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Fue hace exactamente un año, el 20 de abril de 2011, que Mourinho venció por primera vez, como técnico del Real Madrid, al Barcelona. El cabezazo incontestable de Cristiano Ronaldo le dio la Copa del Rey, su primer y hasta ahora único título al frente de los madridistas, y probó que los azulgranas no eran exactamente invencibles.
Sin embargo, la historia general no ha sido la más grata para el estratega portugués, y refleja la superioridad catalana: de 10 encuentros disputados ha perdido cinco, empatado cuatro y apenas ganado uno. Lo ha intentado todo el luso, y casi siempre el fútbol total, de salón, que propone Guardiola, herencia innegable de Cruyff y más atrás de Rinus Michel, ha salido victorioso.
Tienen un patrón común estos partidos: son definitivos. Incluso aquel 5-0 de la fecha 13 de la temporada pasada inclinó la Liga bastante hacia los de Guardiola, que terminaron ganando, además de campeonato español, la Supercopa, la Champions y el Mundial de Clubes. Hoy, cuando vuelvan a enfrentarse en el Camp Nou, el campeonato español podría definirse o alargarse: o se decantará hacia los blancos (ya sea manteniendo la ventaja de cuatro puntos, o ampliándola, en caso de una victoria) o bien lo hará del lado de los campeones defensores (que podrían reducir la diferencia a apenas un punto).
“La solución contra nosotros es quitarnos la pelota o trucar las condiciones de juego. Hacernos actuar en un terreno muy seco o con el césped alto”. Así lo ha expresado Xavi (que hoy se convierte en el jugador azulgrana con más clásicos disputados) al diario deportivo francés L’equipe, en una declaración de principios que atiza el enfrentamiento de estilos y filosofías de juego: la belleza y la retórica (a veces excesiva) del fútbol catalán, y el pragmatismo y el vértigo (a veces también excesivo) de los de Madrid. Mientras uno hace del medio un fin en sí mismo (la elaboración de juego), el otro procura evitarlo. En función de aquello, cada cual buscará llevar el partido a su zona de confort: la tenencia de la pelota o la fricción y el físico.
Más allá de eso, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi funcionan como símbolos de ambas escuadras y de sus cifras astronómicas. Empatados a 41 goles en la tabla de goleadores del campeonato, sus promedios son parecidos: 1,24 goles por partido del portugués contra 1,28 del argentino, que le ha marcado 13 veces al Real Madrid (8 por Liga), frente a las cinco ocasiones de Ronaldo (1 en el torneo). En tanto que uno anota cada 81 minutos (Ronaldo), el otro lo hace cada 72. La liga, en esa medida, parece un asunto de dos.
“Vendrán a ganar el partido, a apretar”, definió Guardiola. “Cuando los dominemos saldrán al espacio, porque ésa es una de sus grandes virtudes. El Madrid será un rival menos defensivo que el Chelsea, porque siempre crea más problemas que ningún otro equipo”. Y añadió: “Sólo nos queda vencer. Y si no, ya habrá campeón”. Mourinho, por su parte, prefirió no declarar. Como es habitual desde hace algunas semanas, en su lugar habló Aitor Karanka, su ayudante, que señaló lo trascendental del cotejo. “Son tres puntos importantes porque cada vez queda menos, y está claro, que sea cual sea el resultado, van a quedar cuatro partidos por jugar. Desde aquí vamos a seguir trabajando con la misma naturalidad como hacemos hasta ahora. Ganando, empatando o perdiendo la mantendremos hasta el final”, señaló.
En ese mismo sentido, rechazó la idea de que los jugadores estén fatigados luego de una larga temporada jugada al tope de forma. “El equipo no está cansado. Ha habido lesiones, sanciones y rotaciones. En un partido así, no tiene que haber cansancio”, aclaró.
Al margen de todas las palabras, quedará el partido, la confrontación absoluta, el duelo que otra vez paralizará el mundo.