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Las consecuencias se han extendido a todas las disciplinas. Algunas competiciones, como el próximo Gran Premio de Francia de Fórmula 1, han desaparecido. También algunos conjuntos, como el Akasvayu Girona, al que el derrumbe inmobiliario ha mandado de la ACB a la LEB Bronce. No sólo padecen patrocinadores de nuevo cuño como era Akasvayu. Un clásico del balonmano, el Teka Cantabria, no pudo superar las dificultades y mantenerse en la ASOBAL. Las entidades bancarias han suspendido o reducido sus aportaciones.
El fútbol, habitual foco de inversiones, ha pagado el crash. Al bajón en el mercadeo de jugadores se ha unido el problema para encontrar un patrocinador solvente. El líder de la Liga, el Valencia, promociona en sus camisetas a Valencia Experience, una empresa en quiebra y que nunca le ha pagado. Después de que Toyota renunciara al patrocinio del club hace un año, la entidad contrató a esta sociedad dedicada a “empaquetar servicios de ocio para la promoción de la ciudad”. El Valencia recibiría seis millones anuales para que Villa y compañía llevaran en el pecho su nombre, pero olvidó pedir los avales de pago y Valencia Experience, hundida por la tormenta financiera, no ha soltado un euro. El club ha denunciado por impago a la compañía, pero sigue llevando su publicidad porque cambiar las camisetas es muy caro (2,5 millones de euros). El Betis busca refugio en los patrocinadores públicos (la Junta de Andalucía paga 400.000 euros), el Málaga y el Mallorca llevan gratis el nombre de sus ciudades y el Racing y el Deportivo han dejado sus camisetas en blanco tras irse a pique sus negocios con Conservas Lolín y Martinsa-Fadesa.
El baloncesto ha recibido el segundo golpe. La ACB se ha quedado coja por la dimisión del Akasvayu debido a una deuda de 6,5 millones y la imposibilidad de que otro equipo ocupara su plaza. Cualquier aspirante a la máxima categoría debe presentar un aval de 4,8 millones, estar al día con Hacienda y superar una auditoría. El Murcia sobrevive sin patrocinador tras la marcha de Polaris World.
Las marcas han huido de las camisetas tanto como de las monturas de las motos y los coches. Patrocinadores como Telefónica, Fortuna y Camel han dejado el Mundial de MotoGP y pegatinas de otros anunciantes que aportan menos dinero
han encontrado su hueco (el papel de fumar Rizla, en Suzuki, y las patatas fritas San Carlo, en Gresini). Esta temporada, sólo tres multinacionales, Repsol, Marlboro y Fiat, han vestido a equipos oficiales. Kawasaki y Tech 3 no han encontrador patrocinador. “Nos estamos preparando para detener el golpe”, avisa Manel Arroyo, director general de Dorna.
Con la hoja de ingresos en picado, las escuderías ahorran también en la fórmula 1. Williams paga la recesión del Royal Bank de Escocia, su principal patrocinador, y de la financiera Baugar. ING, imagen de Renault, seguirá unida a Fernando Alonso tras reclamar ayuda al Gobierno holandés. Y Honda recurrió a aportaciones individuales para su monoplaza. Los equipos esperan evitar el ejemplo de Super Aguri, que este año abandonó la parrilla arruinada después de sólo cuatro carreras. La crisis es tal que hasta las carreras están en peligro. Si hace un año Indianápolis renunció al GP de Estados Unidos, Francia ha sufrido el mismo castigo para 2009. El que, de momento, aguanta el tirón es el Banco Santander, que no sólo mantendrá sus 20 millones en McLaren la próxima temporada, sino que espera casi doblar la cantidad cuando en 2010 vista de rojo a Ferrari.
Claro que no todo son obstáculos. Los anunciantes en la Vuelta al Mundo de vela y la Copa del América tendrán ventajas fiscales por su interés general.
Reportaje elaborado con información de Nadia Tronchoni, Robert Álvarez, Manel Serras y Oriol Puigdemont.