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Hay que empezar diciendo que en esta edición del Tour de Francia que está por comenzar no contaremos con Egan Bernal. Y no es motivo de tristeza o de extrañeza. El colombiano viene de ganar el Giro de Italia, de reafirmar su valentía y su virtud para hacer historia en el ciclismo. Sin embargo, gracias a él es que desde hace dos años podemos ver el título de la carrera más añorada de este deporte como algo posible, no como la utopía que era antes de que el zipaquireño alzara el trofeo de campeón en París.
Lesiones que se lamentaron, pero que terminaron siendo maniobras del destino para que la historia se escribiera con tinta tricolor. Un cambio de estrategia y un colombiano de 22 años siendo el protagonista. Así se erigió el trofeo del Tour de Francia 2019 y el primer título para uno de los nuestros en esta competencia.
En la antepenúltima etapa del Tour de Francia 2019, en la subida a L’Iseran, Geraint Thomas le preguntó a Egan que cómo se sentía y el colombiano le respondió que bien. El número uno, que no tenía tantas fuerzas, le indicó que entonces atacara, a sabiendas de que incluso él estaba sacrificando la posibilidad de vestirse de amarillo.
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Los más meticulosos se enteraron que la etapa 20 del Tour de Francia fue recortada y se extendieron a lo largo de los 33,4 kilómetros que tenía la cima más alta de ese Tour de Francia (como llegada de jornada), una estación de esquí en la que el golpe del sol era tolerable por el aire frío que bajaba de los pocos glaciares que quedaban en los picos. Y fue imposible no reconocerlos, porque los colombianos eran difíciles de camuflar, y emotivos, y expresaron los sentimientos con gritos y movimientos. Y las gentes se contagiaron de la alegría, y la tomaron como propia. Como por ejemplo, Dieter Senft, mejor conocido como Didi Senft, un diseñador de bicicletas, fanático de las pruebas de las Ardenas, que se unió a un colombiano para pintar en una rampa empinada, muy estrecha, el apellido más famoso en Francia en aquel entonces, el que la gente más repitió en nuestro país: Bernal.
Egan por fin se vistió de amarillo en la carretera, y antes de la salida se le vio emocionado, con ese orgullo sano de las personas que no pueden dejar de ser sensibles y sencillas, de un ciclista que siempre ha mostrado el amor de los suyos, el cariño de todos, el respeto de sus rivales y la lealtad de sus compañeros.
El cundinamarqués estuvo protegido por su Ineos durante aquella etapa 20, sin mayores problemas, y fue el más buscado no solo por sus compatriotas que llegaron a los Alpes hasta con un día de antelación para lograr un buen lugar al pie de la vía, sino por el resto, por todos los aficionados al ciclismo porque Egan los había vuelto colombianistas.
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Y todo se dio así porque hay que recordar que una semana antes del Giro 2019, Bernal sufrió el golpe más duro de su carrera: se fracturó la clavícula. Quedó fuera de la ronda italiana. Y días después, Chris Froome tuvo una grave caída que lo bajó del Tour de Francia. Fue así como el zipaquireño llegó a la carrera por etapas más importante del mundo sin el tanque lleno y sin el mejor ciclista de la década. Solo con Geraint Thomas por delante, quien de una manera muy profesional, le cedió el liderato de la escuadra al colombiano porque estaba mejor que él.
Y con vigor los hinchas en el podio gritaron Egan, campeón, como lo hicieron un día atrás aquella vez, como lo hicieron desde que comenzó la carrera en Bruselas, cuando apaciguó los triunfalismos adelantados. “No me creo que lo he pasado. Hace unos años, estando en el MTB, veía todo lo que envuelve la ruta muy lejano. Y ahora estoy acá. Y me lo quiero gozar”, sus palabras antes de tomar la partida de las que serían las mejores tres semanas de su vida.
El sueño amarillo se hizo realidad un 28 de julio. Egan Bernal disfrutó el paseo victorioso en París y el himno colombiano retumbó en los Campos Elíseos por primera vez en la historia. Uno de los triunfos más importantes para nuestro país se hizo realidad ese domingo y sería solo el comienzo de una leyenda que sigue construyéndose en el presente, que dos años después de aquella gesta obtuvo otra: ganar el Giro de Italia.