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Rafael Nadal
El año del español, con tres títulos conquistados y siete finales perdidas, sólo se entiende en paralelo al de Djokovic. Clasificado para tres finales grandes, todo un éxito, perdió en dos ante el serbio y ganó Roland Garros. Nadal, además, cedió los seis enfrentamientos que lo midieron con el mejor del momento y, en consecuencia, perdió el número uno. Londres, donde alcanzó la final en 2010, será para el número dos una peligrosa estación de paso. Competitivo como es, luchará al máximo contra los mejores en su peor superficie: cemento bajo techo.
Roger Federer
Por primera vez desde 2003, el suizo cerrará una temporada sin haber conquistado un torneo grande. Pálido en comparación consigo mismo, en la retina aún perdura su estupendo partido de semifinales en Roland Garros (acabó con la imbatibilidad de Djokovic) y su fantástico inicio en el duelo por el título de París. Un encuentro atestigua que aún es capaz de un altísimo nivel de juego, pero no de mantenerlo continuadamente: desaprovechó dos puntos de partido ante el número uno en semifinales del Abierto de EE.UU. Defiende el título en Londres.
Novak Djokovic
No hay un tenista más calificado que Rafael Nadal, su víctima preferida de 2011, para definir la impresionante temporada del serbio. “Novak, felicidades. Lo que has hecho es imposible de repetir”, le dijo el mallorquín al número uno mundial, tras la final del Abierto de Estados Unidos. Es el último título hasta la fecha de ‘Nole’, que en este curso ha vencido a tres grandes y ha pasado del número tres al uno. Con la nimiedad de 10 títulos y sólo cuatro derrotas, el serbio jugará en Londres dolorido en un hombro y pensando en 2012, cuando defenderá una cantidad terrible de puntos.
Andy Murray
Por primera vez en su carrera, el británico desplazó al suizo Roger Federer y ascendió hasta el número tres. Sus éxitos, como sus victorias sobre Nadal o Djokovic, retirado en Cincinnati, han quedado borrados por su rendimiento en los grandes: capaz de llegar, como mínimo, a la penúltima ronda de todos los disputados en 2011, sigue sin conquistar un torneo del Grand Slam. Murray dominó la gira asiática con un estupendo nivel de juego y conquistó tres torneos. Está invicto desde el Abierto de Estados Unidos.
David Ferrer
Clasificado por segundo año consecutivo para la Copa de Maestros, el número cinco del mundo competirá con el objetivo de sumar todo lo que no logró en 2010: se marchó sin conocer la victoria. Su temporada, estupenda en regularidad y nivel de juego, queda matizada por sus resultados en los grandes escenarios. Ganador de dos títulos en 2011, semifinalista en el Abierto de Australia y finalista en Montecarlo y Shanghái, se acerca al final de su carrera sin haber triunfado en un Masters 1000 o llegado a una final de Grand Slam.
Thomas Berdych
El checo se ha clasificado por inercia. Como sus perseguidores, es víctima de un circuito dominado por los cuatro mejores, que apenas dejan resquicio para que el resto de tenistas se luzcan bajo los focos. Tras alcanzar la final de Wimbledon 2010, donde cedió ante Nadal, ha naufragado en los grandes en 2011: no pasó de cuartos en ninguno ni obtuvo resultados que merecieran grandes titulares. La superficie de Londres se ajusta a su estilo de juego. Es el número siete del mundo.
Mardy Fish
Tras dejar las pizzas, las hamburguesas y las papas fritas, el estadounidense ha bajado de peso y eso le ha permitido expresar el talento que siempre ha tenido. Con los cuartos de Wimbledon como mejor resultado en los grandes y la final de Montreal como punto álgido del curso, Fish, debutante en la Copa de Maestros, demostró también su fragilidad como competidor. Acabó devorado por la Copa Davis. Con él como número uno del equipo, Estados Unidos perdió contra España. Fue un naufragio en toda regla. Llega a Londres con el rótulo del ocho del mundo.
Jo-Wilfried Tsonga
Apreciado por los aficionados y temido por los rivales, dos cosas separan a Tsonga de la gloria: un revés mejorable, que alterna entre dos y una mano, y una actitud incomprensible, que igual lo lleva a remontar dos sets de desventaja en cuartos de Wimbledon y ante el mismísimo Federer, que a perder en primera ronda de un torneo menor. Inspirado, el francés es un huracán. Bajo techo y en cemento, un peligro a tener en cuenta. Más aún, ahora que juega libre de ninguna atadura, tras romper con su entrenador. Es sexto de la ATP.