Fernando Botero a través de los años: el antes y el después de la fama universal
A los 91 años Fernando Botero falleció por una infección pulmonar en Montecarlo. En Cromos recordamos algunos momentos importantes de su carrera artística.
Fotografía por: Captura de pantalla Redes Fernando Botero Zea
Lina Botero, una de las hijas del maestro, manifestó lo siguiente a W Radio: “no había nada más que hacer, mi papá estuvo los últimos seis días muy delicado de salud porque había desarrollado una pulmonía y a los 91 años es difícil que uno se pueda recuperar de una pulmonía, pero afortunadamente los médicos estuvieron muy pendientes de él, yo estuve a su lado permanentemente”.
Colombia está en shock por el fallecimiento de su pintor y escultor más universal. El nonagenario, que cumpliría 92 años el próximo 19 de abril, dejó una obra voluminosa que incluyen pinturas, ilustraciones y esculturas, que se pueden apreciar en Bogotá y Medellín en los distintos museos dedicados a su legado.
El día de su fallecimiento, repasamos los momentos claves en la vida de Fernando Botero.
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Fernando Botero en su taller antes de ser reconocido a nivel mundial.
Foto: CROMOS - ARCHIVO CROMOS Y GETTY
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“Cuando mi padre llegó a Nueva York, a comienzos de los años 60, no conocía a nadie, no hablaba inglés y solo tenía US$200 en el bolsillo. Sus primeros muebles los encontró tirados en la calle como basura. Un día vio una silla, la remendó y se la llevó al estudio, y fue la única que tuvo por un tiempo".
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Fue el protagonista de los 105 años de Revista Cromos.
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Fernando Botero siguió trabajando hasta el último día de su vida. Empezaba desde muy temprano en su taller y recién salía en horas de la noche. Nadie lo podía interrumpir.
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Fernando Botero se casó con la artista griega. Vari falleció en mayo de 2023.
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El mito fundacional del “boterismo” reza que fue pintando un instrumento que Fernando experimentó una revelación artística.
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A sus 29 años no era conocido en Estados Unidos, y en Colombia había dejado una estela que de pronto desapareció por irse a Norteamérica: ya había tenido exposiciones en Bogotá, había ganado jugosos premios y en sus 20 había viajado por España, Francia e Italia para empaparse del arte europeo. Evidentemente en su tierra no era un extraño, porque gozaba de prestigio en los reducidos círculos artísticos de la época.
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Fernando Botero acompañado de su hijo Juan Carlos Botero y otros integrantes de su familia.
Foto: CROMOS - ARCHIVO CROMOS Y GETTY
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Según el Banco de la República, en 1984 donó una sala de esculturas al Museo de Antioquia en Medellín y a la Biblioteca Nacional de Colombia en Bogotá. En 2000 y 2004 volvió a hacer lo mismo, sumando sus pinturas y la colección internacional de otros artistas.
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La primera pintura se llama El estudio (1990) y la segunda se titula El presidente (1997).
Foto: CROMOS - ARCHIVO CROMOS Y GETTY
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En los 70 viajó de nuevo a Europa y echó raíces en Pietrasanta y Mónaco. “En el momento en que empecé a hacer escultura iba al Louvre con frecuencia para ver arte griego, los artes primitivos. Me metí a mirar y a mirar el arte egipcio de nuevo, el arte asirio que me había fascinado. La mano que hay en Bogotá, a la entrada del Museo Botero, me la inspiró el fragmento de una mano de la Victoria de Samotracia, fue la segunda escultura que hice, la hice en pequeño y después la hice en grande”, confesó Botero al periodista Fernando Gómez Echeverri.
Foto: CROMOS - ARCHIVO CROMOS Y GETTY
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"Siempre fue una persona realista y aterrizada, y jamás ha permitido que la fama o el dinero se le suban a la cabeza, y esa silla, en mi opinión, simboliza esa actitud”, dijo su hijo Juan Carlos a Cromos.
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