
Por: Juan Gossaín
Desde 1971 y durante cuatro años, fue reportero de la revista. Entrevistó a quienes empezaban a convertirse en los ídolos de su tiempo, como Gabo y Pambelé.
¿Cómo fue su llegada a Cromos?
Mi ingreso a Cromos fue un poco insólito: el diario El Heraldo de Barranquilla me mandó a Cromos en préstamo por dos años, como hacen los equipos de fútbol. Me quedé cuatro años y allí pasé una temporada vibrante, emocionante y casi delirante. Teníamos una redacción llena de muchachos soñadores dispuestos a descubrir el mundo. Y conquistarlo. Vivíamos a mil kilómetros por hora.
¿Cómo recuerda esos años?
Para hacer periodismo íbamos por todo el país. Montes y valles, llanuras y costas, durmiendo a la intemperie, buscando temas. Un día Henry Holguín se metía en las selvas del sur y descubría la machaca, ese insecto que pica y tienes que hacer el amor en seguida, porque, si no, te mueres. Y al día siguiente Castillo Monterrosa se perdía en el desierto de La Guajira mientras Gloria Valencia de Castaño cubría el reinado de Cartagena.
¿Por qué se diferenciaba Cromos?
Lo que tenía Cromos era entusiasmo. La vida vibraba en aquella redacción. Los temas volaban de un lado a otro. No había tiempo para descansar ni para aburrirse. Estábamos descubriendo el mundo y, de paso, se lo descubríamos a los lectores.
¿Cuál fue el cubrimiento que más lo impactó durante su paso por Cromos?
No es posible escoger uno solo porque cada uno era más estremecedor y emocionante que el anterior: el festival vallenato, los pueblos del Tolima, los ríos de la selva, el pez transparente que encontraron en el Caquetá, al que uno le veía pasar la comida por el estómago.
¿Qué recuerda del reportaje que hizo sobre Gabo?
Había conocido a García Márquez varios años antes, cuando yo estaba estudiando bachillerato en Cartagena. Lo que pasa es que en el momento que usted menciona, Cien años de soledad estremecía al mundo y, entonces, yo resolví contar la historia de aquel hombre. Lo que nadie sabía aún: quién era, de dónde venía, su hambre en Francia, sus penurias en México, su lucha disciplinada y heroica por sobrevivir escribiendo. Y sus primeros textos. En Cromos descubrimos que, además de todo, era un excelente dibujante y publicamos algunos trazos suyos.
Una anécdota inolvidable.
Sugerí viajar a Panamá para cubrir el combate de un boxeador colombiano radicado en Venezuela, conocido como Kid Pambelé, que iba a pelear por el campeonato mundial. Se burlaron de mí. Vicente Stamato, nuestro inolvidable hermano y editor, me regañó: «Tú lo que quieres es viajar a Panamá por cuenta de Cromos, ¿verdad?». Me dio tanta rabia que les dije: «Hagamos una cosa. Yo compro los pasajes con mi plata. Si Pambelé gana, me la devuelven al regreso. Y, si pierde, yo pierdo esa plata». Así lo hicimos. Volví, con una sonrisa y la mano extendida.
¿Cómo recuerda ese viaje?
Yo cubrí para Cromos todas las peleas de Pambelé en aquella época: Panamá, Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos. Fue una incomparable experiencia profesional. Pambelé es uno de los seres humanos más inteligentes que he conocido. Y más desordenados. No era fácil trabajar a su lado por su carácter reservado y silencioso. Pero nos hicimos amigos y pude escribir algunas de las crónicas que recuerdo con más cariño.
¿Recuerda algo con nostalgia?
Muchas cosas. Pero no solo con nostalgia, sino también con cariño, con gratitud y con una sonrisa. No solo trabajábamos juntos: éramos compañeros de vida, camaradas, compadres. Parrandeábamos los fines de semana, almorzábamos en los potreros del norte. No éramos una redacción: éramos una familia. Mejor dicho, una pandilla.
¿Qué tanto lo transformaron esos días de oficio apasionado?
En aquellos años juveniles de Cromos, años de formación, aprendí algunas de las lecciones periodísticas más importantes de mi vida: que la cosa es trabajando, que la cosa consiste en contar el cuento bien contado, que la cosa es con disciplina porque, sin disciplina, el talento, si es que lo tienes, no es más que un desperdicio. Y aprendí que en el periodismo nada es más valioso que la verdad.
¿Por qué cree que ha sido una revista tan longeva?
Por su persistencia. Por su tenacidad. Por la lucha de quienes la siguen haciendo. Y porque sus lectores la aman, ya que, sin eso, no tendría sentido que siguiera existiendo.
¿Cómo ve ahora a Cromos, desde la distancia?
Más moderna, más dedicada a la vida de la gente, un poco más risueña que en mi época.