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Desde hace menos de tres meses todos empezaron a hablar de Usain Bolt, cuando en Nueva York batió por dos centésimas la marca de su compatriota Asafa Powell y se proclamó como el hombre más veloz de la tierra, con 9,72 segundos en los 100 metros planos. Pero ese imponente logro lo tenía que ratificar en la Olimpiada, y lo hizo con autoridad. El pasado domingo superó su propia marca en el Estadio Olímpico de Pekín con 9,69s y ayer el Relámpago hizo honor a su apodo y volvió a hacer vibrar el Nido de Pájaro con su poderosa zancada. Ganó el oro en los 200 metros e impuso un nuevo récord mundial de 19,30 segundos, dos centésimas por debajo del récord que poseía el estadounidense Michael Johnson desde los Juegos de Atlanta 96, el mejor regalo de su cumpleaños 22 que hoy celebra lleno de gloria.
“Es muy grande. Estoy todavía conmocionado. Llevaba tanto tiempo aspirando al récord del mundo…”, dijo el velocista caribeño tras su exhibición en el Estadio Olímpico.
Su participación en la final de 100 metros lo erigió en héroe. Por eso, los 91.000 asistentes jaloneaban ayer con él y esperaban el nuevo récord. Su partida fue impecable y en medio de la curva ya le había tomado varios metros de ventaja al resto. Su recta final, con el motor de sus larguísimas piernas a pleno rendimiento, fue clamorosa.
El desgarbado Bolt nació en Trewlany, en la costa noroeste de Jamaica, el 21 de agosto de 1986, y con sus 1,95 de estatura comenzó a dar aviso de su talento cuando ganó el oro en los 200 metros en los Mundiales Juveniles de Sherbrooke (Quebec, Canadá) en el 2003 y un año después batió la plusmarca junior de dicha distancia con 19,93 segundos.
En el 2004 empezó a trabajar con el entrenador Glen Mills, famoso por llevar a Kim Collins al sorprendente título mundial de los 100m en París 2003 y con quien ha aprendido a correr la primera fase de la carrera, consciente de que a menudo las pruebas de velocidad se deciden no en la línea de meta, sino en la de salida.
Una lesión de rodilla le hizo fracasar en Atenas 2004, y en Helsinki 2005 solamente pudo ser octavo en la final de los 200m. En Osaka 2007 comenzó su resurrección con la plata en el doble hectómetro detrás de Tyson Gay y en el relevo. Por eso, en esta temporada, cuando nadie apostaba por Bolt en los 100 metros y muchos expertos consideraban que su constitución era mejor para los 400, el jamaiquino se coronó por todo lo alto. Ya igualó las gestas de Carl Lewis en Los Ángeles 84 y de Jesse Owens en Berlín 36, los únicos que habían ganado los 100 y los 200 metros en unos mismos Juegos, y nadie antes que él lo había hecho con récords mundiales en ambas pruebas.
“Nunca hubiera esperado esto. Sabía que era una pista rápida, pero no creí que esto fuera posible”, afirmó Bolt, quien agregó: “He trabajado duro para llegar a ser el campeón y ahora trabajaré más duro para seguir arriba”.
Michael Johnson, pese a anunciar su inminente adiós a su récord, no esperaba que Bolt fuera a batirlo en esta final. Reconocía que el joven prodigio ha mejorado mucho en la primera fase de la carrera, desde que se ha pasado este mismo año a los 100m, pero consideraba que aún tenía que pulir su técnica en la curva. Y además, Bolt estaba lejos con una marca personal de 19,67s, la que había impuesto el pasado 13 de julio.
“Bolt hizo la exhibición más impresionante que he visto en mi vida. Tiene una combinación letal de velocidad y zancada. Es una maravilla verlo en carrera”, dijo un asombrado Johnson.
“Tuve una buena salida y corrí en la curva tan rápido como fue posible. Una vez entré en la recta me dije: ‘Sigue, no mueras ahora’”, relató Bolt.
Los estudiosos del atletismo se afanan ya en calcular a qué extremos puede llegar este portento si se propusiera hacerse también con el récord mundial de 400m. Al fin y al cabo, la carrera de la vuelta a la pista no le es desconocida a Bolt, que tiene una estimable marca de 45,28, todavía lejos del récord mundial que aún le queda a Michael Johnson (43,18) desde los Mundiales de Sevilla 99.
La participación de Bolt en los Juegos de Pekín no se cierra aquí. El sábado buscará su tercera medalla de oro formando parte del cuarteto de relevos 4×100.
¿Envidia o verdad?
El imponente triunfo de Bolt en las pruebas de 100 y 200 metros en Pekín generó de inmediato la polémica reacción de sus rivales.
El corredor alemán Tobias Unger da por hecho que Bolt se dopa y dice que su victoria es “una gran tomadura de pelo”.
“En las carreras clasificatorias Bolt ni siquiera se molestó en entrar en calor. Llegó con su bañador y sus zapatillas, probó la salida y se hizo cien metros en 9,92 segundos. Para mí, todo esto es una gran tomadura de pelo”, dice el atleta alemán en una entrevista con la revista deportiva Sport Bild.
Unger, quien no logró pasar de la segunda ronda (10,36s), cree que uno de los mayores problemas de la lucha contra el dopaje lo constituye el hecho de que son pocos los países que tienen una Agencia Nacional Antidopaje.