

Cumplió 50 el año pasado. El presidente de Bancolombia resume el devenir de estas cinco décadas en frases rápidas, como si las tuviera listas porque lo recorre la emoción, porque sonríe cuando las pronuncia. Algo se activa después de la pregunta. Las respuestas, parece, no pasan por la razón. O tal vez sí, y ese es su proceso de raciocinio: conectado directamente al corazón.
Siempre que conversa sonríe, con los ojos y con los dientes. Y ese gesto hace más auténtica cada una de sus frases.
Lo mejor de llegar a esta edad, dice el presidente del mayor banco de Colombia, con 50.000 empleados o colaboradores, como prefiere referirse a ellos, esposo de Gloria y papá de María Luisa y Santiago, «es ver los sueños cumplidos, apreciar el tiempo en familia y con los amigos. El aprendizaje de disfrutar de las cosas simples de la vida».
¿Y qué le gusta hacer a sus 50? Simple, como lo advirtió segundos antes: “Estar al lado del mar con mi familia”.
Y agrega, que su goce pleno y vital se concentra en el mar, la familia y el fútbol. ¿En ese orden? No. Se apresura a ordenar la jerarquía de emociones y pasiones: primero la familia, luego el fútbol y por último el mar.
¿Y dónde está ese mar que le devuelve la plenitud a Yepes, el abogado formado por los jesuitas del Colegio San Ignacio? En el Golfo de Morrosquillo, en Tolú.
Ese es el mejor mar. No hay otro igual para él. Allí se le ve cumpliendo con un precepto elemental y divertido, a manera de sentencia de boy scout: que las vacaciones quepan en un morral, tres camisetas, tres pantalonetas y los libros, ojalá de historia, para la playa.
En el viaje más reciente leyó La vida oculta de Fidel Castro, de Juan Reinaldo Sánchez y El fin del poder, de Moisés Naim.
Allá, en ese mar que lo llena de placer a sus 50 años, Carlos Raúl Yepes lleva la música del Grupo Niche, Alkilados y Celia Cruz; «música de playa», anticipa a manera de guiño. Y deja que el tiempo pase lento, sereno, entre la conexión vital, el ejercicio, la contemplación, los baños en el mar y la comida saludable.
Cuando se deja acompañar de otro mar, el de Cartagena, Yepes se va a conversar con los pescadores, con los boquilleros. «Hablamos de tú a tú», asegura. Charlas cotidianas que lo enriquecen, que lo atan a la tierra, o mejor, al mar de sus amores.
Foto: Archivo Particular.