
Se trata de decirle algo a la gente, de transmitirle un mensaje. Y más hoy, en el que estrenar ropa nueva es más cotidiano que ir a la tienda por una libra de arroz. El mensaje que nuestra entrevistada procura transmitir tiene que ver con consumo. Consumo responsable, de ropa. Fashion Revolution es un movimiento que traspasa fronteras. Angélica Salazar lo coordina en Colombia. En la tierra donde es usual pasar los fines de semana en un centro comercial, su mensaje se escucha duro, como si lo gritara. “La idea del movimiento no es demonizar a las marcas; la idea es llamar la atención sobre el impacto negativo de la producción en serie en las personas y en el medioambiente”, explica la diseñadora industrial, nacida en Barrancabermeja. “Fashion Revolution busca concientizar sobre los retos que está enfrentando la industria de la moda para ser ética y sostenible”.
Angélica Salazar coordina Fashion Revolution Colombia.
El 24 de abril de 2013, un edificio se desplomó en Bangladesh. Bajo las paredes y los escombros, había más de un millar de trabajadores de una fábrica de confección de prendas. El peor desastre industrial de los últimos años, en el que murieron 1,134 obreros, se convirtió en un símbolo triste, pero necesario. Es muy posible que la camisa que cualquiera de nosotros porte en este instante haya sido hecha, sin ninguna veeduría, en China, India, Pakistán, Brasil. O en Blangladesh. ¿Quién la hizo y bajo qué garantías laborales? Esta pregunta sencilla se convirtió en uno de los eslóganes de Fashion Revolution. A través de sus redes sociales, más comprimida, figura así ¿Quién hizo mi ropa? La iniciativa consiste en que cualquiera la formule y etiquete a la marca que reza la etiqueta de su prenda. Productos de Levis, Malcom Star, Aeropostale, Pull and Bear han sido consultados en Twitter.
En Twitter, Rachel Morgan preguntó a Cotton: On ¿quién fabricó su camisa. No sabemos si la compañía le respondió.
“Somos consumidores y tenemos la opción de escoger lo que compramos. Nuestra mejor alternativa es empoderarnos individualmente de formar criterios de elección y no actuar como consumidores pasivos moldeados por una cultura de consumo acelerado”, enfatiza Salazar. “Podemos ser los protagonistas de una cultura de consumo consciente y alternativo”.
¿Cómo podemos replantear nuestros hábitos de compra? ¿En dónde comprar teniendo en cuenta que, de acuerdo a un estudio de Ayuda Bautista Mundial, el 61% de las marcas desconoce las fábricas en las que confeccionan sus productos? Primera respuesta: “El acto de comprar es un proceso complejo e individual. Deberíamos preguntarnos si realmente necesitamos la prenda, por qué es tan barata y quién es la persona que la fabricó”. La segunda respuesta, que cualquiera puede aplicar: “me encanta descubrir diseñadores independientes, responsables en la elaboración de su ropa. Sus propuestas son más auténticas y sus productos de pueden ajustar al bolsillo del consumidor”.
Epifania Hernández (derecha) es una modista mexicana, que fabrica delantales desde que tiene 14 años. No se ha graduado de bachillerato.
En tiempos en donde la reputación de las compañías textiles se deteriora por la ausencia de garantías laborales en Asia y América, Fashion Revolution seguirá transmitiendo su mensaje. Angélica lo replica sin sonar pretenciosa: “hasta que las empresas no se rediseñen, todos vamos a tener que ser más curiosos en el momento de adquirir. Con nuestros actos, le damos forma al mundo en el que vivimos”.
El 24 de abril se celebrará el Fashion Revolution Day, para recordar a los trabajadores que son víctimas de explotación laboral en la industria textil y para estimular el consumo responsable de ropa.
Para más información del movimiento, consulta en fashionrevolution.org/country/colombia/ y en Ethicalandsustainablecolombia.blogspot.co.uk
Fotos: iStock – cortesía Fashion Revolution.