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…¡Todos somos Falcao!

Un rostro que es un país. Un gesto que es la suma de las emociones que millones de personas comparten gracias al fútbol. Deporte masivo, que saca de nosotros un sentimiento genuino: el trabajo colectivo. Ese deseo de obtener un logro entre todos, y que el resultado sea celebrado y compartido de igual manera, podría traducirse en la vida cotidiana. ¿Qué tal trabajar más unidos en casa o en la oficina por un objetivo? Y celebrarlo en grupo, para que el bien común, como lo hace nuestra Selección, esté por encima del individual.

Por Jairo Dueñas
12 de junio de 2015
…¡Todos somos Falcao!

Después de un silencioso encierro de trabajo y sacrificio, de pronto a un hombre se le prenden todos sus superpoderes y alcanza la fama. Todo lo que hace a partir de ese momento son actos sublimes que el gran público celebra y aclama. Su júbilo vive por completo fuera de su casa. Y lo llaman astro. Todo es reconocimiento y gloria hasta que un buen día los vientos de la fortuna dejan de soplar y las luces del éxito bajan su intensidad. Viene el infortunio y su talento queda maltrecho. Lentamente, el circo se apaga en torno suyo ante la ausencia del tigre en el círculo central. Ya no es tan visible para un público que olvida muy pronto a sus héroes con su malabar. Y mientras afuera el mundo se deslumbra con otros soles, él se encierra de nuevo y persiste en la sombra para volver a brillar. De vez en cuando intenta salir, pero las puertas que aparecen son falsas. Hasta que se abre un gran momento, tan tentador como una copa para el sorbo de un volver a empezar. Entonces, florece de nuevo en su existencia, mucho más prevenido de lo banal, y desata su furia en la competencia. Porque somos devotos de las segundas oportunidades y porque todavía creemos que al final siempre ganan los buenos, en la Copa América ¡Todos somos Falcao!

 

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