
Después del homenaje que recibió en la reciente entrega de los Premios Lo Nuestro, en Miami, El artista samario no para de celebrar y trabajar.
¿Qué tiene en la mesa de noche?
Fotos de mis hijos, mi biblía, muchos libros, cuentos para niños, juguetes, mi radio, mis goticas del alma, mi juego de destornilladores, baterías, vick vaporub, mi medallita, alguna carta…
¿Qué le duele de Colombia?
Ver el fruto de ser una sociedad excluyente.
Lo bacano de ser Carlos Vives.
El cariño de la gente.
Y lo menos bacano.
Yo, a veces.
¿La paz para qué?
Para crecer.
¿Para qué la guerra?
Para nunca más volver a repetir.
Lo que más le gusta del actual Papa.
Su humildad, su honestidad, su carisma, su sentido de justicia.
Lo mejor de ser homenajeado.
No pensar nunca que te puede pasar.
¿Cuál fue su momento estrella en este homenaje?
Todo era irreal, tus compañeros, esos que la gente llama “la competencia”, Juanes, Fonseca, pero también El Pibe, Yepes, Mondragón, Juan Pablo Ángel, ídolos nuestros, todos juntos, como diciendo “aquí está Colombia”.
¿Qué significa ser el Patrón?
Ese apodo es la gratitud de mis compañeros de trabajo.
Un santo para hablarle.
El espíritu santo es poderosísimo.
Un consejo que le daría a Juan Manuel Santos.
Que le apueste a ese santo.
Un instante en que se haya sentido en peligro.
Cuando más, fue en el mar.
La última noticia que leyó y que lo puso a sudar frío.
Las historias del pueblo wayúu, la doble cedulación, los niños y los puestos de salud.
¿Cuál es el miedo del artista?
Mi escenario vacío.
¿A qué le teme?
A la soledad.
Su libro de cabecera.
El libro de Dios, escrito e ilustrado por Elena Vives Vásquez.
¿Qué le falta hacer?
¡Uff!
Una virtud de Carlos Vives lejos de las cámaras, con amigos.
Ya no sé si la generosidad es una virtud.
¿Qué siente cuando se ve en televisión, mientras se toma un café?
Que todavía ando por ahí.
El secreto para escribir canciones.
El amor.
¿Para qué el reconocimiento?
¿Pa’qué, verdad?
Lo mejor de ser papá.
Verlos felices.
Un regalo inolvidable.
Mis hijos.
La primera canción que se aprendió.
Sin ti, de Nafer Durán.
Su momento favorito del año.
Cada madrugada.
La última vez que lloró.
Con las palabras y el abrazo de Juanes hace unos días en los Premios Lo Nuestro.
¿Cómo lo llama Claudia, su esposa, cuando está enojada?
¡No me llama!
Lo más samario que tiene.
No sé si el apellido, o las ganas de jugar fútbol.
¿Qué es imprescindible en su maleta de viaje?
El cepillo de dientes.
¿Qué tiraría bien lejos en un río para no tenerlo nunca más?
¡No volvería a tirar nada a los ríos!
¿Qué momento de su vida reviviría mañana en la mañana?
Acompañar a mi papá a visitar a sus pacientes en el San Juan de Dios con mi guitarra.
¿Qué hace cuando no puede dormir?
Ho’oponopono.
¿Qué lo pone colorado de la timidez?
El halago, es complicado.
Un triunfo que haya celebrado con euforia.
Creo que fue el 5 a 0, y no lo volvería a hacer.
Una pesadilla recurrente.
Que no comienzan las obras del Teatro Santa Marta y el estadio nuevo Eduardo Santos.
La muerte ideal.
Lo ideal es que no nos muramos.
¿Cómo se sueña a Santa Marta en 30 años?
Sostenible.
¿A qué concierto asistiría antes de morir?
Al de mi bisnieto.
¿Qué no le gusta que le pregunten?
Bobadas.
¿Con quién sueña compartir escenario?
Con todo aquel que crea que la música es una sola.
¿Por qué ir Tras la perla de la América?
Es un deber del samario.
¿De qué se cuida?
De no hacer pendejadas.
Fotos: Hernán Puentes.