
La mañana en que recibió la sinopsis de ese nuevo proyecto, bastó un párrafo para que Ana María Orozco “se pegara su entusiasmada”, como ella lo dice, con el personaje al que le buscaban donante de cara y cuerpo. “Por mi historia de vida, me sentí identificada, lo sentí, lo vi”, dice nostálgica. La prueba para escoger a Beatriz Pinzón duró un mes. Es obvio, pero hace falta señalarlo con el dedo de la mano: se estaba esbozando la inolvidable secretaria con capul y tratamiento de ortodoncia. La primera geek colombiana, de rasgos y actitudes exacerbadas que podría ser un personaje de The Big Bang Theory.
Ana María venía de actuar en Perro Amor y el efecto espejo del personaje significó un reto actoral mayúsculo. En la lectura de la sinopsis sintió la presión. “En el casting primero hicimos la parte de la fea, en el que propuse un boceto del personaje, que más o menos fue el que quedó. Fue rara la etapa de Betty linda, porque me propuso un juego complejo, de probar sin abandonar la personalidad que ya tenía. Incluso para mí, que me encanta hacer personajes, era una apuesta arriesgada y novedosa”, recuerda.
El cambio de milenio de los colombianos estuvo acompañado por su icónico rostro. La conexión de Ana María con el personaje la experimentaron los televidentes durante 160 capítulos. Eran los tiempos en que una serie colombiana era capaz de cautivar en masa. Tanto, que la señal de televisión se quedó pequeña para su cobertura y hubo que transmitirla por la radio. Antes de las redes sociales, Beatriz Pinzón, la secretaria nerd enamorada de su jefe, se viralizó a su manera y con ella lo hizo también la tímida Ana María Orozco. Se convirtió en la actriz más reconocida del país.
“Es muy interesante lo que pasó con Betty, vivo agradecida. Una vez terminé las grabaciones, tuve que tomar distancia, dejar pasar lo ocurrido, volver a respirar. Soy una persona introvertida, entonces sufría un poco con la exposición y la exigencia, porque mi personalidad es así. En cuanto a lo artístico, el trabajo en sí lo adoré. Uno como actor siempre espera una oportunidad de semejante magnitud”. De la ansiedad había días que no dormía. Estaba en el escalón más alto de lo público.
El reconocimiento se le vino con la agresividad de una avalancha. Luego de una larga jornada laboral, el mejor regalo es estar solo, que nadie interrumpa, hibernar unas horas, recuperar individualidad. Hoy, el personaje todavía vive, porque figura en Netflix, en algunos canales y páginas de internet. Hace doce años, Ana María vive en Buenos Aires. “Acá he tenido la oportunidad de trabajar en otras producciones, me han tenido en cuenta a pesar de mi acento. Todo ha sido gracias a Betty. Me abrió puertas”, explica.
En la última década, además de actuar en películas y series como Amas de casa desesperadas, Somos Familia y próximamente El regreso de Lucas, se ha consagrado a la crianza de sus dos hijas. “Sigo buscando cosas, no es que me quede pensando en que soy Betty. Yo miro hacia adelante, lo que sucedió no lo veo como un peso. Me emociona, es lindo haber impactado”, dice. Ahora está en Colombia para un nuevo papel, la pregunta es si volvió a “pegarse una entusiasmada”, al igual que en 1999. Se ríe al responder, pero guarda silencio. Una vez más hay que señalar con el dedo lo obvio: es imposible adelantar el proyecto, que por más exitoso que vaya a ser, nunca superará a Ana María Orozco como Beatriz Pinzón.
El otro lado de la moneda también es que su felicidad ahora es juntarse con los suyos. “Últimamente he vivido una añoranza muy bonita. La idea de la paz me ha entusiasmado muchísimo. Yo tengo mucha esperanza, empieza a haber un cambio en la conciencia de los colombianos”, concluye.
Foto: Archivo Cromos.