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Decían que atacaba como pocos. Que en la montaña le importaba poco y nada, y que siempre estaba dispuesto a dar espectáculo. A dejar atrás a los demás, a pesar de que el costo fuera incluso su estabilidad. Impulsivo y único. Su expresión, siempre al límite de la rueda y el esfuerzo, le guardó un lugar entre los más grandes.
La leyenda del Pirata impulsó a un ciclista para la historia. Es uno de los únicos pedalistas que ha ganado el Tour de Francia y el Giro de Italia en un mismo año (1998) junto a otros íconos como Fausto Coppi, Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Stephen Roche y Miguel Induráin.
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Y la gente, que lo adoraba, elevó su historia por su carisma, pero también creó un mito alrededor de su muerte. Una historia alimentada por el misterio de unas causas confusas y no del todo esclarecidas.
El parte oficial de la policia dijo que fue una sobredosis de cocaina. Sin embargo, la familia del ciclista siempre dudó de esa versión y defendían la hipótesis de que Pantani fue asesinado; lo golpearon, lo obligaron a consumir cocaina diluida en agua y, en medio de la inconsciencia, lo mataron.
Pantani, relatan los que lo acompañaron en sus últimos días, estaba hundido en la depresión. Cuando murió, abandonado en la habitación de un hotel, tenía apenas 34 años, pero ya había vivido suficiente para exprimir su espíritu, para quedar vacío a pesar de su carisma. Sobre todo, después de que lo acusaron de dopaje, algo que él siempre negó y que lo llevó a la tristeza profunda.
Ahí llegó la cocaína, el abrigo en medio de la desesperación de quedar absolutamente solo cuando abandonó el ciclismo en 2003. Vertigo, desolación, nostalgia y la profunda tristeza de una vida que vivió al fondo como cuando enfrentaba a la montaña.
En Italia quedó grabado en la memoria de los obsesionados por las bielas. Y en el Giro es costumbre que los aficionados pidan por el próximo Pirata, que exijan y busquen en los otros corredores el espíritu del que una vez fue su gran héroe.
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Su muerte fue una sorpresa. Y la incognita, 18 años después, sigue latente. Un misterio alimentado por la tensión de la figura de Pantani con la mafia y las apuestas.
Aparentemente, según una investigación archivada por la policia, Renato Vallanzasca, criminal que brindó su testimonio, dijo que un mafioso importante de Italia habría ordenado la modificación de un test antidopaje de Pantani, después de apostar que el italiano no podría terminar el Giro de Italia en 1999. Y tras la expulsión de Pantani de la carrera, y la posterior investigación sobre el caso, el mismo mafioso habría ordenado el asesinato del Pirata.
Sin embargo, esta tesis jamás pudo ser comprobada por la justicia y el caso prescribió. La Fiscalía finalmente resolvió condenar a cuatro personas por homicidio involuntario, acusándolos de que le habían suministrado la droga a Pantani. No obstante, el misterio nunca fue resuelto del todo.
Generaba dudas, especialmete en la familia, la escena del crimen, en la que había ropa de extraños y señales de pelea. Y no solo en el cuarto, también en el cuerpo del campeón, que tenía hematomas en su espalda y varios golpes en sus extremidades, en su cara y en el cuello.
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Un caso que quedó en la memoria de los aficionados del ciclismo porque nunca fue explicado. Y porque Pantani fue una verdadera leyenda. Y como todo héroe, de los verdaderos, cayó una vez estuvo arriba. Su carisma, su entrega y su forma de montar la bicicleta, más allá del misterio, jamás pudo ser borrada de la memoria de Italia y del mundo.