
Habían hablado acerca del momento para tener un hijo, no llegó de sorpresa, lo esperaban con alegría y ansiedad pero, al parecer, la ilusión los acompañó hasta el día del nacimiento, pues cada día es más difícil entenderse y pasar un rato de tranquilidad. La verdad es que entre los cuidados que requiere el bebé, y el cansancio permanente por la falta de sueño, la pareja ha pasado a un último plano. Él se nota molesto y en lugar de colaborar hay que rogarle que haga cosas que para ella son totalmente obvias.
Este escenario es más común de lo que parece en los hogares donde hay un bebé recién nacido o menor de un año. Incluso cuando se trata de parejas que llevan mucho tiempo juntas, la tensión de esta nueva presencia que llena de alegría –pero también de obligaciones y temores– puede generar dificultades.
Estudios han determinado que más del 80% de las parejas experimentan un bajonazo en la calidad conyugal con la llegada del primer bebé. Esto resulta por factores que van desde falta de sueño y depresión posparto a aislamiento social y desigualdad en la distribución del trabajo doméstico.
Saber que se trata de una crisis normal resulta tranquilizador y facilita la salida. Es necesario no cargarse de resentimientos y tensiones para poder encontrar una solución que pasa por temas prácticos como hablar de lo que cada uno siente y teme, conseguir ayuda extra para algunos días u horas del día para que ambos padres puedan dormir mejor y reorganizar las cargas domésticas teniendo en cuenta que amamantar, y ocuparse del bebé y de sus cosas (como alistar la ropa, los teteros, las citas médicas) no hacían parte de la vida anteriormente. Es decir que si antes las cargas eran por mitad, ahora cada mitad contiene más actividades.
A medida que el bebé aprende a dormir mejor, el sueño se recupera y las personas se van acoplando a las nuevas tareas. Encontrar un poco de tiempo para estar juntos como adultos y comprometerse como pareja en la tarea de ser padres es parte fundamental para sobrevivir a la crisis.
Consejo de mi bebé
La mamá debe tener mucho reposo, lo ideal es dormir cuando el bebé duerme.
Pasadas las dos primeras semanas, vale la pena revisar las cargas domésticas para estar seguros de que la mamá no está demasiado recargada.
Los papás pueden sentirse desmotivados los primeros meses, pues no son de gran ayuda con el bebé directamente. Su apoyo es fundamental en otras áreas, esto es importante hacérselo saber.
También es fundamental tener claro que esta etapa pasa y que muchos cambios de humor son producto del cansancio y los cambios hormonales y no de aspectos esenciales de la relación de pareja.