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El Tour de Francia es la competencia por etapas más tradicional e importante del mundo. Y desde el año pasado, el sueño cumplido del ciclismo colombiano. Se disputa desde 1903 y apenas 14 países se han dado el lujo de ganarlo.
El primer ciclista criollo que participó en la Grande Boucle fue Martín Emilio Cochise Rodríguez, quien terminó en el puesto 27 en la edición de 1975, con la camiseta del equipo italiano Bianchi. Ocho años después un equipo colombiano estuvo en la competencia.
Fue el Pilas Varta, dirigido por Rubén Darío Gómez y Cochise Rodríguez, asesorados por el español Luis Ocaña, campeón del Tour en 1973. Ese grupo, de diez corredores, tomó la partida el sábado 1° de julio en Fontenay-sous-Bois, cerca de París, pero su participación fue producto de interminables gestiones, entre otros, de personajes del ciclismo como Miguel Ángel Bermúdez, Héctor Urrego, Saulo Barrera, Xavier Louy, Félix Lévitan y Jean Marie Leblanc.
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Escoltados por cerca de cincuenta representantes de los principales medios de comunicación del país, los “escarabajos” —que dominaban a su antojo casi todas las carreras en América y cuya carta de presentación en Europa había sido la victoria de Alfonso Flórez en el Tour de L’Avenir de 1980— se convirtieron en la primera escuadra aficionada en competir en el Tour.
Su estreno, sin embargo, no fue muy decoroso. En la tercera etapa, una contrarreloj por equipos de cien kilómetros, quedaron últimos, a 10 minutos y 38 segundos del ganador, el Coop Mercier Mavic. Después de semejante garrotazo, los nuestros superaron con relativa calma un par de fracciones planas con tramos de adoquines conocidos como pavé. Hasta que llegaron los Pirineos, en donde las camisetas blancas, con la bandera tricolor en el pecho, se pusieron adelante del pelotón.
José Patrocinio Jiménez, el “Viejo Patro” y Édgar “Condorito” Corredor se enfrascaron en un duelo en las montañas con el escocés Robert Millar y el belga Lucien van Impe, los mejores escaladores del Viejo Continente. Patro, que pasó primero por el mítico Tourmalet y fue líder de los premios de montaña, terminó en el puesto 17 de la general, detrás de Condorito, en una edición recordada por el título de un novato, el francés Laurent Fignon.
La consagración en el Alpe D’Huez
Un año después Colombia llegó al Tour con mayores ambiciones, pues dos semanas antes Martín Ramírez había la Dauphiné Liberé, venciendo nada menos que al francés Bernard Hinault, el mejor ciclista del momento. Lucho Herrera había logrado dos segundos lugares en la competencia y esperaba con ansias la llegada al Alpe D’Huez para cumplir con su promesa: ganar una etapa.
“Ese día me acuerdo que íbamos ya en un grupo pequeño y la pelea era entre Fignon e Hinault, que iba escapado. Lo alcanzamos antes de la última subida, en donde tuve la oportunidad de atacar y mantenerme hasta el final”, recuerda “El Jardinerito” de Fusagasugá, quien con el número 141 en su espalda paralizó al país y le dio su primera victoria parcial, el 16 de julio de 1984. Herrera pagó su inexperiencia en una prueba de tres semanas y al otro día perdió más de veinte minutos.
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Para la temporada siguiente Café de Colombia fue el patrocinador principal y nuestros pedalistas, ya algunos con equipos europeos, también participaron en la Vuelta a España y el Giro de Italia. Muy emocionantes fueron las tres victorias de ese año. Herrera en Avoriaz y Fabio Parra en Lans en Vercors, justo por delante de Luchito, quien lucía la camiseta de pepas rojas. Días después, en Saint Etienne, Herrera volvió a celebrar con el rostro lleno de sangre por una caída, después de haber superado a Hinault, quien logró su quinto título, el último de un francés en la carrera. A su lado, en el podio de París, estuvieron Lucho, como campeón de la montaña, y Parra, mejor de los jóvenes.
Aunque los colombianos eran imbatibles en la montaña, todavía tenían muchas falencias en los descensos y en el terreno llano, por lo que pocos creían que alguno pudiera realmente aspirar a pelear en la clasificación general. Pero Herrera y Parra debilitaron esa teoría. El primero ganando la Vuelta a España en 1987 y el segundo terminando tercero en el Tour de 1988, detrás de Pedro “Perico” Delgado y Steven Rooks.
El bajonazo de los 90
La crisis política, económica y social que vivió Colombia a finales de los 80 y durante casi todos los 90 no fue ajena al ciclismo. Idos los grandes patrocinadores del deporte, los ciclistas dejaron de participar en Europa. Sin embargo, los pocos que eran contratados por equipos extranjeros se las arreglaban para figurar en el Tour. Oliverio Rincón, Nelson “Cacaito” Rodríguez y José “Chepe” González ganaron etapas y disputaron la montaña.
Hasta que apareció Santiago Botero. El paisa ganó una fracción y el título de mejor escalador en 2000 y dos años más tarde cruzó primero en dos jornadas más y quedó cuarto en la general detrás de Lance Armstrong, después sancionado, Joseba Beloki y Raimondas Rumsas.
Fue precisamente Botero, quien además fue campeón mundial de la contrarreloj en 2002, el primer colombiano con verdadera condición de campeón del Tour. Tanto que el Telekom alemán y el Phonak suizo lo contrataron para ganarlo, pero el antioqueño no lo consiguió.
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Quien en cambio sí se vistió de amarillo fue el santandereano Víctor Hugo Peña, líder durante cuatro días del Tour de 2003. Fiel escudero de Armstrong, el colombiano pasó primero la meta en la cuarta etapa, la crono por equipos, con lo que asumió el primer lugar, aunque no dejó de trabajar para su capo, quien después ganaría la competencia. En 2007 apareció Mauricio Soler, ganador de etapa y campeón de la montaña, quien tampoco pudo prolongar sus buenas actuaciones en Francia y se retiró del ciclismo debido a un fuerte accidente que por poco le quita la vida.
Nairo acarició la gloria
Una generación de ciclistas forjada hace diez años en el equipo Colombia es Pasión, fue la que sorprendió al mundo. De allí surgieron Nairo Quintana y Esteban Chaves, ganadores del Tour de L’Avenir en 2010 y 2011, respectivamente, pero también Darwin Atapuma, Sergio Luis Henao y Jarlinson Pantano, entre otros.
Nairo, fichado en 2012 por el Movistar, fue segundo en la general del Tour de 2013, cuando ganó una etapa, el título de la montaña y la clasificación de los jóvenes. Dejó en claro entonces que podía aspirar a lo más alto del podio, porque además estaba en uno de los mejores equipos del mundo. Y tras ganar el Giro de Italia en 2014, en 2015 quedó nuevamente segundo, otra vez detrás de Chris Froome. En 2016 repitió podio, al subirse al tercer escalón.
Rigoberto Urán fue segundo del Tour en 2017, apenas a 54 segundos del tetracampeón Froome y en 2018 Fernando Gaviria se vistió de líder al ganar al embalaje, algo impensado para un colombiano hace algunos años, la primera etapa. El paisa volador repitió en la cuarta y Nairo Quintana, al final décimo, se impuso en la jornada 17. Egan Bernal, quien era gregario en el equipo Sky, quedó en el puesto 15 y demostró carácter, calidad y fondo, para ser capo de escuadra en una carrera de tres semanas.
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El año pasado fue el cundinamarqués, quien había ganado la París-Niza y la Vuelta a Suiza, el que llegó vestido de amarillo a París y en plenos Campos Elíseos protagonizó la más grande hazaña en la historia del deporte colombiano. Una caída le había impedido participar en el Giro de Italia, que era su gran objetivo esa temporada. Iba al Tour para trabajarles a Chris Froome y Geraint Thomas, ganador en 2018, pero el primero sufrió un accidente en el Criterium del Dauphiné y el segundo le dio vía libre al colombiano para atacar en la etapa reina, a dos jornadas del final.
El domingo 28 de julio de 2019, Egan Bernal hizo realidad el sueño amarillo del ciclismo colombiano, ese que comenzó con Cochise Rodríguez hace 35 años y que tantos y tantos valientes escarabajos supieron alimentar.
Hasta ahora, para la edición 2020, que arranca el sábado 29 de agosto, hay 10 pedalistas criollos confirmados: Egan, Nairo y Dayer Quintana, Winner Anacona, Rigoberto Urán, Sergio Higuita, Daniel Felipe Martínez, Esteban Chaves, Miguel Ángel López y Hárold Tejada.