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El famoso gol de Geofrey Hurts, en la final del Mundial de 1966, pasó este domingo a la historia. Ya no se hablará más de esa polémica jugada sobre la que 44 años después todavía no hay unanimidad, porque de ahora en adelante el debate será sobre lo que hubiera sido el duelo entre Inglaterra y Alemania si el árbitro uruguayo Jorge Larrionda valida el gol que marcó Frank Lampard, cuando el juego estaba 2-1 a favor de los teutones.
La pelota golpeó el travesaño y rebotó en el piso un metro adentro del arco, pero ni el juez uruguayo ni su asistente Mauricio Espinosa se percataron del hecho, que probablemente habría cambiado el curso del partido, porque significaba la igualdad inglesa luego de ir abajo 2-0.
Y esa necesidad de empatar fue la que hizo que los dirigidos por Capello se fueran al ataque y regalaran espacios a los alemanes, quienes con contragolpes letales liquidaron el compromiso con dos anotaciones de Thomas Mueller, el Bombarderito, no por su parecido físico al histórico Bombardero Gerd Mueller, sino por su efectividad en el área.
“Lo único que puedo decir, más allá de la derrota y de que jugamos mal, es que marcamos dos goles y que en el momento del empate los alemanes estaban temerosos. Todo habría sido diferente”, dijo al final del juego el técnico de los ingleses, para quien el tercer gol de sus rivales liquidó el compromiso.
Joachim Loew, estratega alemán, destacó en cambio la disposición de sus hombres para “encarar el partido como lo que era, una final. Tuvimos dinámica, orden y contundencia, que son factores que en estas instancias marcan la diferencia”. Agregó que “este es un equipo joven, al que le falta experiencia. De hecho, todos los jugadores militan en la liga local, pero tiene sueños y ambiciones que los hacen dejar todo sobre la cancha”.
El duelo en Bloemfontaine, que en las tribunas ganaron los ingleses por cantidad, pero lo alemanes por apoyo a su equipo, fue el quinto entre esas naciones en la historia mundialista, en la que ahora los teutones están en ventaja. Sirvió, además, para que los germanos presentaran nuevamente credenciales de cara al título, porque tuvieron una gran actuación colectiva y recuperaron a sus artilleros, Mueller, Lukas Podolsky y Miroslav Klose, quien además llegó a 12 tantos en tres mundiales, marca que comparte ahora con Pelé.
Inglaterra, en cambio, se fue del torneo con más pena que gloria, porque era una de las candidatas a llegar a la final. Ninguna de sus estrellas brilló, aunque el único que tenía excusa era Wayne Rooney, quien se lesionó hace un mes y a pesar de que físicamente se recuperó, futbolísticamente no alcanzó su mejor nivel.
En defensa tuvo una actuación fatal en sus cuatro partidos y permitió este domingo un gol increíble con el que comenzó la fiesta alemana, tras un saque del arquero Manuel Neuer que nadie atinó a reventar y que le quedó en el área a Klose para que pusiera a los teutones en ventaja.
Por todo eso, en lo futbolístico el resultado fue justo. Sin embargo, la polémica por un nuevo gol que no fue durará por mucho tiempo y copará los titulares de los principales medios. “Justicia divina”, dicen los periodistas alemanes, “injusticia absoluta”, señalan los ingleses.