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Edwin Valencia: «Espero que me llamen a la selección»

El volante valluno de 27 años, al servicio del Fluminense de Brasil, habla de sus inicios en el fútbol, cuando vivía en la pensión del América junto con Pablo Armero.

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Edwin Armando Valencia Rodríguez vive en un apartamento con vista a las playas de Copacabana, en Río de Janeiro. Se transporta en una camioneta Captiva hasta el sitio de los entrenamientos de su equipo Fluminense, a 25 minutos de su paradisiaco hogar. Atrás quedaron esos días de insolencia en la casa hogar de América de Cali, donde compartía habitación con Pablo Armero, actual jugador del Udinese de Italia. Épocas de irreverencia y austeridad económica, pues nació hace 26 años en una familia humilde de San Antonio de los Caballeros, un corregimiento de Florida, Valle.

El fútbol le dio una mejor vida a este volante de marca, hincha del cuadro escarlata. En 2005 fue campeón del Suramericano Sub-20 con la selección de Colombia y dos años después llegó al Atlético Paranaense de Brasil. Desde 2010 viste la 17 del Fluminense, equipo con el que se consagró campeón de la liga local en 2010. Hace rato que Valencia pide pista en la selección de mayores. En una charla con El Espectador aseguró que es justo que lo llamen por su nivel. “Si está conformada por gente con buena actualidad en sus clubes, ¿por qué yo no?”. Sin ir más lejos, la semana pasada fue titular en la histórica victoria de su equipo contra Boca Júniors en La Bombonera, y Riquelme no fue el de siempre, en parte, gracias a sus oportunas intervenciones.

El triunfo contra Boca fue histórico…

Hicimos un buen trabajo. Lo hemos venido haciendo desde que fuimos campeones del torneo local por última vez. Cortamos con una racha del club argentino de 36 partidos invictos en ese estadio. Fue muy lindo haber ganado.

¿Tenía nervios de jugar en esa cancha?

Al principio, en la entrada al estadio, que es muy estrecha. La hinchada hizo hasta lo imposible por intimidarnos. Quienes hablamos español entendimos todos los insultos. Pero en el camerino nos relajamos. Pusimos samba a todo volumen. Pura música brasileña, porque no me dejaron colocar mi salsita, la de Son de Cali y Gilberto Santa Rosa. Antes de salir estábamos muy bien. Todo eso fue clave.

¿Tiembla La Bombonera?

Sí. Cuando estábamos en el camerino haciendo la charla técnica, la hinchada de Boca comenzó a saltar y cantar y todo se movía. Pero nosotros estábamos muy tranquilos, pues hay jugadores como Fred y Deco que nos transmiten seguridad, incluso en lugares tan históricos como ese.

Y le tocó marcar nada menos que a Juan Román Riquelme…

Fue muy complicado, pues él es excelente, muy habilidoso. Lo pude hacer bien porque en Brasil hay muchos como él, entonces es normal. Fue duro, pues con él no vale ni metiéndole la pierna dura, ni hablándole. Nunca lograrás provocarlo, antes lo motivas más haciendo eso.

¿Le ha tocado frenar a Ronaldinho y Neymar en el torneo brasileño?

Muchas veces. No hay palabras para describir a Neymar. Es un jugador muy humilde, querido por todos acá. Si está inspirado, no hay quien lo pare. Pero hasta ahora no he pasado ridículos por este tipo de futbolistas, y espero no tenerlos. No hay que darles ventaja, hay que estar siempre encima.

¿Cómo le ha ido compartiendo con jugadores de la talla del portugués Deco?

Es un excelente jugador y mejor persona, muy humilde a pesar de haberlo ganado casi todo. Él saca jugadas inesperadas, es muy inteligente. Nos está ayudando a mejorar; el nivel actual se lo debemos a él.

¿En qué idioma se comunica con él y con el resto del equipo?

Con Deco hablo en español y con el resto del plantel, en “portuñol”. Hay frases que pronuncio mal por su dificultad, pero ya me entienden. El idioma fue lo que más me costó al llegar hace cinco años, sobre todo el primer mes, que no captaba nada. Menos mal tenía a David Ferreira y Julián Viáfara en el primer equipo al que vine (Paranaense). Pero me he adaptado fácil, pues yo desde pequeño salí de mi casa, cuando decidí vivir en la pensión de América, en Cali.

¿Ahora donde vive?

En un apartamento en Copacabana, un sitio paradisiaco reconocido por sus playas y restaurantes. Hay mucho turista, y eso hace que cuando yo esté viajando, mi esposa y la persona que me ayuda en la casa puedan salir y encontrarse con colombianos.

Y pensar que nació en una familia humilde y ahora le pagan un apartamento con vista al mar…

Claro, la dificultad por la que pasé para hacerme profesional no se me puede olvidar ahora. Yo me levanto, tomo café mientras veo la playa, me voy en mi camioneta al entrenamiento. Regreso, almuerzo, voy al cine con mi esposa. Aquí los futbolistas viven muy bien, tanto que Neymar no ha querido irse por lo bien que le pagan.

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¿Y antes cómo eran sus días?

Soy de San Antonio de los Caballeros, un corregimiento de Florida, Valle. Me tocaba levantarme muy temprano para ir a entrenar a Cali, en la sede La Troja de América. Mi mamá era la señora del servicio en la casa del vecino y mi padrastro trabajaba en una empresa en Yumbo. Ellos me ayudaban con los pasajes y siempre hubo comida en la casa. Me tocaba faltar a veces al colegio por practicar fútbol, hasta que tomamos la determinación de parar el estudio cuando cursaba octavo e irme a vivir a la casa hogar.

¿Con quiénes vivía allí?

Con Pablo Armero, Adrián Ramos, Carlos Rentería, Yovanny Arrechea. Todos de pueblo… Era una recocha total en la casa y eso hacía más fácil la estadía. Éramos muy alegres. Son recuerdos lindos en ese sitio que administraba doña Sol, quien siempre nos trató tan bien.

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¿Por qué empezó a jugar fútbol?

Mi familia ha sido futbolera. Tengo un tío, Manuel Valencia, que fue subcampeón de Libertadores con Cali (1999). Mi abuela y mi mamá se emocionaban al verlo jugar y yo quería que sintieran el mismo orgullo por mí. Fue de herencia, porque hasta Pablo Escobar, mi primo, también actuó en el Cali hace poco. Eso sí, todos somos muy defensivos. No ha llegado el habilidoso.

¿Usted no lo es ni para sacar jugando al equipo desde atrás?

Sí, claro. De hecho, comencé como delantero. Pero un día, en una selección Valle, fuimos a jugar un torneo y los volantes de marca se lesionaron. El técnico Juan Carlos Grueso preguntó que quién podía jugar en esa posición y yo levanté la mano. Lo hice bien. Luego debuté en esa posición como profesional (2004). Fue con el América del DT Alberto Suárez, en un juego contra Pereira. En ese momento añoré a Armero para que me sacara una sonrisa en medio de los nervios. Pero al final me fue bien, tanto que hasta anoté.

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¿No se arrepiente de la conversión?

No, éste es mi lugar. Como delantero es más complejo. Yo hago la marca hombre a hombre, hasta que el rival no dé más. Y al brasileño no le gusta marcar, sólo jugar, entonces me va muy bien acá.

¿Cuál es la imagen que tienen de nuestros futbolistas en Brasil?

Es muy buena, por el paso de El Tino, Freddy Rincón y Aristizábal. Somos muy apetecidos acá por la garra y el deseo de querer triunfar para salir adelante. Nos admiran la capacidad de lucha.

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¿Le parece injusto que no sea tenido en cuenta en la de mayores?

Sí, me parece. Hay cosas extracampo, que no tengo cómo probarlas. Un jugador que sale peleado con la federación es muy duro que vuelva a jugar en la selección de Colombia. Yo sí quiero estar en la de mayores, en la que estuve con Rueda, hasta que pasó lo de América (ver recuadro) y nunca más tuve la oportunidad.

¿Ha sido vetado?

No me gusta hablar de eso.

¿Cree que tiene un espacio en el nuevo ciclo de José Pékerman?

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No soy la salvación, pero tengo capacidades para ser llamado. Si está conformada por gente, con buena actualidad en sus clubes, ¿por qué yo no? Quiero tener la oportunidad, sólo pido eso. Y espero que me llamen a la selección lo más rápido posible.

¿Por qué no ha sido convocado?

Hace un año, el portero Julián Viáfara denunció que había sido vetado por los dirigentes del fútbol nacional y de la Colfútbol por reclamar sus derechos laborales cuando era jugador del América de Cali en 2006. En ese entonces, Viáfara y su compañero de club Edwin Valencia salieron del equipo escarlata porque no les pagaban los sueldos. A pesar de que Valencia ha sido figura en Brasil (con Atlético Paranaense y Fluminense) curiosamente nunca ha sido llamado a la selección. “Edwin Valencia y yo nos tuvimos que ir del país, porque nos cerraron las puertas y en la selección también”, le dijo en ese entonces Viáfara a Gol Caracol, en una entrevista en la que aludió al veto deportivo. El arquero denunció que los jugadores en Colombia “tenemos que callarnos y ver a las familias aguantar hambre, por eso muchos jugadores son rehenes”.

 

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