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Jonas Vingegaard ya es uno de los ciclistas más dominantes de su tiempo. Conquistó la Vuelta a España 2025 para añadirla a su colección de grandes vueltas, donde ya brillaban dos Tours de Francia (2022 y 2023). Sin embargo, su triunfo quedó inevitablemente marcado por un contexto ajeno al deporte: las protestas propalestinas que obligaron a neutralizar tres etapas, recortar recorridos y cancelar la ceremonia final en Madrid. Fue un campeón sin podio en Cibeles.
La imagen del danés vestido de rojo, sobre una bicicleta diseñada para la ocasión, estaba llamada a ser icónica. No lo fue. Las manifestaciones en la capital española impidieron que la carrera terminara como dicta la tradición. Ni Vingegaard, ni Almeida, ni Pidcock (sus acompañantes en el podio) pudieron celebrar ante el público. La entrega de trofeos se improvisó en el parking del hotel del Visma.
El propio ganador reconoció lo atípico de la experiencia: “Es la carrera más extraña de mi vida. Todo fue bastante raro con las protestas. Aun así, estoy feliz de haber conseguido el maillot rojo”.
Dominio deportivo
En lo estrictamente deportivo, Vingegaard dejó claro por qué es el rival más duro de Tadej Pogacar. Desde la segunda etapa, donde ganó un sprint en cuesta, mostró que llegaba con el punto de forma recuperado tras un breve descanso y un específico bloque de entrenamiento. Su golpe de autoridad definitivo fue en Valdezcaray, con un ataque demoledor a 11 km de meta que desarmó al pelotón.
!Vingegaard gana cuando quiere! El danés logra en Valdezcaray su segunda victoria en esta Vuelta y mete 30 segundos a Almeida, confirmando que es el más fuerte, y que puede ganar cuando y como quiera… "Por si alguien tenía todavía alguna duda". 🤩💪👍 https://t.co/mgfFv7vkVg pic.twitter.com/p99tiCh9i2
— ⚡MazaCiclismo⚡ (@RuedaPedal) September 1, 2025
Incluso enfermo en la segunda semana, resistió frente a un gran João Almeida y terminó sentenciando en la Bola del Mundo. Todo ello con el respaldo de un Visma que volvió a funcionar como una máquina perfectamente engrasada, con gregarios de lujo como Sepp Kuss y Matteo Jorgenson.
Las protestas que cambiaron la Vuelta
Pero el relato deportivo convivió, y en gran medida fue eclipsado, por la tensión en las carreteras. Manifestantes propalestinos interrumpieron varias etapas, en ocasiones entrando directamente al trazado. La policía debió intervenir en Bilbao, Galicia y finalmente Madrid, donde se estimó la presencia de miles de personas.

El objetivo de las protestas fue el equipo Israel-Premier Tech, que llegó incluso a modificar sus maillots para evitar mostrar el nombre del patrocinador. La UCI decidió mantenerlos en carrera, pese a las presiones. Javier Guillén, director de la Vuelta, defendió que manifestaciones y deporte podían coexistir, aunque insistió en que la seguridad de los corredores debía ser prioritaria: “Está bien usar la plataforma de la Vuelta para reivindicar, pero pedimos respeto para la carrera y los ciclistas”.
¿Qué dice la UCI sobre los incidentes en la Vuelta?
La Unión Ciclista Internacional (UCI) publicó un comunicado contundente tras la suspensión de la última etapa en Madrid. El organismo expresó su “total desaprobación y profunda preocupación por los acontecimientos que han marcado la edición de 2025”.
La UCI cuestionó la capacidad de España para organizar grandes eventos internacionales, al no haber podido garantizar “condiciones óptimas de seguridad”. Recordó que, desde la llegada de la Vuelta a territorio español, se produjeron intrusiones en el pelotón, lanzamiento de líquidos e incluso caídas con lesiones y abandonos.
Al mismo tiempo, elogió la reacción de los organizadores y la labor de las fuerzas de seguridad, que actuaron “con profesionalidad ejemplar en un contexto de extrema tensión”. Finalmente, la UCI fue tajante: “Condenamos la instrumentalización del deporte con fines políticos en general, y en particular por parte de un gobierno. El deporte debe seguir siendo autónomo para cumplir su papel como herramienta al servicio de la paz”.
Reacciones encontradas
El pelotón vivió la situación con sentimientos encontrados. Algunos corredores se mostraron incómodos y pidieron garantías de seguridad. Otros, como el propio Vingegaard, apelaron a la comprensión: “Todo el mundo tiene derecho a protestar. Entiendo por qué lo hacen. Pero nosotros estamos para correr, y es una pena que ocurra aquí”.
En el trasfondo quedó una reflexión de mayor calado: hasta qué punto el ciclismo, con su carácter abierto y su paso por espacios públicos, puede convertirse en un escenario privilegiado para expresar conflictos políticos y sociales.
La Vuelta 2025 deja dos certezas: Vingegaard amplió su leyenda con un triunfo sufrido, trabajado y de alto valor deportivo. Y, al mismo tiempo, el ciclismo internacional deberá replantear cómo gestionar tensiones políticas que lo atraviesan directamente. No es casual que la próxima edición del Tour de Francia, que arranca en Barcelona, ya esté en el punto de mira de organizadores y autoridades.
En lo personal, el danés mantiene su perfil discreto, familiar y nada estridente. Corre, gana y se va con su mujer y su hija, sin alardes. En lo histórico, queda como el vencedor de una Vuelta sin podio y con un eco político que resonará mucho tiempo.
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