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Parecía estar destinado a repetir la historia de su ciudad, Puerto Colombia, que en algún momento fue pensada como la puerta de entrada al país, con su gran muelle en el que desembarcaban barcos cargueros de varios países del mundo, pero ahora está a punto de desaparecer por el abandono. Pero Carlos Bacca está haciendo historia. Ayer, aunque no marcó gol y fue sustituido en el segundo tiempo, clasificó con el Sevilla a la final de la Uefa Europa League, al derrotar en la serie semifinal al Valencia. El rival en la final, que se jugará el 14 de mayo en Turín, será el Benfica de Portugal, que dejó en el camino al Juventus.
Un gol en el tiempo extra del camerunés Stéphane Mbia llevó al Sevilla a su tercera final. El equipo sevillista frustró las ilusiones del Valencia, que se había situado con una ventaja de 3-0. A pesar de la derrota por 3-1 en Mestalla, el Sevilla regresa a la lucha por el título continental que ganó en 2006 y 2007.
Lejos de poder cumplir el sueño de convertirse en jugador profesional, Bacca dedicaba su tiempo a trabajar como ayudante en los buses intermunicipales de la empresa para la que jugaba. Era la persona encargada de cobrar los pasajes y darle la plata al conductor. Su jornada comenzaba a las 4 de la mañana y terminaba muy cerca de las 11 de la noche. Su madre, Eloísa, siempre fue un apoyo para no desfallecer. Cuenta que “él hacía su trabajo de una manera muy responsable, siempre les hemos inculcado a nuestros hijos el hacer las cosas bien, pero no lo veía feliz, porque desde niño había estado pateando balones y al no estar haciéndolo se le notaba que algo le faltaba”.
David Pinillos, hoy técnico del Júnior de Barranquilla, al verlo jugar en un partido interempresas, no dudó en abrirle las puertas del Barranquilla F.C., cuadro que dirigía por esa época. A Bacca el fútbol parecía hacerle un guiño para que viviera de él, pero en ese equipo no la pasó bien, no tuvo continuidad y tras el desespero aceptó ir en préstamo al Minervén de la segunda división de Venezuela. Allá triunfó y marcó 13 goles, fundamentales para que su equipo ascendiera a la primera división.
El Barranquilla F.C. pidió que volviera y lo hizo como los grandes. Fue goleador de la Primera B con 15 tantos y se ganó el derecho a ser invitado por el cuerpo técnico del Júnior de Barranquilla, en cabeza de Julio Comesaña, a un entrenamiento. Sus quiebres de cintura y su talento sobresaliente hicieron que lo incluyeran en el equipo para el comienzo de ese semestre. En su debut jugó 20 minutos, tocó el balón dos veces y anotó dos goles, decretando que “Bacca comió Pasto”, como titularon los diarios regionales ese día.
Carlos no correría con la misma suerte que su ciudad y desde entonces su vida futbolística comenzaría a ser como la soñó de niño. Salió de Júnior hacia el Brujas de Bélgica como un verdadero ídolo. Logró dos títulos con un aporte bastante significativo: cuatro Botines de Oro y 73 goles. Aunque le costó adaptarse, sobre todo por la falta de oportunidades en la primera temporada, en su segundo año se destapó: marcó 25 goles en 35 partidos, fue galardonado en dos oportunidades como el mejor jugador de la Liga belga y ganó el Botín de Oro.
El pasado verano el Sevilla de España pagó los cerca de siete millones de euros que pedía el club belga por su delantero estrella. El equipo andaluz estaba en busca de un reemplazo de su goleador Álvaro Negredo, quien fue transferido al Manchester City de Inglaterra, y las características de Bacca podrían llegar a asemejarse. El colombiano firmó por cinco temporadas y el club que quiera contar con sus servicios en un futuro deberá desembolsar mínimo 30 millones de euros. El hijo de Puerto Colombia no ha dejado de sorprender. Desde que se puso la 9 del Sevilla no se ha olvidado de hacer goles de gran factura. Ha celebrado 21 tantos entre Europa League y Liga. “Me siento como en Barranquilla. Sevilla es una ciudad espectacular en la que estoy feliz junto con mi esposa y mis hijos”, reconoce el delantero de 27 años, quien vive su mejor momento como futbolista, justo en el año del Mundial.
Luis Fabiano, el mítico brasileño que triunfó en el equipo andaluz en temporadas anteriores, le heredó su casa, una mansión a la orilla del mar en la que hasta el escudo del Sevilla está dibujado en el fondo de la piscina. Los sueños de Carlos no paran y su techo parece estar lejos. Ahora su máximo objetivo es prepararse de la mejor manera para ser convocado por José Pékerman para el Mundial de Brasil 2014. Después luchará por un puesto en la titular. Con seguridad, recalca que “así como desde niño me imaginaba haciendo goles en el Metropolitano y en muchos estadios del mundo, siempre he soñado con jugar un Mundial. En ocasiones me imagino por el túnel de uno de los estadios de Brasil saliendo con mi selección”.
Claramente, el presente de Carlos es mucho más fructífero que el de su ciudad olvidada. Mientras a Puerto Colombia se la come el mar, las oportunidades de Bacca para crecer más y más son tan anchas como el océano.