Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
A la hora de explicar la permanencia y los resultados de Eduardo Lara con las menores tricolores, un factor determinante es el apoyo que le brinda su cuerpo técnico, cuya mayoría suma casi una década al lado suyo.
Cuando los contactos dejan de ser eventuales para darle prácticamente paso a la convivencia, hasta un gesto puede reemplazar las palabras y por eso cuando Eduardo Lara desliza su mano con insistencia sobre el rostro, Rodrigo Larrahondo sabe que la preocupación le invade o el inconformismo lo mortifica.
Y es que si hay alguien que se puede preciar de conocer al seleccionador nacional juvenil, es el preparador físico, quien desde finales de 1997 se convirtió en algo más que una simple sombra porque al darle consejos pudo ser parte de conciencia y al brindarle apoyo de manera incondicional demostró que los unía también el buen corazón.
Esta noche del lunes en el Jorge Basadre de Tacna (7:00 p.m., Gol Caracol), será la novena vez que escuchen juntos el Himno Nacional en un Suramericano, algo que motiva al profesional nacido en Santander de Quilichao a echar una mirada atrás para describir con detalles el momento en el que la vida se encargó de cruzar sus destinos.
Según el caucano, “en el año 93 yo trabajaba la parte física de una juvenil del Valle que dirigía el profesor Reynaldo Rueda y Eduardo acababa de llegar de Argentina, donde se capacitó durante un buen tiempo. Como tenía una buena amistad con Rey, estuvo muchos meses viendo los entrenamientos y ahí nos conocimos”.
Lara luego se haría cargo del Boca Juniors de Cali y tras salir campeón de Liga, en el 97 asumió el seleccionado de su departamento, reto para el cual pensó en Larrahondo. Y con Rodri, como el técnico llama cariñosamente al PF, se consagrarían nacionalmente en las categorías Juvenil, Sub 21 y Sub 23.
Lo ganaron todo y era el momento de asumir nuevas ilusiones y la Primera B pareció brindárselas cuando “asumimos el Palmira en 2000, era el equipo alterno del Deportivo Cali y logramos meternos a la final con Unión Magdalena, Rionegro y Pereira, que fue el que terminó ascendiendo”.
Esa campaña dejó huella, tanta que en Armenia la quisieron seguir para la temporada siguiente y por eso Larrahondo afirma que un antes y después se marcó en sus carreras “con el Quindío, al que devolvimos a la A en nuestra primera campaña, lo que nos permitió dirigirlo en la Copa Mustang I. Estuvimos un semestre en el rentado y lideramos las primeras cinco fechas con un grupo joven que dio de qué hablar”.
Estabilidad tenían, pero surgió “la opción de vincularnos a la Federación (Colombiana de Fútbol) con la Sub 17 y ya lo que ha pasado desde septiembre de 2002 en adelante es conocido por el país porque en el trabajo con las menores ha sido más lo positivo que lo negativo”.
De eso también da fe Luis Alfonso Sinisterra, monteriano que también ha sido parte de todo este proceso tricolor en su labor de quinesiólogo, la cual empezó a desempeñar desde hace 17 años en el América “y como el profesor Lara es de Cali, siguió mi trabajo, le gustó y me invitó a integrar el cuerpo técnico”.
Egresado de la Escuela Nacional del Deporte, este profesional en actividad física se desempeña también como entrenador en las menores escarlatas, “pero por las afugias económicas del club —le adeuda un año de salario—, me conviene más estar con la selección, ya que los viáticos me permiten sobrevivir y sostener a mi familia”.
Sini define a Lara como “un gran entrenador, pero mejor persona porque alguna vez contemplé la posibilidad de jugármela en América y dejar por un tiempo lo de Colombia. Como un padre hace con un hijo, me dio los pros y los contras de esa decisión y terminé siguiendo a su lado, algo de lo que no me arrepiento”.
Sólo agradecimientos hacia el DT y también más de un buen recuerdo, como “cuando quedamos campeones suramericanos en Manizales. Nunca olvidaré que mientras íbamos dando la vuelta olímpica, repasamos entre los dos los momentos de ese grupo, su gran comportamiento, la disciplina de los muchachos y la entrega que tuvieron para que fuera un torneo redondo”.
Parte de ese instante de gloria también le tocó a José María Pazo, quien no arrancó en 2002 como ellos tres, pero dos años después reemplazó a Fredy Molina en la preparación de arqueros y se quedó. “Sentí que llegaba a una familia y eso es lo que intentamos ser con cada grupo, porque si alguien está a gusto en un lugar siempre dará lo mejor de sí”, reconoció el cesarense.
Como buen hijo de Valledupar, a la hora de preguntarle el secreto de tanta permanencia, acudió a su gusto musical. “¿Inseparables? Así se llamaba un grupo vallenato y tocaba hasta bueno, como esta Sub 20 el balón”.
De Chepe, Rodri y Sini, Lara sólo tiene palabras de elogio porque de cada uno sabe que “si en lo profesional cumplen a cabalidad su labor, en el factor humano marcan mucho más la diferencia porque me ayudan a dar lo mejor que se le puede dejar a los muchachos: el buen ejemplo”.
Por eso siempre buscan “hablar, aconsejarlos, guiarlos por el mejor camino y mientras estemos en la selección, trataremos de implantar la disciplina, siendo como unos padres para ellos, pensando en una buena formación porque los valores no se aprenden en la calle sino en casa y al pasar mucho tiempo de su vida metidos en un hotel y viajando con nosotros, nuestra tarea es complementar esa labor”.
La otra meta es que piensen en conjunto antes que en cada cual y entre todos puedan llegar a Londres en 2012, porque los Olímpicos es la nueva ilusión de Lara y compañía, que nunca han dejado de soñar, ya que un buen día, por allá en septiembre de 2002, se propusieron devolver a Colombia a los mundiales juveniles. Y lo consiguieron.
Argentina pegó primero
Con un gol del delantero Juan Iturbe, en el minuto 90, la selección de Argentina le ganó 2-1 a la de Uruguay en el Grupo A del Campeonato Suramericano Sub 20 de Fútbol, que comenzó ayer en el estadio Monumental de la Universidad Nacional de San Agustín, en Arequipa (Perú).
El conjunto charrúa se fue arriba en el marcador gracias a una anotación del defensa Diego Polenta, quien desperdició un cobro de penalti, pero aprovechó el rebote para superar al arquero Esteban Andrada.
En el segundo tiempo Argentina reaccionó e igualó las acciones por intermedio de Michael Hoyos, tras un fuerte remate desde fuera del área. Y cuando ya parecía que los equipos se repartirían los puntos, apareció Juan Iturbe y empujó al fondo un balón que la defensa no despejó en un tiro de esquina y le dio la victoria a los albicelestes.