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Si los tabloides británicos tienen fama de sensacionalistas, en buena parte se debe a que las celebridades ayudan a que lo sean y futbolistas famosos, con sus escándalos fuera de las canchas, siguen alimentando el morbo de la prensa rosa.
Ese es el caso del capitán de la selección inglesa y el Chelsea, John Terry, como el del brasileño Ronaldinho, quienes una vez más se han visto envueltos en actos que por más privados que sean, son cuestionados por los medios y la opinión pública en general, al considerar que atentan contra la ética moral y profesional.
El primero, que días atrás había señalado a los futbolistas extranjeros de la Premier de promover la trampa al intentar fingir faltas, “algo que ningún inglés haría” según sus propias palabras, podría perder hasta la franja en el combinado nacional, porque si de engaños se trata, él es el menos indicado en señalar, tras conocerse la relación extramatrimonial que sostuvo con una modelo que a su vez era la pareja de un compañero de selección, Wayne Bridge.
Ahora su futuro con Inglaterra está en manos del seleccionador Fabio Capello, quien decidirá si le sanciona o no. Caso contrario el de su homólogo brasileño, Dunga, al que muchos empezaban a presionar para que volviera a convocar a Ronaldinho, de cara al Mundial de Sudáfrica.
Ahora al DT auriverde nadie le cuestionará si deja al margen al mediocampista del AC Milan, luego de que a éste se le comprobara que junto a algunos amigos organizó tres noches de fiesta en un hotel, antes del clásico frente al Inter que perdieron los rossoneros 2-0 y en el que además el de Porto Alegre desperdició un penalti sobre el final de aquel juego en el San Siro.
Idolatrados en la cancha y cuestionados fuera de ella, Ronaldinho y Terry son apenas el reflejo de muchos que en plan de estrellas pierden el norte, o si no basta mirar hacia el D.F. de México, donde aún Salvador Cabañas juega el partido de su vida.