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«No hay que dejarse afectar por las ilusiones de la farándula”, Andrea Echeverri

Fresca, modesta y fiel a sí misma, se metió para siempre en la historia de la música latinoamericana.

Por Diana Franco
10 de noviembre de 2016
«No hay que dejarse afectar por las ilusiones de la farándula”, Andrea Echeverri

Corría marzo de 1996. En un escenario íntimo en el que las guitarras eléctricas sonaban a psicodelia, irrumpió la voz de Andrea Echeverri, hipnótica y poderosa: Me dejarás dormir al amanecer, entre tus piernas, entre tus piernas. Sabrás ocultarte bien y desaparecer, entre la niebla, entre la niebla… Junto a Gustavo Cerati, el grande del rock latinoamericano, la colombiana transformaba En la ciudad de la furia en una obra de arte. La hippie de pelo corto, tatuajes y gafas estrafalarias se convirtió en una inolvidable no solo de nuestro país, sino de todo el continente.


En ese entonces, Andrea tenía 31 años. Dos décadas después de ese momento, no disimula el éxtasis que se apoderó de ella en aquella presentación, que tuvo lugar en la gira por Estados Unidos en la que Aterciopelados fue el grupo telonero del cantante argentino. “Fue increíble poder compartir esa cotidianidad musical con personajes tan consagrados”, le contó la artista a Cromos.

A sus 51 años, Andrea no teme confesar que, como a todo mortal sobre la Tierra, el tiempo le ha pasado factura. Su voz, que había salido potente y vigorosa durante toda una vida de carrera artística, comenzó a reclamarle atención. Por eso, desde hace tres años, a raíz de un problema en sus cuerdas vocales que la obligó a permanecer un mes en silencio, comenzó a tomar clases de técnica vocal. “Los años han sido mi gran reto –asegura la artista–. Ha sido difícil porque tu cuerpo ya no responde igual. Yo era una loca a la hora de cantar y de pronto mi garganta no dio más. Aunque al principio fue frustrante, he aprendido mucho y me he encontrado en ese nuevo camino”. 


A pesar del peso de los años, hay algo que el tiempo no le ha podido quitar a Andrea: su esencia. Y es que su voz aterciopelada no es lo único que ha hecho de esta artista una mujer inolvidable. Andrea Echeverri solo hay una. Eso siempre lo tuvo claro su compañero entrañable, Héctor Buitrago: “Su personalidad es única. Ella no aceptó los estereotipos, se dedicó a buscar dentro de ella un camino y lo defendió. Es rebelde y contestataria, y eso ha generado en las mujeres y en las generaciones que nos han escuchado, mucha identificación”. 


Para ella fue fundamental defender su ser. Cero aspiraciones de ser una cantante 90-60-90 que sabe moverse y transpira sensualidad. Su mayor ambición fue no perder la conexión con la música y, sobre todo, gozarse el proceso. Curiosamente, ir en contra de la corriente ha sido la fórmula que la ha mantenido vigente. “O te vas para allá, para lo superficial que es el camino más fácil, o defiendes lo que eres”. 


Ella construyó un ícono y en ello hubo mucho de honestidad, dedicación y placer: “Se trata de sentir que lo que haces es importante. Se trata de estar conectado a tu música y no dejarse afectar por las ilusiones de la farándula”. 


Honestidad que se refleja en la ausencia de maquillaje en su rostro, en su característico sumercé, en su auténtica forma de vestir y en la humildad con la que se enfrenta a las lecciones de canto. A pesar de tener ocho discos con Aterciopelados, cinco como solista, dos Grammy latinos, dos premios MTV y una lista larga de reconocimientos, Andrea practica con juicio. “Es que cada día hay que buscar que la vida tenga un significado, aún queda mucho por aprender y lograr, y si no es así, ¡eutanasia!”.
 

En primera persona


“Inolvidable es para mí la psicóloga colombo-francesa Florence Thomas. ¡Hasta le escribí una canción! Fue en una época de mi vida muy específica cuando entre Héctor y yo hubo diferencias. Fue el momento en el que tuve que fortalecerme a mí misma y llegó a mis manos Conversaciones con Violeta, la historia de una revolución inacabada. Su feminismo y discurso me ayudaron a encontrar un espacio independiente y poderoso. Ella es increíble, me fascina. También hay personajes como Mercedes Sosa, que lo marcan a uno. Cuando la conocí a ella y a su música, conscientemente empecé a escribir canciones con más peso. Sentí la importancia del compromiso social”.

Foto: Juan Arellano

 

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