Publicidad

Laura Restrepo: «El gobierno de Uribe me parece monstruoso»

A la escritora colombiana le encanta la política. Por eso no sólo habló
con CROMOS sobre su nueva novela, que transcurre durante la dictadura
argentina, sino también sobre la realidad colombiana.

Por Redacción Cromos
24 de abril de 2009
Laura Restrepo: «El gobierno de Uribe me parece monstruoso»

Vive en México hace varios años, pero visita Colombia permanentemente, y sin avisar, para empaparse de primera mano de lo que sucede en el país. Tiene un apartamento en Bogotá, en las Torres del Parque, que ella siempre bautiza en sus novelas como las Torres de Salmona, y allí suele refugiarse hasta que llega la publicación de un nuevo libro y los periodistas invaden su espacio como abejas que han detectado un frasco de miel. No es para menos. Si Laura Restrepo era una de las escritoras más leídas del país antes de que ganara el premio Alfaguara en 2004 con Delirio, ahora que está convertida en una estrella los medios la persiguen mucho más.

La semana pasada lanzó Demasiados héroes, una novela que narra la historia de Mateo, un adolescente que decide viajar a Argentina con su madre para buscar a su papá, al que no ve desde que tenía dos años. Mientras pasean por Buenos Aires, la madre aprovechará para contarle a Mateo sobre los días en que ella y su padre eran militantes trotskistas durante la época de la dictadura argentina. La madre, Lorenza, se parece mucho a Laura, quien vivió experiencias muy similares a las de Lorenza, si no las mismas.

CROMOS: ¿Es Demasiados héroes una novela autobiográfica?

Laura Restrepo: No tanto. Es una historia de ficción que toma elementos reales.

¿El propósito era contar la experiencia de su militancia en Argentina?

No tenía la intención de contar una historia mía sino aprovechar el bagaje que me dejó la militancia para crear un relato íntimo entre una madre y un hijo. Quise que el conflicto entre madre e hijo primara y que los acontecimientos de la dictadura fueran un telón de fondo.

En todo caso son un telón de fondo desgarrador. Los sucesos se desbordan, son brutales, casi tienen la misma fuerza que la historia íntima.

Digamos que entre lo que usted dice y lo que yo digo hay la misma contradicción que viven madre e hijo en la novela. La madre ha vivido cosas y cuando el hijo le pregunta "mi padre quién es, por qué me abandonó", ella le echa un rollo izquierdista sobre la militancia, los riesgos, los lugares de encuentro, las ansiedades… Pero el hijo no quiere saber de eso. Ella le cuenta una historia de héroes y él lo que quiere saber es por ese personaje de carne y hueso que lo abandonó y que, por supuesto, no es un héroe. De ahí surge el título de la novela.

¿En este sentido, hay una especulación sobre la brecha generacional?

Sí, claro. Quise que fuera un diálogo difícil, imperfecto, lleno de malentendidos porque la madre y el hijo hablan lenguajes muy distintos. Él la carreta de la izquierda no se la traga porque no le interesa.

Insisto en que el telón de fondo es muy fuerte como para ser solo eso. Una de las escenas más elocuentes es la ansiedad de Lorenza cada vez que el niño va al colegio y ella se pregunta: "Si hoy nos atrapan, ¿quién recoge al niño en la escuela?"…

Sí, y yo la viví tal cual. De hecho yo regresé a Colombia porque ya no aguantaba más. Una cosa es militar solo y otra con un hijo. Yo tuve al mío en esas circunstancias y a los dos años no pude más. Tuve que salir de ahí, como Lorenza.

Y así, entre chiste y chanza, Lorenza describe cómo funcionaba el partido, cómo se protegía, qué claves usaba… eso no es ficción, ¿o sí?

No, eso es verídico. Hay muchas historias sobre la lucha armada en Argentina pero no sobre la cotidianidad de los miembros de un partido como el nuestro, trotskista y, por lo tanto, ajeno a las armas y en cambio simpatizante de la resistencia civil, con todas sus ansiedades diarias, sus actos invisibles, ese trabajo de hormiga que compartían muchos grupos civiles más y que yo creo que fue el que tumbó a la dictadura.

A propósito de ese trabajo invisible, hay un pasaje hermosísimo que yo desconocía: la tirada de papelitos y serpentinas durante el Mundial de fútbol del 78 era un acto de rebeldía contra la dictadura.

Publicidad

Ese es un ejemplo concreto de la resistencia imperceptible. El Mundial de Fútbol fue la gran lavada de cara de la dictadura. Y para completar, el argentino era un superequipo que arrollaba a todo aquel con el que se enfrentaba. Lo único que publicaba la prensa estaba relacionado con el Mundial y con la Selección. Los dictadores celebraban en las calles y en los balcones, de manera que todo el trabajo de denuncia sobre desaparecidos y violación de derechos humanos quedó barrido por el espectáculo. En un esfuerzo por que todo pareciera perfecto y bajo control, la dictadura patrocinó una campaña radial contra la tirada de papelitos en el estadio, eso era grosero, ensuciaba la cancha y no dejaba jugar. Entonces fue bonito que el público, en un momento dado, se hubiera rebelado de esa forma, llenando las canchas de papel. Era una señal de que no todo estaba perdido.

Sin embargo, más allá de eso, era poco lo que se podía hacer en público, ¿o no?

Publicidad

Muy poco. La verdad es que el miedo se sentía en la calle. Cuando yo llegué a Buenos Aires no me di cuenta, pero entonces me sucedió algo que narro en la novela y fue escuchar en un bus el insulto brutal de un hombre, ofendido porque una mujer llevaba una falda veranera que le dejaba ver las rodillas. Era el síntoma de que buena parte de la sociedad simpatizaba con el régimen y, lo peor, no toleraba la disidencia. Hubo mucha gente que estuvo a favor de la dictadura y ese era el pánico. Mucha gente puso incluso letreros en los autos que decían "Los argentinos somos derechos y humanos". Se te helaba la sangre. Había una fuerte censura social.

¿Algo de eso puede estar sucediendo en Colombia con el uribismo?

Son fenómenos políticos muy distintos pero que de alguna manera se acercan. Aquí no es necesario un golpe militar porque existe el paramilitarismo. Y mientras tanto la prensa no reacciona como debiera y aparecen campañas como la de Colombia es Pasión, con banderitas nacionalistas en las muñecas que no hacen sino vender el mensaje de que aquí no pasa nada. En la Argentina de la dictadura también había campañas como esas.

Publicidad

¿Ha sentido un ambiente similar en Colombia?

He visto la prudencia de los no uribistas de no ir a hablar en un sitio para que no lo miren feo. Es que las contrarrevoluciones son eufóricas y el Presidente es fruto de esa euforia. Siempre he dicho que a mí el gobierno de Uribe me parece monstruoso. Es la mampara que oculta el poder del paramilitarismo y la solución de fuerza. Con un dato alarmante: la dictadura argentina pasó a la historia universal de la infamia con 30.000 muertos. ¿Cuántos van en los dos períodos de Uribe? En Colombia existe la misma negación que existía en Argentina durante la dictadura. Aunque, repito, son fenómenos políticos muy distintos.

¿Qué quiere decir con que las contrarrevoluciones son eufóricas?

Publicidad

Todo ha sido reducido a si acabamos con las Farc o no, y lo demás ha quedado en un segundo plano: las necesidades de los campesinos, de los trabajadores. La gente está cada día más acorralada, sin empleo, pero todo el mundo reacciona feliz porque capturaron a un cabecilla. En la década de los ochenta hubo una revolución democrática muy interesante, que partió de las negociaciones de paz con el M-19 la cual, pese a la sangre que corrió y al montón de fracasos que se dieron, fue una negociación de paz que implicó la apertura de un debate político que pasó por la elección popular de alcaldes, por la convocatoria a la Constituyente, por la Asamblea Constituyente y por la Constitución del 91. Yo veo que el fenómeno de Uribe, la contrarrevolución, fue una respuesta a eso: No más, cortemos acá. Poco a poco Uribe ha ido recortando la Constitución, empezando por la reelección. En el tinglado nacional están montados a lado y lado unos actores armados que han dejado al resto de la sociedad por fuera. Es más, ese tinglado ayuda a que los elementos democráticos se desmonten sin que la gente se dé cuenta.

Usted escribió un libro sobre esas negociaciones de paz con el gobierno de Belisario que tituló Historia de una traición y años después cambió por el de Historia de un entusiasmo. ¿Por qué?

Publicidad

Porque cuando la revisé, muchos años después de la primera edición, me pareció que estaba llena de héroes. La otra fue una sensación de nostalgia. Había sido una traición pero finalmente concluí que lo único que resumió ese episodio fue el entusiasmo, pensar que por ahí se podía avanzar hacia la democratización. Había sido un entusiasmo mío y colectivo.

De hecho, Demasiados héroes es una respuesta a Historia de un entusiasmo. Lo que hice fue aterrizar el asunto militante con una perspectiva más cotidiana. Por algo Mateo le pide a su mamá que los superhéroes se los deje al play station. Con esta novela me saqué el clavo porque uno de los grandes dolores que me quedaron de Historia de un entusiasmo fue no haberlo contarlo todo, con sus luces, pero también con sus sombras. La historia habría sido más bonita.

Publicidad

En la novela hay un fenómeno muy curioso y es que la madre es demócrata social pero dictadora familiar. ¿Es esa una característica de todos los padres?

Me interesaba hacer un juego de sombras en donde estos dos militantes, Lorenza y Ramón, han sido pervertidos por la dictadura en cosas sutiles. Quería quebrar el esquema de los héroes. Me preguntaba: esta pareja está en contra del régimen, pero ¿hasta qué punto está permeada por él?

Publicidad

Usted dijo alguna vez que lo que le hacía falta escribir una novela sobre el tema palestino. ¿Ya comenzó?

No. Ese sueño ya se cumplió, pero escrito por otro. Es una novela de Elías Khoury que se llama La cueva del sol. El héroe está en la cama, inválido y quien cuenta la historia es el médico que lo cuida. Es la historia palestina sin héroes.

Redacción Cromos

Por Redacción Cromos

“Somos la revista de mayor tradición y reconocimiento en Colombia. Entérate con nosotros de temas de estilo, moda, salud, belleza y sociedad.” RevistaCromos

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Publicidad