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El prestigio y la clase son innegociables. Nairo Quintana con toda su grandeza buscó, cuando faltaban 48 kilómetros para el final de la última etapa de la París-Niza 2019, la posibilidad de arrebatarle el título a Egan Bernal, el futuro del ciclismo nacional. Solo, como casi todo lo que ha ganado, Quintana atacó a la antigua. Como esa época de los grandes ataques cuando faltaban muchos kilómetros de frente para irse en solitario. Las piernas del mejor ciclista que ha tenido la historia de Colombia no fueron suficientes para derrotar el poder del mejor equipo del mundo.
A pesar de no conseguir el objetivo, Nairo demostró y sobre todo a sí mismo que tiene ganas, que tiene piernas, que tiene esa hambre de ganar. El mejor escalador quiere volver. El gran objetivo: llevarse el título del Tour de Francia y meterse en la historia del deporte de las bielas como uno de los pocos mortales que ha logrado ganar las tres grandes del ciclismo.
Por eso, lo hecho este domingo en la París-Niza no deja nada distinto que las mejores sensaciones. «Queríamos llevar gente adelante para poder en el final atacar en algún puerto». Así se hizo. Quintana partió junto a Winner Anacona quien lo llevó a la punta de carrera donde aguantó un par de kilómetro con el español Marc Soler.
«Quien más aguantó fue Marc, pero después fue una lucha constante hasta el final. No se logró ganar la carrera», señaló el boyacense con la tranquilidad del deber cumplido. Para él ese cuento de que nunca ataca está de más: «Vimos la oportunidad y lo intentamos y quedamos muy cerca».
Antes de subirse al bus del equipo para descansar, Nairo se mostró positivo por el futuro en el que espera llevarse la camiseta amarilla que tanto ha anhelado.»Me llevo las mejores sensaciones. Sé que el cuerpo va por buen camino y que estoy haciendo las cosas bien. Sigo disfrutando de la bici».