

Paola Córdoba llamó desesperada a la línea de emergencia de José C. Paz, una ciudad a 40 kilómetros de Buenos Aires. El sábado 9 de marzo sus palabras sonaban a denuncia. Es imposible saber con exactitud lo que le dijo a las autoridades. Sin embargo, el periódico Clarín entrevistó a su hermana María. «Vení porque mamá mató a papá», le escribió ese día su sobrina Milagros, por Whatsapp .
El mensaje fue el comienzo de una historia que está por contarse. La sorpresa de María no solo fue el asesinato cometido por su hermana Paola. La policía también capturó a Milagros, la misma que la puso en alerta porque supuestamente también participó en el homicidio de su papá Alberto Nariaretti. Como evidencia, se llevaron dos cuchillos y el cuerpo sin vida que madre e hijas cubrieron con una manta.
«Mi hermana lo tapó porque pensaba que él se iba a levantar y las iba a matar a las dos», dijo Gloria, otra hermana de la involucrada, a Clarín. “Si no era él, era ella”.
Mucho se especula en este caso que está lejos de tener una versión definitiva de los hechos. Una de las hipótesis más fuertes apuntan a que Alberto iba a violar a su propia hija y la madre intervino. Clarín consultó a varios vecinos de la familia Nariaretti Córdoba y la mayoría coincide en que la víctima era maltratador y pendenciero, que violentaba a su esposa y a sus cuatro hijos.
«La mujer parecía una planta, no saludaba, se la veía angustiada. Agachaba la cabeza, no se hablaba con nadie. Nunca vi a ningún familiar. Una vez la vi con el ojo todo hinchado», comentó un vecino.
¿Qué pasará si finalmente se confirma el maltrato sistemático? ¿Nariaretti indujo a su esposa a cometer el asesinato? ¿Ambas actuaron en defensa propia? Son muchas las preguntas que quedan en el aire y todas trascienden las 185 puñaladas que según la autopsia tenía el cuerpo.