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Stravinski en La Popa

Tras el hermoso recital que ofrecieron Sara Mingardo y el Concerto Italiano
en el convento de la Popa el año pasado, las expectativas sobre lo que
podría ocurrir en esta ocasión, eran más bien altas.

Por Redacción Cromos
07 de enero de 2014
Stravinski en La Popa
Fotografía por: DAVID M. SCHWARZ

Claro, algo hay entre el encanto fácil y contagioso de Vivaldi, insigne representante del Barroco, y la expresividad difícil y a veces impredecible de Stravinski, referente obligado de la transformación musical del siglo XX. Sin embargo, no fue precisamente Stravinski (como ha sido su costumbre) el encargado de hacer sentir al público un tanto incómodo, cuando no francamente enfadado.

La mezzosoprano Cristina Zavalloni, acompañada al piano por Andrea Rebaudengo, abrió el concierto con una serie de piezas breves compuestas por Stravinski durante su estadía en Suiza en 1914, con las que, llevado por la nostalgia, quiso evocar el folclor ruso y, en especial, la sonoridad y la musicalidad de las palabras más allá de su semántica. La gracia de Zavalloni para interpretar la serie Pribaoutki (Kornilo, Natashka, El coronel, El viejo y la liebre), El búo y el gatito y Tilim-Bom fue apenas suficiente para introducir al público en las honduras de Stravinsky. Pero acaso las cancioncillas hayan resultado demasiado breves para disfrutar con mayor concentración a la italiana.

Las expectativas quedaron cargadas, entonces, en el tema de fondo, La historia del soldado, una pieza extraña de teatro que, como lo anunció Omar Porras, quien hizo las veces de narrador, no es ni cantata, ni ballet, ni música para escena, pero que es, efectivamente, la narración de una historia, aunque con evidente economía de recursos, como lo obligaba la guerra: la de un soldado que, de regreso a su pueblo, decide venderle su alma (su violín) al diablo a cambio de fortuna.

Independientemente de la interpretación de la Orquesta de Cámara Orpheus, lo que fue menguando poco a poco la paciencia de gran parte del público fue la decisión de Porras de narrar la historia no en español sino en francés. Apercibido de libreto, Porras recitó la obra con cierta simpatía, insuficiente para la paciencia de quienes no sabían francés y de quienes, además, esperaban mucho más música y menos teatro. Una lección más para el Festival.

Redacción Cromos

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