
La obra de teatro tuvo que detenerse. La audiencia de jovencitas de colegio gritaba con euforia. Los actores no entendían lo que ocurría, pero para ellas la emoción estaba justificada: acababa de entrar a escena Natalia Reyes. Estaban en medio del Teatro Nacional La Castellana y presentaban El Avaro, de Molière, pero a las niñas no les importó.
A Reyes, que en aquel entonces era la protagonista de Lady, la vendedora de rosas, el país la graduó como referente cultural en decenas de pequeños momentos como ese. “Colombia es un país que ve novelas –dice–. Incluso hoy, la televisión llega a un montón de lugares y personas que otros medios no tocan”. Que justo haya sido la historia de Lady Tabares –una mujer compleja, imperfecta, juzgada por el mundo y por sí misma– la que le dio otro nivel de fama no es accidental: Reyes nació para romper estereotipos.
Lo que piensa
En medio de modelos y reinas que se volvieron actrices, Reyes contrasta. “Soy bajita, no tengo medidas perfectas y en ningún momento me he considerado un símbolo sexual”, cuenta. Se aproxima al oficio de la actuación con reverencia: no deja de estudiar, pasó por la escuela de Lee Strasberg en Nueva York y conoce muy bien las distintas corrientes teatrales de Colombia. Se emociona cuando habla sobre métodos de interpretación, investiga de manera obsesiva sus personajes y se introduce en ellos sin reparos. Además, y este tal vez sea el contraste más marcado con la abrumadora mayoría de la farándula criolla, utiliza el megáfono de su fama para compartir sus ideas políticas en público y sin pedir perdón.
“Es algo que no puedo evitar. Muchas personas me dicen que no debería hacerlo, pero no puedo. Desde pequeña he cuestionado a la autoridad; me ha importado lo que pasa. Las personas se acercan a mí y, si algo de lo que yo pienso o de lo que yo hago puede hacer que alguien reciba una idea, o se movilice a hacer algo, tengo que hablarles”.
Con el rostro descompuesto, Natalia Reyes habla: “Cuando ya hicieron todo lo que se les ocurrió conmigo, me empezaron a llenar de piedras y de tierra toda la vagina”, dice. Es un video de la campaña ‘No más violencia’, donde cuenta uno de tantos casos de violencia sexual por parte de los paramilitares. Era su aporte a la tensionante discusión que se dio en el país alrededor del proceso de paz con las Farc.
Así, en los últimos dos años ha participado en debates sobre la situación de Venezuela, la corrupción y ha sido uno de los rostros más visibles de la lucha de los actores de Colombia por formar el sindicato ACA, por medio del cual buscan mejores condiciones laborales. Sobre esa última pelea, que ha sido particularmente difícil, dice que hay que empezar conversaciones donde “no satanicemos estar sindicalizados. Es normal y sano que la gente se una, que haya buenas condiciones de trabajo. Eso no nos vuelve guerrilleros, ni de izquierda, ni malas personas. También se logran cosas en tacones, con buenos vestidos, en las oficinas de Caracol y de RCN, o en el Congreso presionando a los senadores y representantes, sonriendo, en buenos términos, con respeto”.
Su voz no ha pasado desapercibida. Por el video, un hombre le escribió: “Claro, te follaron los paramilitares, te pareció delicioso, eso te pasa por perra”. “Ver mujeres que me dicen que calladita me veo más bonita o que como soy actriz debo vivir regia, bien vestida, tranquila y en silencio, que no puedo pensar, opinar, discutir o no estar de acuerdo me parece increíble”.
Lo que fue
Esas expectativas sobre lo que ella debe y no debe hacer, o cómo debe verse, siempre han estado presentes en su carrera. Cuando fue por primera vez a reunirse con una agente, la representante le hizo un comentario sobre su nariz, explicándole que eso es lo que importa en el negocio. Suele chocar con productores y miembros de la industria que ven con desdén a cualquier mujer que quiera tener más voz en el proceso creativo. Y lo que más la frustra es que no haya buenos papeles femeninos. Por eso los persigue con vehemencia.
En la obra de teatro El amor de las luciérnagas hizo parte de un elenco de mujeres “fascinantes porque son torpes, no se ajustan al molde y son bichos raros, pero también son superpoderosas en su contexto, hiperauténticas y eso las hace únicas y llamativas”. Construye su carrera saltando entre personajes complejos y apoyando a otras mujeres en una industria hostil para ellas. “La televisión está dominada por hombres, por lo que me alegra mucho tener cada vez más referentes femeninos dentro de la industria: mujeres inteligentes, que saben del negocio, pero que sobre todo son muy humanas”.
Lo que será
La cosa anda bien y promete ponerse mejor. Este año está grabando en La Guajira la nueva película de Ciro Guerra, llamada Pájaros de verano. “La historia es uno de esos viajes maravillosos de Ciro”, dice. Reyes interpreta a una indígena wayuu que está entrando a la adultez. Un hombre se quiere casar con ella, pero no tiene la dote para satisfacer a su familia. Por eso, aprovecha la bonanza de la marihuana en la zona en los años setenta y ochenta para obtener dinero fácil.
Casi toda la película es hablada en la lengua guajira wayuunaiki y tuvieron dos meses de ensayos antes del rodaje. Reyes está nerviosa, pero visiblemente emocionada. Este tipo de papeles y experiencias, también, son para lo que vino a este mundo. Y que nadie le diga lo contrario.
Foto: Emanuel Rojas