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El rol de las mujeres en la vida de los hombres con poder

La vicepresidenta de estrategia de Women´s Worldwide escribió sobre aquellas que tienen por pareja hombres con poder.

Por Mónica Roa
14 de mayo de 2015
El rol de las mujeres en la vida de los hombres con poder

Me pidieron que escribiera sobre el rol que deberían jugar las esposas de los hombres con poder, pero me tomo la libertad de responder una pregunta más amplia que se refiere no sólo a las esposas, sino a las hijas, a las hermanas, a las compañeras de los hombres con poder. Y la primera respuesta es que creo que deben tener conciencia del lugar privilegiado que ocupan. Bien sea que hayan elegido ejercer una vida profesional independiente a la de su marido, padre o hermano; dedicarse oficial y públicamente a apoyar el trabajo de ese hombre con poder o destinar su trabajo a las labores de cuidado de la familia; todas tienen en común la capacidad de hablarle con el corazón a quienes toman decisiones que afectan la vida de un gran número de personas en nuestro país, y de hacerles preguntas y cuestionamientos que muy pocos tienen el privilegio de hacer.

Hace poco conocí en persona a la hija de un hombre poderoso, con quien solo había tenido contacto a través de las redes sociales, y me contó que la mañana anterior su papá estaba desayunando con el Presidente cuando ella les preguntó por qué no había mujeres en un evento sobre el proceso de paz. Según ella, los dos hombres se miraron y dijeron: “porque se nos olvidó”. Su comentario logró que se incluyera al menos una mujer en el programa a última hora. Y su comentario es la respuesta a la pregunta que me presentan: las mujeres en la vida de los hombres poderosos deben tener conciencia de su posición privilegiada y usarla para evitar esos ‘olvidos’.

Me gustaría saber que estas mujeres cuestionan a sus hombres poderosos con preguntas sobre cómo ésta o aquella decisión va a afectar a las mujeres. Eso al menos los obligaría a pensarlo, a verlo, a considerarlo, y con el tiempo a incorporar una perspectiva de género en su ejercicio diario del poder.  ¡Pero cuidado! No pueden hacerlo asumiendo que todas las mujeres del país tienen sus mismas experiencias, necesidades u opiniones.

Por ejemplo, que quienes son madres pregunten quién cuida los hijos de las mujeres que cuidan a los suyos, o si las combatientes que han estado obligadas a usar anticonceptivos y a abortar van a querer tener hijos después del proceso de paz. Que las profesionales cuestionen si en las empresas de sus hombres poderosos se paga el mismo salario a hombres y a mujeres en cargos iguales o si existe un proceso serio para manejar las quejas por acoso sexual. Que las que no generan un salario propio se pregunten cómo sobreviven las mujeres que pierden a sus esposos proveedores en medio de la guerra y tienen que desplazarse con la necesidad de proteger a sus hijos. Que las hijas de las nuevas generaciones les pregunten a sus padres qué van a hacer para evitar el embarazo adolescente, y para que la educación sexual hable el idioma de los más jóvenes y responda a sus inquietudes reales. 

Las mujeres que cuentan con el cariño, el respeto y la atención de los poderosos pueden recordarles que las mujeres constituimos el 51% de la población, que somos las reproductoras de la familia y de la cultura, que formamos la columna vertebral de las comunidades, y que ninguna decisión de país puede ser exitosa si no tiene esto en cuenta.
Las mujeres en la vida de los hombres poderosos tienen que hacer lo que haría cualquier persona comprometida con el cambio social y con la construcción de un mejor país: poner su granito de arena desde el lugar que ocupan en la sociedad.

Foto: Archivo particular

 

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