular, así se llama.
¡Popular!… busco en el diccionario y aparece el vocablo nítido y anudado a una frase escueta: “Apreciado por muchos”. Decir que lo popular está de moda es volver sobre nuestros pasos para poner atención otra vez, y celebrar y festejar con algo muy nuestro que viene de lejos empujado por muchos. Que lo popular crezca es desbordar la plaza y contagiar con su humo ancestral aquellos salones perfumados, es pintar las cúpulas de fuegos pirotécnicos, es jugar otro juego, menos racional y más afectivo, sobre los pisos cuadriculados en blanco y negro de la fría civilización y del ingrato y trepidante progreso. Que lo popular no se pierda y que vuelva y renazca es recuperar nuestras raíces y disfrutar del pueblo y de sus sensibles bordados.