
Sin lugar a dudas, este ha sido el año que más he viajado. Claro, han sido meses atípicos. Cubrí tres grandes eventos: la Copa América, los Juegos Olímpicos y el Mundial de Futsal (que tuvimos la alegría de vivir en Colombia, pero lejos de Bogotá). A esto se le suma lo de siempre: la eliminatoria del fútbol nacional, que cuenta con cuatro o cinco fechas anuales.
Cuando terminaba 2015, una numeróloga estuvo en nuestro programa deportivo en Blu Radio. Le preguntamos qué decían sus números acerca del futuro de la Selección Colombia y de los atletas de los Olímpicos. Al terminar, todos fuimos a hacerle consultas privadas y a mí me dijo de inmediato: “Marina, compra una maleta. Viajarás mucho este año”. Tenía toda la razón.
Me monté en el primer avión en junio y para el primero de agosto solo había pasado diez días en casa. Por eso mis maletas se convirtieron en mis mejores amigas. Han sido meses fabulosos para mí, porque he aprendido de todo. Cada viaje es una aventura. Cada lugar te enseña algo. Y en cada destino conoces nuevos colegas y nuevos métodos de trabajo.
También ha sido maravilloso que, en la distancia, me he encariñado más con mi casa, con mi ciudad. La rutina hace que lo nuestro pierda su encanto. Nos aburrimos con lo de siempre. Así que decidimos salir en busca de lo del vecino. Pero ahora, luego de pasar tantos meses como nómada, he sido consciente de la felicidad que me da lo mío. Hasta las pequeñas cosas influyen, como saber cuál es el número del canal que más me gusta. Nunca había valorado conocer un dato tan insignificante. Solo te das cuenta de la importancia de los detalles en situaciones como la mía, después de canalear durante cinco minutos para descubrir, finalmente, que el hotel donde te hospedas ni siquiera tiene tu canal favorito. Y si eso me pone contenta, ¡imagínense lo que siento cuando vuelvo a ver a mi marido!
Tengo que decir que me declaro afortunada. Estoy en una situación de gana-gana. Gano cuando estoy lejos, porque veo y aprendo cosas asombrosas. Y gano, también, cuando llego y me doy cuenta de lo que he logrado. Solo tengo gratitud con el 2016. Si alguien me hubiera avisado que sería el sueño que ha sido, nunca le hubiera creído. Ahora que soy experta en empacar, ganar millas y comprar maletas, solo me queda una pregunta: ¿a nadie se la ha ocurrido hacer una maleta retráctil? Qué me permita guardar todo lo quiero y después, al presionar un botón, se vuelva diminuta.
Ilustración: @lauraennube