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Junto al Atomium, una estructura de acero de 102 metros de alto, que representa nueve átomos y que fue construida en 1958 para recordarle al mundo que la ciencia debía estar en función de la humanidad y no en contra de esta, hay una imagen enorme de Eddy Merckx con su posición aerodinámica y vestido de amarillo. Hace unos días el ex ciclista belga pasó por allí, por el parque Heysel de Bruselas, en bicicleta y con un saco de paño azul, pantalón gris, camisa blanca muy bien planchada y zapatos negros. A su lado también pedaleaban la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y el alcalde de la capital de Bélgica, Yvan Mayeur.
Apenas vio la foto, tomada en 1969 en plena etapa reina sobre los Pirineos, Merckx pronunció una frase que resume lo que fue su carrera deportiva y su manera de hacer las cosas en la vida. “Iba por todo a toda hora”. Esa temporada el belga ganó su primer Tour de Francia, se puso la camiseta verde de la regularidad, la blanca de la clasificación combinada, la de la montaña y la de la combatividad. En otras palabras, fue el nacimiento del corredor más grande que se ha visto hasta ahora.
Merckx les contó a los alcaldes que el 15 de julio de ese año su esposa Claudine estaba a punto de dar a luz a su hija Sabrina, que él estaba iracundo porque no había podido hablar con ella en la mañana y que quizá por eso se expuso a un ejercicio de agonía pura sin escuchar las indicaciones de su director (Guillaume Driessens): una escapada de 140 kilómetros cuando tenía más de ocho minutos de ventaja en la clasificación general. “Quería llegar rápido para hablar con mi mujer y el lote iba muy tranquilo”.
Roger Pingeon, segundo de esa edición de la prueba, recordaría más adelante la molestia que generó no solo en él, sino en todo el grupo las palabras de Merckx antes de comenzar la jornada, amedrentadoras y desafiantes, quizás impulsadas por la angustia de lo que sucedía en casa. “Cuando los demás lleguen a Mourens, estaré duchándome”. Por eso lo apodaron El Caníbal, porque disputaba todas las clasificaciones y por su complexión fuerte, porque era un corredor que no pensaba las cosas con la cabeza, sino con las tripas. Y que venía dolido, tocado en su orgullo.
Ese año el belga había sido expulsado del Giro de Italia por dar positivo por anfetaminas luego de imponerse en la contrarreloj individual entre Cesenatico y San Marino (49,3 km), la única vez que un líder tuvo que abandonar la Corsa Rosa. Las fotos de Eddy llorando y de sus ojos rojizos le dieron la vuelta al mundo como la versión de una teoría conspiratoria. “Alguien le tuvo que echar eso en su bidón. Merckx es un respetadísimo campeón, limpio y que no necesita tomar nada para triunfar”, dijo Driessens. Ese golpe duro al deporte mismo tendría su revancha dos meses después con la camiseta amarilla en París.
Luego del breve repaso histórico, Merckx y su improvisado equipo de mandatarios y escoltas se dirigieron a la rueda de prensa oficial para abrir la edición 106 de la competencia por etapas más importante del mundo, la que este sábado tomará la partida en Bélgica por quinta vez, la vigésimo tercera que arranca fuera de Francia. ¿La razón? “Homenajear los 50 años de la primera victoria de Merckx, la que inició un camino de cinco títulos, cuatro de manera consecutiva”, apuntó Christian Prudhomme, director de la carrera.
Calidad y poca cantidad
Esta vez el contingente de ciclistas colombianos será poco en el Tour. Pero eso no quiere decir que no haya posibilidades de lograr grandes éxitos. Todo lo contrario, por los nombres de los ciclistas las opciones son amplias. Por ejemplo: Egan Bernal, que viene de ganar este año el Tour de Suiza y la París-Niza, será uno de los hombres principales del Ineos (antes Sky), escuadra que ostenta los últimos cuatro títulos. Si bien el equipo británico tiene como su líder a Geraint Thomas, ganador en 2018, la carretera misma irá diciendo quién debe trabajarle a quién.
Por el lado de Nairo Quintana la cosa es más complicada. El boyacense estará junto a Mikel Landa y Alejandro Valverde. Su posición de capo indiscutible de ediciones anteriores no es segura, sobre todo por el momento que pasan los dos españoles. Sin embargo, nunca hay que descartar al mejor corredor de nuestro país y será en el ascenso a los Vosgos donde se definirá, o mejor se clarificará, la estrategia del equipo Movistar.
Igualmente está Rigoberto Urán, segundo en 2017 y quien sí tendrá a un grupo trabajando solo para él. El antioqueño, muestra de la regularidad en el World Tour, intentará meterse en los primeros puestos con su EF Education First, la misma escuadra con la que llegó de forma recóndita hace dos años, sin nadie dándolo como favorito, para meterse en el podio por detrás de Chris Froome.
Ya por último está Sergio Luis Henao, del UAE Emirates y quien deberá trabajar para el irlandés Dan Martin o para el italiano Fabio Aru. Puede que pelee la camiseta de las pepas rojas, uno que otro triunfo de etapa, pero su labor principal será ponerse al frente cuando haya que subir.
Sin Chris Froome y Tom Dumoulin presentes (segundo y tercero en 2018) las alternativas de muchos son altas en un camino que comienza este sábado y que terminará el 28 de julio en París, luego de 3.480 km.