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¿Quién puede entender este Giro de Italia en el que quienes van por la malla rosa se pelean a muerte en unas escaramuzas sin sentido, en el que aún quedan por lo menos diez aspirantes al título que no arriesgan nada, en el que esos diez se marchan en cualquier repecho cuando se les da la gana como si los demás no existieran, en el que parece que se pusieron de acuerdo para esperar hasta los dos últimos días de carrera para buscar la victoria?
La etapa de este miércoles es una buena muestra del panorama: en cualquier ascenso alguien acelera el paso y queda al frente el mismo grupo de favoritos que hasta el momento ha dominado la carrera. Se miran, se intercambian posiciones, descuentan el tiempo que les han sacado los fugados pero nadie lanza un ataque de verdad, como si las fuerzas estuvieran igualadas, como si ninguno tuviera con qué tomar un centímetro de ventaja. Y si alguno se sale de la regla, al final las cargas quedan casi igualadas.
Este miércoles, con los mismos de siempre al frente, cambió un poquitico el panorama. El equipo Movistar, que quizás no confía demasiado en Amador para los ascensos duros, lanzó al costarricense en busca de la victoria, muy seguramente con la intención de obligar a Nibali a desgastarse en la persecución. Pero éste no se inmutó y únicamente respondió Jungels, que no quería perder el liderato. Le llegó con facilidad y los dos unieron fuerzas en búsqueda de la victoria de etapa.
¿Acaso se cree sobrado el corredor de Luxemburgo o más bien sabe que en los ascensos largos y duros se le esfumará el rosa y quiere mantenerlo hasta donde sea posible? Atrás nadie se movió y ni siquiera intentaron coger la rueda de Ulissy que se puso tras los dos primeros de la general y sin despeinarse les ganó la etapa. ¿Una renta de 13 segundos que consiguió el líder justificaba el desgaste?
Si las cosas siguen así podremos olvidarnos de la prueba para volver a prender el televisor el viernes de la próxima semana, cuando en dos etapas para la leyenda van a tener que salir a romperse el alma quienes quieran entrar en la gran historia de la carrera. Dos etapas en las que si hay un valiente (¡Cómo extrañamos a Contador, Froome o Nairo!), veríamos ciclismo de verdad. Claro está que antes hay de sobra dónde atacar….
Lo que falta
Este jueves se correrá una jornada absolutamente llana de 182 kilómetros en la que quienes se fuguen se las verán con los pocos embaladores que quedan en carrera.
El viernes 170 kilómetros en un terreno ondulado, propicio paralas emboscadas, con dos premios de montaña de primera categoría y dos de segunda. En el kilómetro 57 se pasará por Matajuri, de primera y en los últimos 40 kilómetros se ascenderá a la Cima Porzos, de primera, luego descenso y premio de segunda a Valle, nueva bajada y siete kilómetros de llano.
El sábado en 210 kilómetros hay dónde hacer diabluras. 70 kilómetros de ascenso hasta el Passo Pordoi que está a 2.239 metros sobre el nivel del mar, luego terreno ondulado con premios de segunda y tercera, en el kilómetro 169 el Passo Giau de primera, descenso y premio de segunda para terminar bajando y cinco kilómetros de ascenso suave.
Contra reloj en ascenso el domingo, de 10.850 metros en la que se va desde los 1092 metros hasta 1.814. Corta pero exigente.
El lunes será el último descanso para reiniciar el martes con 132 kilómetros entre Bressanone y Andalo. 43 kilómetros bajando, subida de segunda a Mendelpass, descenso hasta el kilómetro 112 y final con subida de segunda y final de tercera. Le seguirá una jornada para rodadores mientras que el viernes se encarará la Cima Coppi, en el Colle della Angello , tras 70 kilómetros en busca de las nubes y a 2.774 metros sobre el nivel del mar, luego un descenso y final de primera en Risoul, de primera categoría.
Y el sábado se definirá el Giro en una etapa corta , de 134 kilómetros, con tres de los monumentos del gran ciclismo: el Col de Vars a 2.108 metros, el Col de la Bonette a 2.715 y el Col de la Lombarda a 2.350 y un final de tercera en Sant´Anna di Vinadio.
¿Seguirá la calma chicha de los últimos días? Dios quiera que no y que por fin surja de la actual mediocridad alguien que quiera poner el paso de los grandes, de los que no se contentan con ir a rueda para ganar segundos en un embalaje. Y sobre todo ojalá que uno de los nuestros –aunque Chaves y Urán perdieron tiempo vital en la cronómetro- tenga el coraje de aprovechar el terreno en el que siempre los “escarabajos” han mostrado su clase, la potencia, el espíritu de sacrificio y la ambición para romperse el alma en busca de un título que quizás no está perdido.