
Esta historia se repite noche tras noche en algunos hogares: el pequeño se despierta y descubre que está solo en su habitación; luego, siente miedo, a veces llora y no duda en acudir a sus padres. Ambos lo miran, le hablan dulcemente y el niño se mete en su cama. Justo en ese instante ellos se preguntan: ‘¿Qué debemos hacer?, ¿le permitimos que duerma con nosotros?
Aunque es un hecho que los niños disfrutan de la cama de sus papás porque la asocian con un lugar seguro y tranquilo, lo cierto es que esta acción debe llamar la atención de papá y mamá cuando se convierte en la única forma en la que el niño encuentra comodidad para dormir. “A diario los niños están desarrollando sus niveles de independencia, y uno de los terrenos más fértiles para lograrlo es a través de la conquista de su dormitorio”, explica la psicóloga Tatiana Barreto.
Con frecuencia, los pequeños sienten la necesidad de dormir con sus papás para aliviar su miedo a la soledad o a la oscuridad. Sin embargo, la experta cree que, en la mayoría de los casos, ocurre porque los padres creen que sus hijos pueden sentirse no queridos o abandonados cuando se niegan a dormir con ellos.
“Para cambiar estos hábitos nocturnos, los padres deben ayudarle a su hijo a apropiarse de su dormitorio. Esto se logra pasando más tiempo con él en su cuarto, explicándole, de forma clara, que cada uno de los miembros de la familia tiene un bonito lugar para dormir, y mostrándole la importancia de tener un espacio propio, a través del juego”.
Trucos para una noche feliz
Indaguen la causa del problema: cuestiónense en pareja por qué su hijo no quiere dormir solo. Luego, hablen con él y escúchenlo atentamente. Muestren interés por solucionar sus inquietudes. A veces, sus miedos los llevan a imaginar personajes o a ver sombras en las cortinas. Si este es el caso, deben revisar su cuarto y hacer los cambios necesarios para eliminar sus temores.
No lo ignoren: cuando el niño se despierta en la madrugada y llega directamente a su habitación, es el momento de tomarlo de la mano y llevarlo hasta su cuarto para tranquilizarlo. Ayúdenlo a volver a su cama, hablen con él, pónganle música relajante y quédense con él hasta que concilie el sueño. Creen rutinas emotivas antes de dormir: transformen el último momento del día en uno lleno de amor, cariño y caricias. Así, su hijo se sentirá tranquilo y respaldado.
Refuercen su seguridad: cuando acuesten a su hijo en la cama, recuérdenle que puede llamar a papá o a mamá en cualquier momento. Si se despierta, por la noche, vayan a su cama y acompáñenlo. No olviden ayudarlo a enfrentar sus miedos a través del juego y la lectura.
Consejo Mi bebé
Es importante que, desde temprana edad, los niños tengan su propio espacio. Esto les ayudará a generar sentido de independencia y evitará, en el futuro, que quieran dormir con los padres.
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