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Froome vs. Quintana: ¿Segundo asalto en la Vuelta?

Tras un Tour que elevó las acciones de Nairo, los dos grandes del ciclismo mundial irán por el título en España.

EFE
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Todavía no sé cuál fue el sentimiento que a mí, como a miles de colombianos, me quedó al final del Tour: si de tristeza porque sólo por un minuto largo Nairo perdió la carrera o si de orgullo por la clase y el carisma que mostró en los días finales, que lo convirtieron en el corredor más admirado del mundo ciclístico en este momento.

Como todos los colombianos tengo aún un sabor amargo por lo sucedido porque la oportunidad era única e irrepetible. Según la mayoría de los especialistas era un Tour para escaladores y ya se sabe que el mejor del momento es el ciclista boyacense. ¿Pero, en realidad era un Tour para escaladores? Tengo algunas dudas porque –como lo reconoció el mismo director de la prueba el día de la presentación- en las diez etapas iniciales se encontraban una serie de trampas que tendrían que superar quienes andan bien cuando la carretera se empina. Y en la primera de ellas, una fracción con tempestad, abanicos, caídas y fuertes vientos, Nairo comenzó a perder tiempo. Luego sorteó con éxito rotundo los pavés, los cortes, los abanicos y la etapa a cronómetro por equipos. Pero el trazado del Tour del 83 tuvo más montaña y dos o tres más de los 80 y los 90 por lo menos fueron iguales.

Desde hace mucho tiempo se sabe que en el ciclismo no es el trazado el que hace duras las carreras sino la forma en que lo encaren los participantes. Y en más de un periódico europeo leí que comentaristas, técnicos y ciclistas afirmaron que éste fue el Tour más duro de los últimos años, por el ritmo escalofriante al que se corrió y por la batalla que se libró sin tregua alguna en cada una de las etapas. La mayoría de los que piensan esto aseguran que Nairo perdió la carrera el segundo día, cuando quedó rezagado en medio de la tempestad.

Para mí el título se fue al traste en la primera etapa de los Pirineos por un error garrafal del Movistar que no tuvo en cuenta lo que le pasa a los escaladores luego de varias jornadas llanas: las piernas no funcionan como se espera porque están resentidas por el uso continuo de multiplicaciones muy pesadas. Eso les ha pasado siempre a los colombianos en las grandes vueltas. Y de manera inexplicable ese día se le dio la orden al equipo de Movistar de ponerse al frente en los últimos 80 kilómetros llanos y de forzar la marcha en los primeros ascensos. Eso lo sabía bien al Sky y por eso tenía planeado un ataque frontal, como lo confirmó hace unas horas su líder, que fue más letal por el desgaste inútil sus adversarios y por ello Quintana no aguantó el ataque de Froome, que había llegado a Pau con 1.59 de ventaja y que en el último ascenso consiguió sobrepasar los tres minutos de margen.

En el Tour que acaba de pasar Nairo y sus compañeros lograron el objetivo de debilitar al británico en los Alpes pero entonces aparecieron unos gregarios de lujo que limitaron el descuento al marcarle el paso cuando perdió la rueda de su gran rival.

“Perder es ganar un poco” decía Francisco Maturana y tal vez en esta ocasión la frase se aplica perfectamente pues quizás fue más lo que ganó Quintana que lo que perdió. Esto lo resumió en un título uno de los diarios españoles: “Froome, el Tour; Nairo, la epopeya”. ¿Cuál vale más? Los primeros en reconocerlo fueron los organizadores del evento que se vieron obligados a invitar al colombiano a los circuitos que se realizan terminada la carrera para que el campeón recupere el dinero del premio mayor, que por tradición se reparte en partes iguales entre todos los miembros del equipo, porque sabían que para los europeos el héroe y el que todos querían ver era el colombiano. Claro está que así mismo lo necesitaban para que sirviera de escudo a los irracionales ataques de los aficionados que se presentaron contra el hombre de la camiseta amarilla.

Muchos compatriotas comparten la “mala leche” contra el campeón y piensan que corría dopado. No lo creemos hasta que no se pruebe lo contrario. Los exámenes que se le realizaron casi todos los días y que ahora dejan pocas dudas no mostraron nada anormal. Froome, aunque sufrió y guapeó lo indecible cuando se le marchó Quintana, fue campeón quizás debido en gran parte al método que encontró el Sky para hacer perder peso a sus corredores, hasta que quedaran literalmente en sólo cueros, sin que se disminuyera su potencia muscular. Ya nuestro amigo y colega Juan Carlos Rincón nos ha dado una idea de lo que está ocurriendo en los laboratorios para lograr subir la vara pero por ahora las autoridades médicas del ciclismo no consideran ilegales estos métodos o no tienen cómo detectar lo que ahora los especialistas del alto rendimiento llaman dopaje biológico.

Ahora viene la Vuelta a España en la que previamente se había acordado que el líder del Movistar sería Alejandro Valverde. Pero todo cambia con el anuncio de la participación de Froome que convierte a la carrera en la más atractiva de la temporada pues ya manifestó que va con la intención de ganarla. El que estén los grandes del momento, con la única excepción de Contador, y el que Nairo tenga inesperadamente su oportunidad de desquite, promete emociones muy grandes.

No sabemos en qué condiciones llegará Nairo quien por edad tendría menos aguante que sus rivales pero eso quizás lo puede borrar por sus condiciones excepcionales y por el coraje que pone en los momentos difíciles, pero pensamos que estará más fuerte que su compañero y con más restos que Nibali y Froome. Eso se vio claramente en las últimas etapas del Tour en las que todos se quedaron cuando atacó el colombiano. En la península quizás hay que prestar más atención a Vincenzo Nibali, Fabio Aru, Tejay Vangarderen y Mikel Landa que no tienen demasiados kilómetros o ya tuvieron un buen tiempo de recuperación. Pero lo que sí sabemos es que en cuatro o cinco llegadas en ascensos muy duros Valverde va a perder la rueda y que Unzúe va tener que decidir –si ya no lo decidió- si sacrifica a Quintana para que lleve al español o si lo va a dejar que busque la victoria en una carrera que puede ser de leyenda. Desde el momento en el que el afrobritánico confirmó su participación comenzó a hablarse del tercer capítulo de un enfrentamiento que puede hacer historia entre los dos mejores del Tour 2015.
 

 

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