
solíamos esforzarnos por evitar que las tiras del brasier se asomaran, que las copas se notaran a través de la blusa y que, por un descuido, los calzones se salieran del pantalón. Hoy pasa lo contrario: se buscan formas cada vez más originales y atractivas de lucir la ropa interior por fuera.
Lo que comenzó como una tendencia callejera saltó a las pasarelas e inspiró a diseñadores como Marc Jacobs, Zana Bayne, Prada y Christian Dior. Sería más exacto decir que volvió a inspirarlos, ya que no es una idea completamente nueva. Se vio primero tímidamente en los años veinte, con atuendos creados a partir de camisones de dormir transparentes. Luego, a finales de los setenta, por cuenta de los punks londinenses, quienes dejaban al descubierto parte de sus calzones o bóxers. Y finalmente en los noventa, gracias a Jean Paul Gaultier y la onda del hip hop.
Angélica Gallón, editora de moda de Univisión, cuenta que fue con Gaultier con quien comenzó realmente esta revolución. Para el tour Blond Ambition de Madonna, diseñó todo un armario de corsés que saltaron a la fama por un modelo que hizo historia: una polémica pieza ceñida al cuerpo y con copas triangulares.
En ese entonces, parecía imposible que la tendencia se materializara abajo de un escenario y en un cuerpo que no fuera esbelto. No osbtante, fue viable gracias a la creatividad de jóvenes libres de prejuicios y estereotipos; a influenciadoras de moda cuyas fotos circulan incesantes en las redes, y a actrices y modelos que quisieron romper con los moldes. Casas de alta costura como Prada las escucharon y reinventaron el corsé. Lo convirtieron en un accesorio que ya no ciñe ni constriñe, sino que se superpone a vestidos y abrigos para darles un toque arriesgado y único.
Gaultier y Prada no fueron los únicos responsables de este fenómeno. “En el movimiento del hip hop, los resortes de los bóxers hacían parte de la identidad con la misma importancia que los jeans o las grandes camisetas. Eso contribuyó a esta constante de insinuar la ropa interior hasta volverla exterior”, explica Gallón.
Y es que la ropa, según lo explica la editora, se ha vuelto cada vez más transparente. Lo que antes no se mostraba, porque resultaba vulgar, ordinario y atrevido, ahora es un complemento. La ropa interior ya no se esconde sino se exhibe. En 2010, Marc Jacobs mostró sus pantalones bombachos azul cielo con una colección de brasieres del mismo color. Y, en 2013, le dio vida a una colección inspirada en ropa interior para Louis Vuitton.
Foto: Daniel Álvarez.
Los arneses artesanales en cuero de la neoyorquina Zana Bayne, que simulan la forma de un sostén, se superponen a tops, camisetas y vestidos. Madonna y Lady Gaga los han hecho famosos. Así como sus pasarelas, en las que no solo desfilan modelos delgadas, sino aquellas con curvas y mamás que llevan a sus bebés en brazos.
Los hombres no se quedan por fuera. Esa moda noventera de lucir el resorte de los bóxers por encima de los jeans regresó con fuerza de la mano de marcas como Calvin Klein. My Calvins es el nombre de la campaña con la que busca posicionar esta tendencia. En Instagram se han publicado más de 150.000 fotos de personas que posan con el famoso logotipo, y personalidades como Justin Bieber lo exhiben constantemente.
Las prendas interiores deportivas también salieron del clóset para convertirse en crop tops y lucirse debajo de un overol o con jeans. Lo mismo sucedió con los bodies, que ahora se combinan con chaquetas, sacos y hasta abrigos. Y ni qué decir de los camisones de seda para dormir; son los nuevos vestidos de fiesta y protagonizan alfombras rojas y eventos en la playa.
Cuando el bralette (un brasier de encaje sin varillas) no está a lo Kendall Jenner –sobre una camisetica blanca–, se dibuja detrás de una blusa de seda. Los papeles se invirtieron. Lo que nos esforzábamos por ocultar en algún momento ahora salta a la vista, se exagera y se muestra con orgullo en señal de victoria, de liberación.
Foto de apertura: Getty.