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¿Por qué el sedentarismo siempre nos gana el duelo?

Luis Fernando Gómez, especialista en salud social y preventiva, pone en duda la autonomía del individuo para tomar decisiones saludables.

Por Alberto Ochoa Mackenzie
28 de abril de 2018
¿Por qué el sedentarismo siempre nos gana el duelo?

El profesor de la Universidad Javeriana reflexiona sobre la dieta en la sociedad colombiana. Para él bajar de peso y mantener hábitos saludables es una tarea que involucra a cada ciudadano, al Estado y a las marcas de alimentos y bebidas, que en su afán por vender ponen en jaque al sistema de salud y la vida de los consumidores.

1. El cirujano plástico Maxwell Maltz observó que a sus pacientes en la década del cincuenta les tomaba 21 días en adaptarse a los cambios físicos.  Basándonos en su experiencia como académico, ¿qué hace falta hoy para desarrollar una idea sin renunciar a ella en el camino? ¿Los hábitos son una cuestión más mecánica que, de tanto practicarlos, hacen mella en el cerebro hasta que los normalizamos?

La adopción de patrones de comportamiento en salud está estrechamente vinculada con factores individuales, inter-individuales, comunitarios, organizacionales y macro-sociales. La importancia de cada uno de ellos se puede entender, a través del caso hipotético de una niña de 11 años que consume diariamente bebidas azucaradas que, como sabemos, incrementan el riesgo de padecer obesidad, caries dentales y otras enfermedades.

La niña consume gaseosas y jugos de caja debido a que estas bebidas generan respuestas emocionales relacionadas con el sabor, la textura y las estrategias de comercialización del producto. Esta situación se relaciona con patrones de consumo de bebidas en sus contextos familiares. El entorno alimentario escolar es igualmente relevante. En muchos colegios, las tiendas escolares solo ofrecen bebidas no saludables y no hay disponibilidad de agua potable. Por último, si la niña está expuesta a la publicidad de productos comestibles no saludables como las gaseosas, la probabilidad de que adquiera este tipo de hábitos que afectan negativamente su salud es muy alta.

En otras palabras, es limitada la autonomía que tiene una persona para adoptar un hábito. Si queremos propiciar hábitos saludables, es perentorio cambiar los contextos que nos rodean y entender que no solo se trata de comportamientos individuales, sino de prácticas sociales que exigen un compromiso muy fuerte del Estado.

2. ¿Por qué fracasan los propósitos como combatir el sedentarismo y el consumo de sustancias adictivas como alimentos azucarados y cigarrillo? 

Porque hemos caído en la trampa de asumir que la salud es un proyecto individual. Es claro que la salud se expresa en cada persona, pero es erróneo creer que el individuo tiene autonomía total para tomar decisiones que le permitan evitar la aparición de enfermedades. Si una persona se propone dejar de fumar, necesita lograr acuerdos con los miembros de su familia y amigos para lograr un adecuado soporte social, que incrementen la probabilidad de mantener la cesación del consumo. Adicionalmente, requerirá abogar con otros compañeros de trabajo, para que se cumplan las reglamentaciones de espacios libres de humo de tabaco. Habría además la posibilidad, de que esta persona tuviera una visión que fuera más allá de sus beneficios propios y que lo vinculará con iniciativas ciudadanas dirigidas a mejorar la legislación anti-tabaco en Colombia.   

3. ¿Se puede derrotar un mal hábito de la noche a la mañana?  Es decir, ¿es posible que un consumidor de comida chatarra la abandone sin recurrir a la terapia o a la alarma médica (exámenes poco alentadores)? ¿De qué depende que una persona lo haga?

No en la mayoría de los casos. Como ya lo he mencionado, los cambios comportamentales en salud están determinados por los contextos y condiciones de vida en las que viven las personas. Un residente del distrito de Agua Blanca en Cali, tendrá muy pocas posibilidades de realizar actividad física en tiempo libre, si en su barrio no existen áreas recreativas públicas o estas son inseguras. Es un asunto que le atañe a toda la sociedad.

4.  ¿Las ciudades caóticas como Bogotá, con su trajín diario, inducen a los malos hábitos?  ¿Vivir en ciudades intermedias o en campo puede ser más favorable para desarrollar hábitos saludables?

Es un tema interesante y complejo, porque depende del tópico de salud que se aborde. Se asume frecuentemente que las grandes ciudades propician contextos que no favorecen prácticas saludables en salud. La información que tenemos hasta ahora no soporta esta hipótesis. Por ejemplo, las islas de San Andrés y Providencia tienen el porcentaje más elevado de obesidad en Colombia, lo cual está relacionado, a su vez, con patrones de alimentación no saludables e inactividad física. Así mismo, no existe en Colombia y en otros países de la región, una correlación positiva entre nivel de urbanización y porcentajes de consumo de tabaco. Muchas ciudades de mediano tamaño en América Latina tienen contextos urbanos muy agresivos, que limitan la práctica de la actividad física. Bogotá tiene muchos problemas, pero cuenta con una vibrante sociedad civil que ha presionado a los alcaldes a emprender acciones para mejorar la infraestructura física de los peatones y ciclistas.   

6. ¿Qué consejo le daría a la persona que esté interesada en intentar cambios en su vida, para que no se rinda en el camino?

Le diría que incluso el personaje de Robinson Crusoe conoció a su compañero indígena Viernes. Que juntos lograron sobrevivir en una isla lejana.

 

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