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Son las 10 de la mañana del viernes 1° de enero, cuando en el lobby del hotel 725 Continental, de Buenos Aires, se abre la puerta de uno de los ascensores y aparece Carlos Sainz (Madrid, 1962) vestido con las bermudas y el polo del equipo Volkswagen.
El español, dos veces campeón mundial de rallys (1990 y 1992) y sin duda una de las grandes leyendas de esa especialidad, quiere desquitarse del fiasco del año pasado, cuando, a tres días del final del Rally Dakar, el más importante del mundo, y con media hora de ventaja sobre el segundo, se despeñó por un barranco de cinco metros y destrozó el coche.
Sainz, de 47 años de edad, más de 30 dedicados al automovilismo, camina tieso como un palo. “No sé si es debido al avión o a que he dormido fatal, pero el cuello me está matando”, se queja. Pide un café cortado y se sienta en un sofá a charlar sobre la edición 2010 del Dakar por tierras de Argentina y Chile, en la que es el máximo favorito.
Este es su cuarto Rally Dakar. ¿La experiencia acumulada durante estos años le ha llevado a cambiar su forma de afrontar la carrera?
Ahora conozco mejor la filosofía de esta prueba, cómo responde el coche en las dunas y en la arena. Además, el equipo cada vez está más preparado. Todo eso hace que afronte el Dakar más tranquilo, con menos incertidumbre.
¿En qué situaciones concretas se detecta esa mayor experiencia?
El Dakar es un gran ejercicio de paciencia. Para una persona bastante impaciente como es mi caso, al principio era muy complicado. Cuando el copiloto duda y te pide que te pares o si te equivocas, vas por el camino malo y tienes que dar la vuelta. En todos esos casos antes me agobiaba mucho. Es evidente que esas cosas me siguen generando estrés porque el cronómetro no se para, pero he aprendido que, a lo largo de un Dakar, eso le pasa a todo el mundo tarde o temprano. Yo venía de una especialidad en la que contaban los segundos y las décimas y esto es distinto.
Usted siempre dice que no va tan rápido, que no fuerza más de lo que debe. Pero sus rivales aseguran que vuela.
Lo que me encantaría es que la gente que dice eso lo analizara. Yo llegué al Dakar el primer año y se me criticó porque iba muy rápido. Pero el coche estaba intacto hasta que se me rompió el embrague. Allí perdí un montón de tiempo. Luego lo repararon, me reenganché y seguí ganando etapas. Ningún ingeniero puede decir que yo golpeo el coche. Al revés, cuando lo miras por debajo no tiene ni un rasguño. Llega la segunda edición y lo mismo: gano etapas y voy delante. Hasta que se me rompe la dirección asistida. Al día siguiente me lancé a recuperar tiempo y se rompió el motor. Ese mismo día le pasó a De Villiers y al principio a Vatanen. Mi coche siempre ha estado intacto.
Si el año pasado hubiera ido un poco más lento, ¿habría podido ver el barranco por el que se despeñó?
Es que no se veía. Detrás de mí, un BMW que iba parado se quedó con una rueda colgando en el aire y un Mitsubishi se nos habría caído encima si no lo llega a parar un comisario. Hasta ahora, nadie puede decir que me he dado contra un árbol por ir demasiado rápido o que vaya rompiendo el coche. Pregúntele a los ingenieros. ¿Cómo devuelve Carlos el coche? Por ejemplo, este año, con Al Attiyah, el nuevo piloto de Volkswagen, ha habido carreras en las que sí que a los dos nos daba igual el coche porque íbamos picados. Ahí sí que, si me hubiera despeñado, habría tenido que reconocer que me había tragado una piedra o lo que fuera. Pero en el Dakar, nunca.
¿Se acostumbra a las dunas?
Eso es lo que más me ha costado. Antes iba pasando y a la quinta ya me pegaba el susto. Ahora, ya no. Me lo tomo con mucha calma y corro sólo cuando sé que puedo hacerlo. En las dunas sólo me preocupa pasar, no quedarme enganchado. Para ir rápido en las dunas no hay que saber conducir, hay que haber pasado muchas. Si quieres ir rápido, puedes hacerlo, pero tienes que saber que te la vas jugando. No sabes si la duna tiene más corte o menos y la mayoría de las veces no ves nada hasta que la has coronado. Al abordar una duna siempre tienes que ponerte en el peor de los casos porque, si no lo haces, tarde o temprano…, ¡catapum!
Si hubiera ganado ya el Dakar, ¿estaría aquí ahora?
Es que yo en el Dakar disfruto mucho. El otro día, antes de viajar a Buenos Aires, mi mujer me preguntó: “¿Tanto te compensa el Dakar? Pasar la Navidad fuera, no venir a esquiar con nosotros… Si pudieras cambiar tu decisión, ¿te quedarías?”. Y yo le dije que me sigo divirtiendo, que disfruto y que el día que no lo haga se me notará mucho. ¿Qué es lo que no me divierte del Dakar? Hombre, si pudiera cambiar las fechas, las cambiaría, aunque también sé que son los días ideales para un evento así. Sobre ir a correr el Rally Dos Sertões o irme a hacer unas pruebas a Marruecos en verano, pues evidentemente que no me apetece mucho. Pero el Dakar va en un paquete y lo compras o no lo compras. Además, para qué negarlo, ganarlo es una deuda que tengo pendiente. He logrado muchas victorias, en todas las carreras importantes, me falta el título en ésta.
¿Es verdad que cuando corre no sabe por dónde pasa?
Es que voy tan concentrado en la conducción y en el camino para ir rápido que no tengo tiempo para ver el paisaje. Me acuerdo de que, en África, todo el mundo me preguntaba por el Paso de los Elefantes y yo no sabía de lo que me hablaban. Al final, le dije a Michel Perin, mi copiloto en las dos últimas ediciones, que me avisara. Al menos, para poder decirles a mis nietos que he pasado por allí. Pero yo iba tan enfrascado en el camino que no recuerdo nada. En todos estos años me parece que ha habido dos veces que he pasado por un sitio que me ha llamado la atención y he tenido tiempo para pensar en lo bonito que es.
¿Por qué ha decidido cambiar de copiloto y formar pareja con Lucas Cruz, un ex compañero de Nani Roma?
Hablar el mismo idioma hace que el desgaste mental sea muy inferior. Yo pensaba que no sería tan exagerado. El primer año, con el alemán Andreas Schultz, lo pasé fatal porque íbamos a toda velocidad y él no hablaba muy bien inglés, entonces de la información que venía en el libro de ruta me transmitía la mitad. Y cuando te metes en un lío es un drama. Ahora, no. Con Lucas nos podemos gritar en español y todo es mucho más fácil, práctico y menos cansado.
El abandono de Mitsubishi de los rallys allana el camino a Volkswagen. ¿Quién cree que se lo pondrá más difícil: De Villiers, que es mucho más conservador, o Al Attiyah, que es más agresivo?
Ojo, que De Villiers, en esta carrera, no va lento, ¿eh? Yo iré al ritmo que crea que debo ir. No descarto que Al Attiyah vaya delante de mí. Si va más rápido, pues bien por él. Y aquí hay un piloto con el que no estamos contando que es Stéphane Peterhansel, que corre con BMW. El año pasado, el que nos apretó las clavijas a los Volkswagen fue Al Attiyah con el BMW. El coche tiene posibilidades y funciona. Otra cosa es lo que vaya a durar. Pero Peterhansel no es manco y ha ganado la carrera, sabe qué es lo que debe hacer.