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La primera temporada de David Alonso en Moto2 terminó este domingo con un sabor agridulce. El colombiano cerró un año que, más allá del noveno puesto final en el campeonato, confirmó que su adaptación a la categoría intermedia avanza en la dirección correcta.
El salto desde Moto3 a Moto2 suele ser una transición difícil. No importa cuántas victorias o títulos acompañen al piloto en la categoría que deja a tras, porque la exigencia técnica y física cambia de raíz. Para Alonso no fue distinto. En 2024 se había convertido con holgura en campeón del mundo y llegaba a este 2025 con la expectativa de competir con máquinas más pesadas, veloces y demandantes.
Desde el primer día sabía que este año era uno de aprendizaje. La temporada comenzó en marzo, y el arranque dejó claro que adaptarse no sería tarea sencilla. En las primeras carreras, Alonso no pudo sumar puntos. Sin embargo, el aprendizaje del colombiano fue tomando forma con el paso de los meses. Aunque no tuvo regularidad, sí exhibió una línea de crecimiento sostenida.
Por momentos parecía que retrocedía, pero siempre encontraba la manera de recuperar sensaciones. Ese tránsito lento y exigente dio frutos en mayo, cuando logró su primer podio al ocupar el tercer lugar en el Gran Premio de Gran Bretaña. Fue el primer indicador de que su evolución empezaba a cuajar en resultados.
A partir de ese podio, Alonso comenzó a creerse que podía pelear de tú a tú con los mejores. El margen que lo separaba del grupo de punta se reducía. Su agresividad en carrera dejaba ver que tenía más confianza y control en su moto.
La verdadera consagración de su año llegó en agosto, cuando conquistó su mayor hito de la temporada, el Gran Premio de Hungría. En el Balaton Park Circuit tuvo una actuación que lo elevó de aprendiz a protagonista. No era solo un novato que quería adaptarse, también era uno decidido a dejar su huella.
Las próximas jornadas fueron de altibajos, pero encaró el tramo final del calendario con un nivel superior. En las últimas cuatro carreras sumó tres podios y se convirtió en un habitual en la pelea por entrar al top cinco cada domingo.

Su evolución a lo largo de la temporada demostró que para ser debutante había asumido una mayor madurez deportiva. Para entonces, el colombiano ya no era una sorpresa en la pelea por el frente, sino un candidato real a terminar entre los mejores del campeonato.
Sin embargo, el final de la temporada no fue el que Alonso esperaba. Llegaba al Gran Premio de Valencia instalado en la séptima posición de la clasificación mundial, pero la suerte le jugó en contra. Primero, una caída durante la clasificación lo obligó a iniciar desde atrás. Luego, en plena carrera, se vio involucrado indirectamente en un incidente provocado por otro piloto, lo que le hizo perder tiempo valioso.
Ese doble golpe lo relegó al puesto 18 en Valencia, un resultado que lo empujó finalmente al noveno lugar del campeonato con 157 puntos. Fue un cierre amargo para un piloto que venía en alza, pero también una prueba más de que en Moto2 cualquier detalle puede cambiar el destino de un fin de semana.
En paralelo a sus resultados individuales, Alonso también aportó al desempeño global de su equipo. El CFMoto Aspar Team terminó tercero en el campeonato de constructores, gracias al trabajo conjunto del colombiano y de su compañero Daniel Holgado.
En total, Alonso cerró su primer año en Moto2 con seis retiros, cinco podios y una victoria. Los abandonos hacen parte del aprendizaje en una categoría donde el límite está siempre a la vuelta de cada curva. Saber hasta dónde arriesgar y cuándo ceder es una lección que los pilotos aprenden a golpes. Pero esas caídas también enseñan, fortalecen y marcan el camino para lo que viene.
El campeón de Moto2 2025 fue el brasileño Diogo Moreira, del Italtrans Racing Team, quien ganó el título con 29 puntos de ventaja sobre el español Manuel González. La mejor escudería del año fue Fantic Racing, impulsada por la dupla del belga Barry Baltus y del español Áron Canet.
Pese a no terminar tan arriba como parecía posible en la recta final, la temporada de David Alonso, quien apenas tiene 19 años, dejó buenas sensaciones. Su ritmo mejoró y demostró que tiene tiene margen para crecer. Todavía tiene camino por recorrer en Moto2. Si algo mostró 2025 es que su evolución apunta en la dirección correcta.
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