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“A Colombia la conozco perfectamente”

El experimentado delantero uruguayo Sebastián Abreu dice que su selección viene a Bogotá a ganar. Alaba el trabajo de Jorge Luis Pinto y la producción de Colombia en la eliminatoria. Decidió emigrar este semestre al balompié israelí, en el que juega para el Beitar Jerusalem.

01 de septiembre de 2008 – 03:35 p. m.

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A punto de cumplir los 32 años, Sebastián Abreu está cada vez más lejos de merecer el apodo de Loco, con el que se le conoce en el ambiente del fútbol.

Después de haber paseado su talento goleador por distintos países (Uruguay, Argentina, Brasil, España, México y ahora Israel), la madurez parece haber alcanzado a este delantero uruguayo, que demuestra tener los pies bien puestos sobre la tierra  antes del enfrentamiento entre su selección y la de Colombia por la eliminatoria suramericana al Mundial de Fútbol 2010.

“Para nosotros es un rival directo, por eso el partido del sábado será vital para ubicarnos en una posición más interesante y no depender de nadie”, señala.

Es que, disputadas seis fechas, los números a los charrúas no les cuadran. Son sextos en la tabla y sólo lograron cosechar  ocho puntos. Lo más preocupante es que cuatro de esos encuentros fueron como local. Los inesperados empates frente a Chile y Venezuela en el estadio Centenario obligan ahora  a los celestes a recuperar esos puntos fuera de casa.

Teniendo en cuenta eso, ¿cuál será el planteamiento de Uruguay en El Campín?

La idea es ganar. Queremos los tres puntos, esa convicción no va a cambiar. Tomaremos las precauciones necesarias, pero queremos tratar de jugar bien, ser un equipo prolijo, compacto, para comenzar a recuperar los puntos perdidos en casa.

¿Qué explicación le da a esos resultados negativos?

Uruguay debió ganarle a Chile y a Venezuela, y no mereció perder con Brasil. En los tres partidos generamos muchas situaciones, pero para ganar se necesitan goles y en eso tenemos una cuenta pendiente: debemos concretar lo que producimos.

¿Le sorprende la buena campaña de Colombia, el único invicto de la competición?

No, para nada. Conozco muy bien a Jorge Luis Pinto desde que dirigía al Cúcuta y me gusta como ordena tácticamente a sus equipos. Es evidente que le cambió la cara a Colombia en esta eliminatoria. Ha cosechado una cantidad interesante de puntos y eso no es fácil de lograr.

En este proceso que dirige Óscar Tabárez se evidencia un cambio en el juego de Uruguay, como que están dejando de lado la tradicional “garra charrúa” para intentar un juego más vistoso

La famosa garra sigue estando en cada jugador uruguayo, pero en el buen sentido de la palabra. Aparece a la hora de pelear una pelota mano a mano, de luchar un balón aéreo, en hacer sentir el rigor al adversario, pero siempre dentro de los límites permitidos por el reglamento. Esa actitud se mantiene, pero positivamente, sin agresiones y dándole prioridad al buen juego y a mantener la ideología de juego que propone el maestro Tabárez.

¿Se siente cómodo en un equipo plagado de jugadores jóvenes?

Claro que sí, pero más contento me siento de participar en este proceso, que es el más serio que se plantea en Uruguay desde que yo tengo uso de razón. Esta es la primera vez que veo en los dirigentes la intención de devolverle el prestigio y la

jerarquía a la selección a través de gran cantidad de partidos amistosos y, sobre todo, respetando una idea clara de juego. Esta identidad no sólo se da en la selección mayor, sino en las sub 15, sub 17 y sub 20, el modelo es el mismo. Entonces cuando aparecen nuevos talentos ya saben a qué juega Uruguay y qué es lo que tienen que hacer.

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También hay mayor velocidad en el juego uruguayo.

Eso viene de la mano de un cambio generacional importante que se está dando en mi país. Hay una base impresionante de jugadores participando de las ligas más competitivas del mundo. Entonces la idea es que esa experiencia, esa dinámica, esa forma en que se entrenan en Europa, la puedan trasladar a esta selección que tiene una deuda pendiente: siempre tuvo grandes jugadores, pero no logró que rindieran cuando los juntaba.

¿Los 2.600 metros de altura de Bogotá pueden influir?

La verdad es que después de tantos años en el fútbol me parece que hay que empezar a desvirtuar los mitos a través de la psicología. Si el balón está en nuestro poder, el que va a correr es el jugador colombiano y el fantasma de la altura va a desvanecerse. Todo pasa por ahí.

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¿Qué le preocupa de Colombia?

Lo que más me preocupa es que Uruguay no esté acorde a las circunstancias del partido. Si estamos bien, podemos suplir cualquier adversidad que nos presente el rival. A Colombia la conozco perfectamente, ya que jugamos varios amistosos con ellos: algunos matices son inquietantes, como la pelota quieta, el juego aéreo y la velocidad de sus delanteros.

¿Cuántos puntos hacen falta para clasificar al Mundial?

Eso de hacer cuentas es como ponerse uno mismo un techo. Creo que hay que analizar partido a partido e intentar quedar siempre dentro de los cuatro puestos de clasificación, porque eso, inconscientemente, es un elemento de presión para los rivales.

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¿Podría arriesgar un resultado para el sábado?

La bola de cristal se me partió hace unos días (risas). Lo único que puedo anticipar es que Uruguay va a Bogotá con la intención de ganar.

Después de consagrarse campeón con el River Plate de Argentina, Abreu decidió aceptar una propuesta del Beitar Jerusalem, uno de los tres equipos más populares de Israel. Los nueve goles convertidos y la Vuelta Olímpica  parecen no haber sido suficientes para ganarse el cariño del público millonario.

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¿Por eso decidió viajar a Israel?

No, a mí me movió la posibilidad de jugar torneos europeos. Siempre me quedó esa cuenta pendiente desde cuando jugaba en el Deportivo La Coruña. Lamentablemente no lo pudimos conseguir porque el Beitar Jerusalem fue eliminado por el Wisla Cracovia en la fase previa de la Champions League. Naturalmente que el aliciente económico también fue importante para aceptar este desafío.

¿Cómo es el fútbol allá?

Se transita muy rápido la mitad del campo y hay mucha agresividad en la marca. Ya me tocó sufrir barridas a doble pierna desde atrás. Lo mas cómico es que los árbitros lo permiten casi todo, para sacar una tarjeta tienen que ver algo de sangre (risas).

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