Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Pablo Gómez Borrero es el triatleta más joven que ha participado en un mundial de Medio Ironman, una exigente especialidad en la que los deportistas nadan 1.900 metros, transitan 90 kilómetros en bicicleta y finalmente corren 21 kilómetros.
“Realmente es una disciplina apasionante. Un enorme reto físico, pero sobre todo mental”, explica el bogotano, de 18 años, quien se enamoró de esa actividad mientras veía por televisión las transmisiones de los ironman en Hawai.
Antes jugaba al tenis, pero una lesión en un hombro lo obligó a cambiar de rumbo. Hoy, casi tres años después, sueña con volverse profesional en el ironman, una prueba poco difundida y apoyada. “El triatlón olímpico es de velocidad y es el más conocido y patrocinado. Este es de resistencia, de largo aliento”, señala Pablo, quien se formó en el equipo Goodwill Runners, liderado por Will Vargas, triatleta y entrenador personal.
El más joven del mundo
El ironman es una competencia que se realiza desde 1978, cuando el infante de marina estadounidense John Collins propuso combinar tres disciplinas ya existentes (natación, ciclismo y atletismo) para escoger al deportista más completo.
La exigencia física, sin embargo, no permite que jóvenes y niños lo practiquen, por lo que la entidad que lo rige, la World Triathlon Corporation (WTC), creó el Medio Ironman, conocido desde 2005 como 70,3.
“El único requisito para poder clasificar a un mundial es tener al menos 18 años. Apenas los cumplí, corrí el Rohto Ironman de Boulder, en Estados Unidos, y con mi sexto lugar logré cupo al Mundial de Lake, Nevada, en septiembre pasado, cuando finalicé 33 en mi categoría, con un tiempo de cinco horas, un minuto y 37 segundos”, cuenta Gómez, cuyos únicos patrocinadores en su carrera han sido sus padres, Mauricio y Marcela.
Ellos lo único que le han exigido es que combine el deporte con el estudio, circunstancia que lo obligó a emigrar a Norteamérica. “Buscamos opciones en Australia y Europa, pero en Texas encontramos la mejor. Ingresé al Austin Community College y me vinculé al equipo T3, dirigido por Maurice Culley, con el que haré toda la temporada 2012, comenzando en febrero con el Medio Ironman de Ciudad de Panamá”.
El sueño mayor
A diferencia de muchos deportistas colombianos, que aspiran a representar al país en eventos del ciclo olímpico y a que el Estado los ayude, Pablo lo que quiere es ayudar al deporte, “hacer que esta disciplina crezca y que los niños comiencen a practicarla”.
Claro, también sueña con ser profesional, paso que dará en tres o cuatro años, cuando su cuerpo esté maduro y haya finalizado los estudios. “Por ahora estoy trabajando con la Fundación Admira la Vida, del piloto Gustavo Yacamán, que tiene objetivos sociales y deportivos similares”.
Y para llegar algún día a vivir del triatlón, Pablo Gómez trabaja intensamente. Entrena al menos cinco horas diarias, divididas en dos sesiones, una de natación en la mañana y otra de ciclismo. También corre distancias largas dos veces por semana.
Vive solo en Estados Unidos, aunque gracias a la tecnología está siempre conectado con Colombia. “A veces da nostalgia, pero estoy haciendo lo que me gusta, en una ciudad y una cultura muy vinculadas al triatlón, así que vale la pena el esfuerzo”. Para él, cualquier sacrificio es válido con tal de convertirse en el hombre de hierro del deporte nacional.