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Cortocircuito en Boca

Dura pelea entre Riquelme y Falcioni.

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La relación con la figura y capitán azul y oro está tan deteriorada que este miércoles generó un duro debate en Argentina, que dejaba al técnico con un pie afuera del banquillo de los xeneizes.

En sus años mozos, cuando era el número uno de América de Cali, en tiempos en los que nadie imaginaba un presente escarlata manchado por el descenso, Julio César Falcioni enfrentó a rivales de gran pegada. Sin embargo, Pelusa, con las manos firmes bajo sus guantes, supo imantar la pelota. Hoy, a casi tres décadas de aquellas hazañas bajo los tres palos de los Diablos Rojos colombianos, por estas tierras es un técnico consagrado al que llaman El Emperador, por el nombre que eligió su madre hace 55 años.

Y el éxito que tuvo como portero lo acompañó en Boca Juniors, el equipo más popular de estas latitudes, al que sacó campeón después de tres años, el mismo que hace 32 partidos no conoce la derrota. Lo que no esperaba este entrenador era enfrentarse con un futbolista difícil de atajar como un balón enjabonado: Juan Román Riquelme, nada menos. La relación con la figura y capitán azul y oro está tan deteriorada que ayer generó un cortocircuito que, al cierre de esta edición, dejaba a Falcioni con un pie afuera del banquillo de los xeneizes.

La discusión entre el técnico y Riquelme se produjo en el vestuario del modesto estadio Agustín Tovar de Barinas, donde Boca igualó sin goles ante Zamora en su debut por la Copa Libertadores. Palabras más, palabras menos, Falcioni le recriminó a Román que hiciera jugar al equipo de otra manera, lejos del estilo que le plasmó el entrenador. Y la mecha se encendió cuando Julio César cuestionó a Darío Cvitanich por insubordinación táctica. “¿Por qué te cerraste en la cancha, si la idea era abrirla para el juego de Santiago Silva?”, le espetó El Emperador al delantero. “Porque me lo pidió Román”, devolvió Cvitanich. Este diálogo fue la gota que rebosó el vaso. Una más en ese océano de broncas que Falcioni viene arrastrando desde el año pasado. Sin ir más lejos, antes del partido que Boca jugó con Santamarina, un equipo regional, por la Copa Argentina, Román había dicho que hace ocho meses, el técnico lo hizo correr como un “boludo” antes de un partido por el campeonato doméstico con All Boys. Y se sabe que aquí, en Argentina, ese término despectivo no guarda las formas. Riquelme, entonces, mostró su rencor. Y dejó claro que a Falcioni no lo traga porque le dio la cinta de capitán a Martín Palermo, el otro ídolo, cuando asumió el cargo, y no le gusta la manera en la que el estratega plantea los partidos. “Jugando de esta forma, la suerte se acaba”, había advertido el 10 azul y oro después de ganar en la lotería de los penaltis ante el humilde conjunto del interior argentino.

“Así, yo no dirijo más. Me tiene cansado”, le dijo el técnico a Daniel Angelici, presidente de Boca, en el chárter que trasladó al plantel a Buenos Aires. Y fue más lejos cuando se cruzó otro dirigente en el free shop del aeropuerto de Ezeiza, al regreso de Venezuela: “Mañana, en la práctica, el buzo de entrenador te lo ponés vos”. Apenas aterrizó en el Ministro Pistarini, Falcioni no hizo declaraciones. Angelici, en cambio, intentó barrer la basura debajo de la alfombra sin convicción al anunciar la posible dimisión del entrenador campeón con Boca en diciembre. Aunque terminó reconociendo ante el asedio periodístico: “Esperemos que siga”. Si Falcioni no le presentó la renuncia, como quiso desmentir, ¿por qué lanzó ese mensaje cargado de dudas? Porque el portazo existió, a pesar del maquillaje del directivo xeneize.

“Quiero saber quién manda acá”, le reclamó Falcioni a Angelici. Y dejó abierta de par en par la puerta. “Borrá al que tengas que borrar”, le dijo el presidente. Pero nada hacía prever que Julio César cambiaría de opinión en el anochecer de la Bombonera, cuando ardía la oficina de titular azul y oro, delfín de Mauricio Macri, quien es el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. El mismo que renunció a su cargo de tesorero hace dos años, cuando su predecesor Jorge Amor Ameal le ofreció 5 millones de dólares a Riquelme para renovar el contrato.

Román no ahondó en detalles cuando lo abordaron sobre el tema. “Las cosas que pasan en el vestuario, quedan allí. Me las guardo. No hay nada que arreglar. No pasó nada”, deslizó con una sonrisa pícara debajo de su gorra azul decorada con las iniciales ‘BJ’ en amarillo furioso. Tan furioso como Falcioni, que a pesar de haber sido campeón invicto, hoy está ante la pelota más difícil de atajar en su vida.

 

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