
1. 24 señales para descubrir a un alien, de Juliana Muñoz Toro.
Tragaluz editores.
“Dentro de papá vive un alien pequeñito que lo controla. Por eso hace cosas que no me gustan. Por eso le grita a mamá y a mí casi no me habla”, escribe la autora en su novela ilustrada. Difícil no verse reflejado en Benjamín, un niño con una voz contundente al momento de confrontar a su papá violento.
2. Los ahogados, de María Teresa Andruetto.
Babel Libros.
La vida de una pareja y su hijo como metáfora de los desaparecidos de la dictadura argentina. Una casa costera, la intimidad de lo que viven sus personajes y un bulto que se aparece en el mar y termina siendo un cadáver. Lenta trascurre la existencia, escondida en ese lugar donde los militares lanzaban los muertos desde aviones.
3. Joaquina Centeno, de Marbel Sandoval Ordóñez.
Sílaba.
Una madre que vive con un hijo desaparecido tiene un camino: el de la justicia. En ese recorrido se encuentra la sed de venganza, la esperanza del reencuentro y el muro de la resignación. Podría ser una obra más sobre la violencia pero, una vez la empiece a leer, intuirá que vale la pena ser testigo de la tragedia.
4. El guerrillero invisible, de Walter J. Broderick.
Icono Editorial.
Manuel Pérez podría llamarse cualquiera. Como el que protagoniza estas páginas, un cura guerrillero que se fue a la selva a pelear del lado del ELN, siguiendo los pasos de Camilo Torres. Sus huellas están descritas con precisión y con el oxígeno de la literatura que envuelve, por más de que se trate de una biografía. Es una reedición revisada y actualizada por su autor, útil en tiempos de procesos de paz, porque analiza con rigurosidad la historia de ese grupo armado.
5. Malva, de Hagar Peeters.
Rey Naranjo.
El poeta Pablo Neruda era padre de Malva Marina Trinidad del Carmen, una niña con hidrocefalia que murió a los 8 años en 1943. Rechazada por su progenitor y olvidada por la historia, la escritora holandesa reconstruye su existencia en el mundo en el que se encuentra, junto a otros niños despreciados. Su relato es una reflexión sobre las deudas familiares pendientes, con el propio padre, el mismísimo premio Nobel de literatura en 1971.