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El último día de la París-Niza debía ser una ceremonia. Casi 130 kilómetros suaves por la Costa Azul, un desfile entre palmeras y mar para coronar al campeón, el danés Jonas Vingegaard, y a sus acompañantes en el podio. Entre ellos estaba Daniel Felipe Martínez, dueño de la segunda casilla, una posición que había conquistado cuando la montaña apareció desde la cuarta etapa. Desde entonces había resistido a la sombra del gran favorito. Todo parecía dispuesto para una jornada de gala pero el guion se rompió de forma abrupta cuando, en una subida aparentemente tranquila, Aleksandr Vlásov —su propio compañero en Red Bull-BORA-hansgrohe— le cerró el paso. La bicicleta del ruso se cruzó sin margen y el colombiano terminó contra una verja, en una caída dura e inesperada.
El golpe fue seco. Martínez quedó tendido unos segundos, lo suficiente para que el susto recorriera el pelotón. No obstante, el de Soacha se levantó de inmediato, revisó la bicicleta, volvió al sillín y empezó la persecución. No había tiempo para dramatismos: había que salvar el podio. Pedaleó y recuperó terreno, regresó al grupo que definía la carrera. Lo logró sin pérdidas de tiempo, aunque el cuerpo contó otra historia. Cuando cruzó la meta en Niza, el colombiano cojeaba ligeramente y se llevaba la mano a las costillas, señales de una batalla inesperada en el último acto de una semana intensa.
Aun así, el segundo lugar estaba intacto. Martínez volvió a subir a un podio del máximo nivel, un resultado que quizá no sea el más rutilante de su carrera, pero que tiene un peso especial. Después de un 2025 complicado, marcado por dificultades físicas y resultados discretos, el colombiano reaparece entre los mejores del pelotón mundial. No es una consagración nueva, sino un recordatorio: el corredor de Soacha sigue siendo uno de los grandes nombres del ciclismo colombiano.
Su trayectoria reciente lo respalda. En 2024 terminó segundo en el Giro de Italia ganado por Tadej Pogacar, una actuación que lo confirmó entre los mejores del mundo. Antes ya había conquistado carreras prestigiosas como el Critérium du Dauphiné (2020), la Vuelta al País Vasco (2022) y la Vuelta al Algarve (2023).
Su nuevo podio también prolonga la tradición colombiana en la París-Niza. El primero en abrir ese camino fue Santiago Botero, tercero en 1998. Luego llegaron los títulos de Carlos Betancur en 2014, Sergio Luis Henao en 2017 y Egan Bernal en 2019, año en el que Nairo Quintana fue segundo. También subió al podio Sergio Higuita, tercero en 2020, y el propio Martínez, que ya había sido tercero en 2022.
Así, el subcampeonato de 2026 no es un episodio aislado. Es una señal dentro de un momento de transición para el ciclismo colombiano. En esta misma carrera brilló Harold Tejada con una victoria de etapa, mientras Santiago Buitrago fue séptimo en la Tirreno-Adriático. Los grandes títulos quizá se han alejado por ahora, pero los escarabajos siguen presentes en la élite.
Y entre ellos, otra vez, Daniel Felipe Martínez. Cojeando, tomándose las costillas, celebrando un podio que defendió incluso después de una caída absurda. Una escena que resume su carrera: resistencia, orgullo y la certeza de que todavía tiene mucho por dar.

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