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El sol cae en picada sobre las calles y el asfalto devuelve ese calor que se mete en las piernas y la cabeza. Entre carros de apoyo, motos de comisarios y voces que se cuelan desde los andenes, comienza la fiesta más importante del ciclismo del continente americano en Montería, Córdoba. Así arrancó el Campeonato Panamericano de Ruta 2026, con Colombia convertida en un punto de encuentro valioso.
Quince años después de la última vez en casa, Colombia vuelve a ser anfitriona de una cita mayor. Más de 280 corredores de 29 países ya ruedan en un trazado que rompe con la tradición local: poco de montaña, mucho de plano. Un terreno que obliga a cambiar la lógica, a pensar en potencia, velocidad y control del viento más que en la escalada larga.
En medio de ese ambiente, la presencia de David Lappartient, presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), marca el pulso institucional del evento. Recorrió, observó y se detuvo para hacer un balance inicial con El Espectador. “Estoy muy feliz de estar aquí porque es mi primera vez en Colombia. Conozco la pasión de los colombianos por el ciclismo y me alegra poder vivirla de cerca. La organización está impecable y así es un placer estar en estos Campeonatos Continentales”.
Su mirada no se queda solo en lo inmediato. Habla del lugar que ocupa el país en la élite mundial, de nombres que ya son referencia y de los que vienen detrás. “En Colombia hay corredores realmente de primer nivel y estoy seguro de que seguirán surgiendo más. Han ganado en las carreras más importantes del mundo, así que lo ideal es continuar por ese camino. Estoy convencido de que la nueva generación será tan fuerte como la actual”, dice.
Además, proyecta una posibilidad que nos ilusiona: que Sudamérica entre en la rotación de grandes eventos globales. “Nuestro objetivo es llevar el Campeonato Mundial a todas las regiones del planeta… y esperamos poder otorgar en el futuro un campeonato de ruta a Sudamérica”.
Ese respaldo internacional se cruza con lo que ocurre en las carreteras de Montería. La jornada inaugural dejó buenas señales deportivas y también las primeras medallas para Colombia. En la contrarreloj juvenil masculina, José Manuel Posada se quedó con el oro tras 22,6 kilómetros medidos al detalle. Su tiempo, 28 minutos y 7 segundos, no solo le dio la victoria, sino una ventaja sólida sobre sus perseguidores.
Con la respiración alta por la contrarreloj exigente, explicó dónde estuvo la clave: “Creo que el momento más difícil fue el viento. Cuando uno va con viento en contra, el esfuerzo es doble y más al final, donde uno quiere darlo todo”. Posada no se quedó ahí y desmenuzó las claves de su rendimiento en la jornada de ayer: “Yo digo que es un 30% material y el resto mitad físico y mitad mental. La aerodinámica cuenta mucho, sobre todo en la crono”.
La cosecha del día se completó en la rama femenina juvenil, donde Estefanía Castillo fue plata y Lineth Valentina García, bronce, en una prueba cerrada que se resolvió por segundos. En contraste, la CRI élite femenina dejó a Colombia sin podio.
Ahí apareció una de las grandes figuras del campeonato. Kristen Faulkner, campeona olímpica en París 2024, se impuso con autoridad y abrió su temporada con un triunfo que, según ella misma reconoce, tiene un peso especial. “Significa mucho para mí. Es la primera carrera de la temporada, entonces me da mucha confianza comenzar así”, dijo, todavía con su español que descrestó en la zona mixta.
Su experiencia en Montería también la sorprendió por lo que pasa alrededor. “Es la primera vez en Colombia y la gente es muy amable. Estoy en la bici y desde los carros me dicen ‘buena suerte’. Hay tanta energía que uno la siente”, contó. Esa energía, la misma que se percibe a lo largo del circuito, empieza a convertirse en un factor más de competencia.
Mientras tanto, el equipo colombiano asume el reto de revalidar lo hecho en la edición anterior, cuando dominó el medallero. La nómina, con nombres como Walter Vargas, Álvaro Hodeg, Fernando Gaviria o Rodrigo Contreras, mezcla experiencia y velocidad, una combinación necesaria para un recorrido que apunta a definiciones al embalaje. Será una gran oportunidad para Hodge, quien además de defender su oro conseguido el año pasado en Uruguay, tendrá la chance de hacerlo en la tierra que lo vio nacer.
“Será una carrera al embalaje, en un terreno plano. Son otro tipo de corredores, pero tenemos con qué competir”, se había anticipado desde la Federación. Cada segundo cuenta y cada detalle puede inclinar la balanza.
El calendario no da tregua. Este jueves seguirán las contrarreloj con las categorías sub-23 y élite masculina, en distancias más largas que exigirán resistencia sostenida. El viernes y sábado, la acción se trasladará a Cereté con las pruebas de ruta juveniles y élite femenina, antes del cierre el domingo en Montería, donde los hombres élite enfrentarán más de 200 kilómetros en un circuito que, vuelta tras vuelta, irá desgastando hasta dejar solo a los más fuertes.
Aquí se cruzan generaciones, estilos y ambiciones: los que quieren sostener el nombre, los que buscan abrirse camino y los que corren contra el reloj pensando en Los Ángeles 2028. Pero más allá de las cuentas y los puntos, hay algo que ya quedó claro que en las calles nadie regala nada. El viento castiga, el calor desgasta y el margen de error no existe.

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