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Jasper Philipsen afronta la Vuelta a España 2025 con la ambición de consolidarse como el mejor esprinter. Tras una temporada marcada por los altibajos y sin poder brillar como en años anteriores, el belga encontró en la ronda ibérica el escenario ideal para redimirse.
El ciclista del Alpecin-Deceuninck ha tenido un año de contratiempos, en especial por la caída que lo sacó del más reciente Tour de Francia en la tercera etapa. Sin embargo, al igual que ocurrió en la Grand Boucle, el belga se impuso en la primera jornada, demostrando que sigue siendo uno de los embaladores más veloces del World Tour.
“Esta victoria es un sueño después de lo que sucedió en el Tour —se fracturó la clavícula y un par de costillas—. Tenía baja la motivación después de la caída y la retirada, pero vine a la Vuelta después de una preparación dura, y tenía mis objetivos. Esta victoria supone mucho para mí”, afirmó Philipsen tras levantar los brazos en Novara.
La presente edición de la ronda española, la última gran vuelta de la temporada, cuenta con cinco etapas planas. Ya se cumplió la primera el pasado sábado y, si se cumplen los pronósticos, el candidato para las cuatro que vienen será Philipsen, sobre todo si se tiene en cuenta que varios de los mejores embaladores de la actualidad no fueron convocados a esta carrera.
El belga Tim Merlier (Soudal Quick-Step), el esprinter con más victorias este año (8) en el World Tour, y el italiano Jonathan Milan (Lidl-Trek), ganador de la clasificación por puntos del último Tour, no fueron inscritos. Tampoco dijo presente el neerlandés Olav Kooij (Visma-Lease a Bike), quien no suele ser tenido en cuenta por su equipo en las competencias de tres semanas.
Por tanto, parece que la ronda ibérica de este año se pinta como un escenario ideal para que Philipsen deje atrás los contratiempos que han marcado su 2025, en el que apenas registra dos victorias en el World Tour. Para que esa cifra crezca es clave lo que sus compañeros del Alpecin puedan hacer.
“Confié en el equipo y tuve un buen lanzamiento. Mis compañeros saben lo que hacen, y yo estaba motivado porque sabía que lo podíamos conseguir. Parece fácil, pero ha sido un gran trabajo de todos”, señaló el belga tras ponerse la camiseta roja el pasado sábado.
Sus compatriotas Jonas Rickaert y Edward Planckaert han sido piezas fundamentales a la hora de ubicarlo en el lugar ideal para que él asuma el embalaje final. Ya en los metros definitivos aparece la explosión de “Jasper Disaster”, capaz de promediar velocidades superiores a los 70 km/h en los últimos metros rumbo a la meta.
El año pasado Philipsen conquistó la Milán-San Remo, el primer monumento de su carrera, que se definió en el esprint, su especialidad. Un año antes había sido campeón de la clasificación por puntos del Tour de Francia, lo que demostró su regularidad en las etapas llanas.