

Solo el poder brutal de un hombre despiadado ha logrado detenerla. Eran tiempos violentos y Paola Turbay perseguía la corona de Miss Universo. En esos días en los que fue la soberana nacional de la belleza, sus respuestas siempre apuntaban a lo mismo: “Necesitamos la paz”. Y fue justamente la guerra –la del narcotráfico, la de los carteles, la de la crueldad desmedida– lo que le impidió ser reconocida como la mujer más bella del mundo, así lo fuera. El presidente del certamen confesó en secreto que no podían permitir que una Miss Universo recorriera el planeta contestando preguntas sobre Pablo Escobar. Hace casi 25 años le robaron la corona, pero poco le importó; ella había logrado algo más importante: ser la reina de los colombianos, para siempre.
Su cabeza va a mil, se le nota cuando habla. Contesta nuestras preguntas como si quisiera vaciarse, compartirlo todo y desnudar su espíritu por completo, pero, al final, las preguntas no son suficientes y tampoco el tiempo. Ni una entrevista ni una vida son capaces de abarcar la personalidad inquieta que se encuentra dentro de ese cuerpo perfecto. Ella lo sabe hace rato y le ha tocado resignarse a aceptarlo: no va a alcanzar a hacer todo lo que quisiera. Si llegara a los cien años, se le quedarían cortos.
Por eso, Paola cree que ha sido elegida como una de las inolvidables de Cromos: «Soy una máquina de ideas y me encanta reinventarme». Lo dice sin la más mínima pretensión de ufanarse. Todo lo contrario, se siente muy halagada. “Uno se acuerda de la gente que quiere», comenta agradecida y feliz.
Con estas palabras, Paola da en el punto clave sin proponérselo: la gente la quiere, por eso es inolvidable. Muchas han sido reinas, presentadoras y actrices, pero no todas forman parte de la memoria colectiva de los colombianos. Paola sí. Y es que podría ser una diva difícil, pero conversar con ella es como encontrarse a tomar café con una amiga de toda la vida.
Tal vez mucho se lo debe a su interés innato por el ser humano y a sus años en la facultad de Psicología de los Andes, donde liberó sus ganas de entender al hombre y reafirmó una norma que aprendió de sus papás: nunca deberíamos juzgar al otro. “Debemos eliminar los juicios de valor. El asesino posiblemente nació bueno y el ambiente en el que creció lo redefinió. Tuve un espectro más generoso de lo que es el ser humano, por eso vivo en paz con todo el mundo”. Su capacidad de empatía le permite relacionarse con cualquiera que se le atraviesa por la calle y, cuando a eso se le suma el carisma que se le escapa por los poros, ya no hay forma de huir de su encanto. Así enamoró a todo un país.
En su cuerpo de 1,73 de estatura se esconde el espíritu del hombre increíble, que todo lo puede. Por eso, lo suyo son los retos. Después de su exitoso reinado pudo haber actuado en la telenovela que quisiera, pero ella sentía que debía prepararse primero. Por eso estudió actuación en Estados Unidos y consiguió, después de decenas de pruebas, el protagónico en la serie más esperada de la temporada, Cane. Con ese ímpetu también lanzó una línea de belleza y el festival de cine Indibo. Nada le queda grande y a todo se le mide, desde competir con las actrices más famosas de Hollywood hasta cambiar la llanta de un carro. “En la vida hay que ser malabarista. Hay momentos difíciles, pero los límites se los pone uno». Detrás de su simpatía se esconde una fuerza incontrolable que no hay quien pare y, que una vez te roza, ya no se olvida. Nunca.
En primera persona
“Creo que para llegar a ser inolvidable es necesario ser pionero y brillar por la excelencia. Por eso, cuando pienso en colombianas inolvidables, viene a mi cabeza Gloria Valencia de Castaño, la dama de la televisión en un mundo de hombres. Ella fue una vanguardista, que además habló de conciencia ambiental cuando todavía no era un tema de moda. También pienso en mi tía Nidia Quintero, quien empezó a trabajar por los menos favorecidos como primera dama, pero continuó con esa labor el resto de su vida. Otra mujer a quien admiro muchísimo es a Gina Parody. Estructurada, pila y entregada, en el mundo que vivimos ella llega justo a tiempo. Y, para terminar, Juana Acosta. Bella, elegante, con estilo y gran actriz. Tiene un brillo muy especial”.
Foto: María Elisa Duque.