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Natalia París, en la piel de Marilyn Monroe

La admiradora y su musa se encuentran en este recorrido en el que celebramos 90 años del nacimiento de la mujer del lunar.

Por Natalia Roldán Rueda
08 de noviembre de 2016
Natalia París, en la piel de Marilyn Monroe

La belleza celestial de Marilyn Monroe fue su maldición. Su erotismo la elevó por encima de los mortales, pero puso a combatir sus demonios internos. De nada le sirvió su sensualidad el día en que su mamá perdió la cordura y ella quedó a la deriva, para empezar a saltar de una familia a la otra. Al contrario, en esos años, ser atractiva la condenó a convertirse en un objeto que los hombres sentían el derecho de observar, tocar y aprovechar para satisfacer sus instintos más animales. Por eso, con la fama y al convertirse en objeto de deseo del mundo entero, despertaron traumas e inseguridades que hacían que anduviera permanentemente sobre la cuerda floja, a un resbalón del vacío. “Cuando eres joven y gozas de buena salud, el lunes puedes planear suicidarte y estar riendo de nuevo el miércoles” aseguraba en su libro Mi historia. 

Marilyn según Natalia parís
“La belleza de Marilyn no tiene comparación. Además, era muy amorosa y dulce; la gente ama su dulzura. Ella logró ser inmortal porque fue inteligente, supo usar su belleza de una manera sutil y elegante. También fue auténtica y glamurosa”.


Aunque nunca se pudieron comprobar las razones de la muerte de Monroe, todavía muchas teorías apuntan al suicidio. Le hizo mucho daño mantenerse enmascarada con sonrisas falsas que ocultaban miedos de infancia y llegar al punto en que la gente la sentía tan suya que podía utilizarla a su gusto. Convertirse en un ícono no siempre es una tarea fácil. Natalia París lo sabe, por eso asume con escepticismo ser considerada inolvidable: “Esos halagos son tan perjudiciales como los mismos insultos”. Es evidente que, como Marilyn, Natalia también ha sufrido. La diferencia es que la modelo colombiana es una sobreviviente. 


A pesar de la oscuridad detrás de la luminosa presencia de Marilyn, a 54 años de su muerte y 90 de su nacimiento, el ángel de la diva de Hollywood aún nos ronda y permanecerá en ese surco de la memoria que no olvida. Igual que Natalia, cuya belleza imperturbable nos recuerda su juventud, pero cuyas palabras nos hablan de la sabiduría de los años. Por eso, hoy les hacemos un homenaje, en el que celebramos que hayan existido y que habiten nuestros recuerdos. 

“El tiempo te enseña a soltar la necesidad de aprobación. Ya lo que opine la gente te importa un pepino. A eso le llamo libertad”.

El pedregoso camino al cielo


De bebé, Natalia París fue modelo de pañales. Luego, a los 13 años, apareció en un comercial de Kolynos por el que le pagaron 70.000 pesos y, desde ese entonces, valoró trabajar para tener plata en el bolsillo. Era pura inocencia, pero en solo unos años se convirtió en una bomba sexual y las marcas empezaron a sacar provecho de su sensualidad. 


En medio de una playa, Natalia caminaba lentamente, seductora, como un espejismo. En su bikini dorado, dejaba escapar una sonrisa pícara y luego se unía a una fiesta. Cualquier colombiano que estuviera vivo en 1999, tiene clavada en su cabeza la imagen de ese comercial y su canción: “Mira su color dorado, tan intenso. Siente su cuerpo tan provocativo. Cristal Oro es mejor y no cuesta más”. La modelo, alucinante, representaba una cerveza y decía: “Tómame”. Las ventas debieron subir a los cielos mientras ella se convertía en un símbolo sexual. 

Era una modelo talentosa que sabía explotar su belleza pero, rápidamente, muchos la incluyeron dentro del estereotipo de las rubias tontas. Se burlaban tanto de ella que hoy, al oír su voz, siento que hablo con un personaje de la ficción, no con alguien de carne y hueso. “Tuve que enfrentarme a los prejuicios de la gente y a la envidia –nos cuenta Natalia–. La gente siente la necesidad de señalarte y calificarte porque eres público. Pero el tiempo te va enseñando a soltar la necesidad de aprobación hasta el punto de volverte descarada. Ya lo que opine la gente te importa un pepino. A eso le llamo libertad”. 

“Cuando eres creativo te inventas la manera de ser feliz y, asimismo, te inventas la manera de permanecer vigente”.

 
Estas circunstancias llevaron a que despertara dentro de Natalia un monstruo que estaba dormido. Y ella lo alimentó con carácter, seguridad e inteligencia. Esta actitud que desafiaba a quien se interpusiera en su camino contrasta con la fragilidad de Marilyn. La colombiana creció en un hogar del que su madre, Lucía Gaviria, debió hacerse cargo luego de la muerte de su padre, así que tuvo un modelo femenino de armas tomar, fuerte y valeroso. La rubia estadounidense no tenía un ejemplo a seguir. Ella solo contaba con su talento y con un intelecto brillante, cuya mejor compañía eran los libros, donde encontraba más cuestionamientos que certezas, más cinismo que satisfacciones. 

Marilyn era un espíritu sensible y solitario que añoraba afecto y compañía, así que durante mucho tiempo buscó, infructuosamente, llenar vacíos con los hombres, quienes solían aprovecharse de ella, la maltrataban física y psicológicamente, o no la llenaban. En su autobiografía habla de su primer amor: “Cuando él entraba en mi habitación y me tomaba en sus brazos olvidaba todos mis problemas. ‘Lloras con demasiada facilidad’, me decía. ‘Es porque tu mente no está suficientemente desarrollada. Comparada con tus pechos, es embrionaria’. No me importaba ser una estúpida si él me amaba. Yo andaba por el arroyo y él por la acera». Después de esta experiencia y tres matrimonios fallidos –James Dougherty, Joe DiMaggio y Arthur Miller– eventualmente se dio por vencida y escribió en sus diarios que amar era imposible. 

«Ser inolvidable implica salirse de lo común, defender un estilo, hacer de la propia imagen una marca».


Natalia, en cambio, ha encontrado en el amor una fuerza que la impulsa y la eleva. Por esa razón ella nunca ha cedido a la debilidad que se lee en los textos de Marilyn. Mientras la actriz de Hollywood usaba su inteligencia para hundirse en divagaciones filosóficas, la colombiana usó las barreras que le ponía la fama a su favor, y empezó a reírse de sí misma: “Llega Natalia París al supermercado y la cajera le pregunta: ‘¿tiene tarjeta de crédito Súpercliente?’. A lo que Natalia París contesta: ‘No, no tengo, súpercajera”. Natalia cuenta el chiste en el programa Testigo Directo y luego suelta una carcajada. Cuando le dio la vuelta a las cosas, empezaron a crecer las ventas de su marca de bronceadores. 


 “Para llegar hasta donde estoy y sobrepasar barreras he necesitado mucha creatividad –confiesa Natalia–. Cuando eres creativo te inventas la manera de ser feliz y, asimismo, te inventas la manera de permanecer vigente. Todo esto me ha ayudado a encontrar tranquilidad mental, enfrento la vida con positivismo”.

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La colombiana usó las burlas y las barreras que le ponía la fama a su favor: empezó a reírse de sí misma.

Pasar a la historia


Marilyn tenía ojos azules; los de Natalia son cafés. Marilyn amaba los perros; Natalia tiene cinco gatos –París, La Negra, El Gordo, Bonita y Pancake–. Marilyn era Géminis –según ella, el signo del intelecto–; Natalia es Leo –según ella, el signo de las personas creativas, pasionales y fuera de lo común–. Marilyn tenía una enorme colección de libros; Natalia colecciona zapatos, aunque casi siempre se pone los mismos. Marilyn adoraba a Goya –consideraba que lo conocía porque tenían los mismos sueños–; Natalia siempre ha sentido fascinación por Chopin. Marilyn vivió hasta los 36; Natalia espera alcanzar los 111, pero joven, como siempre. Marilyn creía en el destino; Natalia cree en Dios y considera que cada uno es responsable de su vida, de su felicidad y de su sufrimiento. 

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Aunque hay muchas cosas que las diferencian –empezando por ese pasado que determinó su historia–, a estas rubias sin duda las unen características que les permitieron alcanzar la inmortalidad. Por eso están juntas, hoy, en nuestras páginas. 

Marilyn según un admirador

“Si Marilyn Monroe se alegraba de verte, su ‘Hola’ sonaba en tu mente por el resto de tu vida. La calidez sin aliento del énfasis en el ‘la’, sus profundos ojos azules girando para verte y su cara radiante arrugada en una maravillosa sonrisa de niña”, Richard Meryman, Life Magazine (1962) 

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En primer lugar está su belleza, que hipnotiza. Ambas se dejaron guiar por una sensibilidad a flor de piel y un cerebro sagaz sobre los hombros. Su talento fue más allá de un oficio, demostraron ser polifacéticas: Marilyn modelaba, actuaba, cantaba y escribía; Natalia ha sido modelo, actriz, empresaria y disc jockey. Sus voces –coquetas, delicadas y sensuales– quedaron grabadas en la mente de cientos de hombres que las llevan en sus fantasías. Quisieron ser las mejores en su campo. Un brillo que salía desde el interior de su cuerpo las hizo sobresalir sobre las otras divas. Las dos intentaron divertirse y dejaron fotos y frases fantásticas que se conocerán durante generaciones, como esta joya de la diva de ojos claros: “Me gusta estar muy bien vestida o realmente desvestida, no me intereso por nada en el medio”. 


Marilyn y Natalia rompieron esquemas. “Ser inolvidable implica salirse de lo común, defender un estilo, hacer de la propia imagen una marca –asegura la colombiana–. Además es necesario dar toda la energía. Y cuando uno se cansa, cambia. Uno no puede caer en la rutina. La rutina es el talón de Aquiles del arte”. Así, protegiendo su esencia y reinventándose, nos obligaron a llevarlas con nosotros por siempre. 

Fotos: Mateo Londoño Q. @londonqphotos 

 

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